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Del pesimismo a la incredulidad. Juan Daniel Zuloaga Khoyan, hijo del ceramista y pintor Daniel Zuloaga Olalla ha vivido un carrusel de sensaciones desde que el pasado 28 de junio se enteró  de la desaparición de la lápida de la tumba de su padre en el Cementerio Municipal, una hermosa placa cerámica que representa la escena evangélica del descendimiento de Cristo en la cruz, un panel de azulejos de loza blanca de la década de 1910, decorado en bajo-baño y con lustres-reflejos metálicos a tercer fuego.

Aquel día, mostraba su absoluto desánimo sobre la posibilidad de que la pieza pudiera recuperarse algún día, pensando en que hubiera ido a parar a algún circuito clandestino de venta de piezas de arte, o que, en el peor de los casos, hubiera sido destruida o vendida en piezas.

Pero la fortuna, la casualidad o bien el miedo han revertido la situación hacia un final feliz, ya que el pasado lunes, un operario del cementerio hallaba abandonada en la puerta de la capilla la hermosa obra de artesanía, envuelta en trapos y con una nota manuscrita con la frase “para el cura del cementerio”,  una puesta en escena digna de un relato policiaco o de misterio.

Tras  su análisis por parte de la Policía en busca de evidencias y huellas, la lápida fue ayer devuelta ya a Juan Daniel Zuloaga, que expresaba su alivio por recuperar  esta pieza cuyo valor va más allá del artístico o crematístico al adornar el nicho en el que descansan los restos mortales de su padre.

Zuloaga Khoyan se muestra sorprendido por haber encontrado la lápida en un buen estado de conservación, sin que se aprecien daños relacionados con su extracción y posterior traslado tras el robo. “Hay algunos pequeños saltos en los azulejos de las esquinas, pero pueden ser fruto de que la pieza tiene casi 100 años y puede deteriorarse con el tiempo –explica- pero en líneas generales la pieza está en un estado casi perfecto”.

Lamentó, eso si, la desaparición de la puerta de hierro forjado que rodeaba todo el nicho, que obligará a reemplazarla por un elemento similar ya que “no puedo dejar el panel cerámico al aire libre en el nicho sin una protección”.

En cuanto a las circunstancias del robo, Zuloaga Khoyan sospecha de que la acción delictiva pudiera haber sido cometida por encargo de terceras personas, aunque la repercusión mediática  de este robo haya obligado a retractarse a sus autores y decidir su devolución. “Es todo muy extraño, muy raro”, asegura Juan Daniel, que reconoce que el giro inesperado en los acontecimientos le ha sorprendido.

La intención de la familia es volver a reponer la lápida en el nicho situado en el patio 1 del cementerio municipal “este mismo verano”, aunque habrá que esperar a contar con un cerramiento similar al que existía para garantizar su mantenimiento y su seguridad.