Olmos en el soto Hontanares. Fotografía 1976. / JMS

De las cerca de cuarenta y cinco especies de olmo conocidas, dos eran las propias de estos pagos aunque ambas, Ulmus campestris y ulmus carpinifolia, como si de una sola se tratara presentaban el mismo comportamiento y las mismas señas de identidad: eran el árbol que moteaba de oscuro el verde tierno de las fresnedas y salcedas de los sotos, el que elevaba al viento el geométrico trazado de las lindes de los prados, el árbol atalaya al que llegaban las cigüeñas huérfanas de torre para en él hacer sus nidos, el que durante siglos fue plantado, solitario, en las plazas de pueblos y aldeas para que cobijara con su sombra la risa de los niños y las añoranzas de los viejos, el que los ilustrados del siglo XVIII llevaron en largas hileras a los bordes de los caminos…

Olmos del Paseo de los Tilos. / J.J. Bueno
Olmos del Paseo de los Tilos. / J.J. Bueno

Un árbol símbolo que supo de concejos reunidos al amparo de su copa protectora y el que, creciendo junto a los pórticos románicos, logró dar forma a uno de los dípticos más bellos y definidores de las tierras segovianas.

Fue, en fin, uno de los árboles más representativos de muchos paisajes de la áspera Castilla. Hoy, casi ha desaparecido.

Cuando los hombres de la Sociedad Económica de Amigos del País de Segovia quisieron reforestar la ciudad, un memorialista, Juan de Zamora Aguilar, les recomendó que plantaran olmos, y como aquí no los había, los trajeron de Villacastin e Ituero.

Y los pusieron en el Paseo de los Tilos, en el Paseo Nuevo, en el plantío de San Matías, en el Paseo de Santa Lucía, en el Camino de San Lorenzo, en la Cuesta de San Bartolomé…

Olmos frente a Santa Cruz. Fotografía de 1980. / JMS
Olmos frente a Santa Cruz. Fotografía de 1980. / JMS

De lo que hubo queda poco: un Ulmus campestris en lo que fue Paseo Nuevo y un Ulmus carpinifolia en el Paseo del Salón, unas pocas fotografías y el recuerdo de una pequeña aventura que pudo terminar mal para los árboles y para los aventureros aunque sólo acabó con los primeros arrancados de cuajo por máquinas poderosas y con un “por favor, vayanse a casa” dicho a los segundos por unos policías amables.

Olma del Paseo de Santa Lucía antes de la tala. / Foto Río
Olma del Paseo de Santa Lucía antes de la tala. / Foto Río

Ya el intento de talar una vieja olma en el Paseo de Santa Lucía había despertado un tímido malestar en la sociedad segoviana. Vino entonces la cuestión de que se estimaba necesario ensanchar la calle de San Juan, algo que impedía aquella gran olma. Pues a cortarla. La tala se hizo de noche, intervinieron en ella más de cuarenta personas y parece ser que se trató de hacer creer a la ciudadanía que los autores habían sido unos gamberros desconocidos. El que era Delegado Provincial de Bellas Artes, Luis Felipe de Peñalosa, elevó sus quejas, también tímidas, en una carta que publicó en El Adelantado de Segovia (8-III-1967):

Árboles, máquinas, policías... 7 Archivo JMS
Árboles, máquinas, policías… 7 Archivo JMS

“… El hermoso y secular olmo, desaparecido de manera tan fulminante, figuraba en el inventario de ejemplares notables realizado por la Dirección General de Bellas Artes… En cuanto al vandálico acto, ocurrido en la noche de ayer, es una más, aunque de mayor categoría, de la serie de gamberradas nocturnas que viene padeciendo nuestra ciudad desde hace algún tiempo, ante la pasividad de los encargados de la vigilancia. No hay duda de que se necesita un nivel cultural relativamente elevado para apreciar la pérdida que ha sufrido Segovia con la desaparición de uno de los más hermosos ejemplares de arbolado que la distingue entre todas las ciudades de Castilla. Es cuestión de sensibilidad y de formación ciudadana y a mejorar ese aspecto de nuestra vida comunitaria contribuye muy eficazmente el que estas cosas se manifiesten en la prensa, en su diversidad de opiniones. El árbol, es verdad, ya no existe, pero ha dado y seguirá dando que hablar. Y es conveniente que así sea”.

