Vecinos levantando el mayo en Zarzuela del Pinar. / E.A.
Vecinos levantando el mayo en Zarzuela del Pinar. / E.A.

Un año más, Zarzuela del Pinar levantó su mayo. Como siempre, la fuerza de los hijos del pueblo aupó el altísimo pino, sin necesidad de recurrir a máquinas. El rito, pues, mantiene su esencia, si bien las circunstancias que lo rodean han ido variando, y de forma considerable, en los últimos años.

Los de mayor edad del lugar recuerdan cuando, siendo quintos, marchaban a buscar un hermoso pino negral, que caía mortalmente herido por el hacha. Tras su desrame, se colocaba en un carro, del que tiraban con sogas los mozos. Pues bien, toda esa parte del proceso ha cambiado radicalmente. De hecho, aunque de forma popular se siga diciendo ahora que la del mayo es “la fiesta de los quintos”, lo cierto es que el papel de este colectivo ha ido perdiendo importancia. La subida del mayo no es ya una tarea exclusiva de los quintos.

“Hoy en día todo el mundo echa una mano”, reconoce el alcalde, Nicolás Ortega. En tal cambio influye, entre otros factores, el de la despoblación campante. Este año, en Zarzuela del Pinar hay 12 quintos, de los que solamente uno reside en el pueblo. Así que resulta obligado, para la pervivencia de esta práctica, que otros grupos colaboren.

Tradicionalmente, el mayo se ponía el primer día de ese mes, al amanecer. Ahora, la fecha elegida es el sábado más cercano al nacimiento del quinto mes del año; y, en cuanto a la hora, en 2017 se optó por levantarlo a primera hora de la madrugada, para que así acudiera más gente y posibilitar que los jóvenes pudieran seguir con la jarana después.

Este año, la subida del mayo estaba prevista a las 00,30 horas. Se retrasó, y poco después de la una se lanzaron los tres cohetes anunciadores. Y comenzó. Con la ayuda de tres tijeras de madera, que ejercían de cuña, y de sogas, el pino fue subiendo metros. Las maderas rozaban entre sí y chirriaban. Y se escuchaba repetidamente un grito: “¡arriba!, ¡arriba!”. Después del esfuerzo, el pino quedó clavado en un agujero realizado en el suelo. Una última soga colocada en lo alto del mayo contribuyó a que alcanzara total verticalidad. El rito había concluido, pero la fiesta no.

Las madres de los quintos repartieron a los presentes —entre los que había numerosos vecinos de pueblos colindantes—, chocolate con bizcochos. Y los jóvenes, cumplida su labor, marcharon a divertirse a la discoteca y los bares. Eso sí, su función continuará el día de la Cruz, en la festividad religiosa, pues deberán acudir a la misa y la posterior procesión.

La subida del árbol mayo sigue, por tanto, viva en Zarzuela del Pinar. Y eso hecho debe ser resaltado, pues el origen del rito se remonta a la noche de los tiempos. Por recordar un ejemplo, las Ordenanzas de la Comunidad de Villa y Tierra de Cuéllar, de 1499, hablan de la costumbre de “pingar” o plantar un tronco de árbol de formidables proporciones en el centro de los pueblos: “e por que en esta villa e su tierra tienen costumbre, los moços que son por casar, el primero dia de mayo de poner un alamo en cada Concejo, e en la villa, en las colaciones. Ordenamos que por tal alamo que asi cortaren los moços no incurran en pena alguna puesto que lo cortan sin voluntad de su dueño”.

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