En hebreo, el significado del Abigaíl es ‘alegria del padre’, y sin duda para Josué Bernabé y su esposa Débora Cascón, un joven matrimonio residente en Garcillán, la llegada de su cuarto hijo, una niña que recibirá el citado nombre, ha supuesto una ventana para la esperanza en un tiempo difícil.

A primera hora de la mañana del pasado lunes, con una semana cumplida de confinamiento por el estado de alerta y en medio del caos que la atención a los enfermos de coronavirus ha supuesto para el sistema sanitario, la joven pareja se trasladaba hasta el Hospital General ante la inminente llegada al mundo de su hija. “La verdad es que fuimos muy apretados –explica el feliz padre- y de hecho estuvo a punto de dar a luz en la silla de ruedas que le trasladaba al departamento de ginecología”.

Poco después de las ocho de la mañana, Abigaíl venía al mundo en perfectas condiciones y con un peso de 3,325 kilos, y la fortaleza de la madre ha permitido una rápida recuperación que motivó el alta hospitalaria en la mañana de ayer miércoles.

Durante los casi tres días que han permanecido en el complejo hospitalario, la atención ha sido “muy buena” por parte de los profesionales de la unidad, “como si no hubiera ningún problema”, aunque con las lógicas y rigurosas medidas de protección para evitar contagios.

Conscientes del problema, y al coincidir la posible fecha del parto con el confinamiento, la pareja decidió recurrir a un familiar directo para que pudiera hacerse cargo de los otros tres hermanos de Abigaíl durante el tiempo de convalecencia, que llegó a su domicilio días antes de que se declarara el estado de alarma y la orden de confinamiento en los hogares.

Ahora serán ellos dos quienes vuelvan con el resto de su familia hasta su domicilio en Garcillán, donde aprovecharán el tiempo de confinamiento para “disfrutar de la pequeña y atender al resto de la familia”, según explicó Josué.

La alegría por el nacimiento se ve un poco mitigada por la imposibilidad de recibir visitas de familiares, dadas las actuales circunstancias, pero el feliz padre es optimista y asegura que “ya habrá tiempo para poder disfrutar todos juntos de esta alegría, porque lo importante es que esto pase pronto y con bien”.

De cara al futuro, el matrimonio afronta con la lógica incertidumbre lo que pueda acontecer tras el fin de la pandemia. Débora está en el paro y el taller mecánico en el que trabaja Josué ha cerrado provisionalmente hasta el fin de la alarma, pero ambos confían en que la ‘alegría del padre’ cumpla con el dicho popular de que llegue al hogar con un pan debajo del brazo. n