Como éste eran los cerca de cincuenta olmos que fueron talados. / JMS
Como éste eran los cerca de cincuenta olmos que fueron talados. / JMS

Para el Paseo Nuevo se presentaba idéntico panorama. El tráfico rodado de la ciudad se había multiplicado y era necesario agilizarlo y sacar del centro los vehículos pesados, lo que podría conseguirse, pensaban los técnicos, ensanchando y desdoblando la calzada, haciéndola de cuatro carriles y con ello lograr una “vía rápida”. Pero esta vez no se trataba de talar una olma sino de cincuenta, además de otros trescientos árboles de distintas especies que eran los que se habían ido plantando a lo largo de los años en aquel plácido paseo. Y los olmos eran los olmos que la Sociedad Económica de Amigos del País de Segovia había puesto doscientos años antes así que la medida encontró de nuevo oposición. Con alternativas, el tráfico pesado podía alejarse de la ciudad, la vía rápida podía hacerse con otro trazado —las Lastras, por ejemplo— y con una petición, que a los olmos se les permitiera vivir. Hubo cartas, telegramas, firmas, concentraciones, manifestaciones, incidentes, detenciones… En prensa, radio y televisión se hicieron todo tipo de comentarios, dando pormenorizada cuenta de cuanto sucedía. Se habló de protagonismos, de manejos, de intereses, de politización…

Último ejemplar de Ulmus campestris (en Segovia, Álamo negro), en el cruce del paseo Ezequiel González con Teniente Ochoa. / JMS
Último ejemplar de Ulmus campestris (en Segovia, Álamo negro), en el cruce del paseo Ezequiel González con Teniente Ochoa. / JMS

Nadie del poder hizo caso de aquello que por primera vez estaba ocurriendo en esta ciudad y, una noche, las máquinas llegaron al paseo. No había móviles entonces pero el teléfono estaba ya muy extendido así que rápidamente se estableció comunicación telefónica entre los partidarios de salvar los olmos, que acudieron en masa a donde las máquinas estaban llegando. Había que impedir que avanzaran y, cuando ya habían pasado y se encontraban en medio de la vía, que golpearan los árboles. ¿Las ideas? Que si abrazarnos a los troncos, que si atarnos a ellos con cadenas…
Se impuso la evidencia. Que contra la autoridad no se podía hacer nada. Y la policía invitó a los concurrentes a que regresaran a sus casas. Así se hizo, las máquinas y quienes las manejaban cumplieron con su trabajo y a la mañana siguiente casi todos los olmos habían sido abatidos. El espectáculo que se podía contemplar era desolador.

Unos años después, los que no cayeron derribados por las máquinas perecieron a causa de la grafiosis. Quedaron dos, uno junto al kiosko de los Jardinillos de San Roque, que también fue talado, y el que aún perdura, en una de las bocacalles de acceso al barrio de San Millán. Es una reliquia de doscientos años de historia, que vuelve a verse amenazada y por el que clama otra carta, ésta firmada por Concepción Domínguez, que la envió para su publicación a El Adelantado de Segovia (5-VIII-2023). Comenzaba recordando el desastre del arbolado del Paseo Nuevo ocurrido en 1979: “A pesar de la oposición, la tala fue feroz y de estos hermosos árboles sólo quedó el recuerdo y uno de muestra, el que se encuentra en la calle Ezequiel González esquina Teniente Ochoa.

Último ejemplar de Ulmus carpinifolia (en Segovia negrillo) en El Salón. / JMS
Último ejemplar de Ulmus carpinifolia (en Segovia negrillo) en El Salón. / JMS

Es un hermoso OLMO, (Ulmus campestris), que no sólo escapó a la tala sino también a la posterior plaga de Grafiosis Agresiva que acabó con la mayoría de los ejemplares de esta especie en Segovia, su provincia y en gran parte del país. Precisamente ahora, alrededor de este OLMO está llevando a cabo el Ayuntamiento obras en la vía pública que constituyen un posible peligro para este superviviente. Desde aquí quiero llamar la atención y unirme a la inquietud de proteger este ejemplar que merecería ser declarado SINGULAR y, al menos, un pequeño cartel informativo, poniendo el mayor cuidado en asegurarse de que estas obras no lo perjudiquen”.
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Supernumerario de San Quirce
porunasegoviamasverde.wordpress.com