Procesión del Niño de la Bola 6 de enero 2020
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Apenas acaba de comenzar el año y ya ha pasado la última ocasión de vivir un acontecimiento en Cuéllar: la última oportunidad de ver al Niño Jesús de la Bola procesionando por las calles de la localidad. Como hizo el día 1 del año, acortando la sobremesa de los devotos, ayer se cumplió el rito de nuevo, en el día de Reyes, con más emoción si cabe al saber que hasta 2021 no volverán a oírse jotas en su honor.

Puntuales a las 17.00 horas, los cofrades asistieron a la iglesia de San Miguel a escuchar cómo el sacerdote, iniciaba este acto con unas palabras y un villancico, al igual que hizo el día 1. Seguidamente, el Mayordomo de 2019 y el de este año, Juan Pablo de Benito, cogieron la imagen en andas para salir del templo. La salida, siempre especial, la marcan las primeras jotas interpretadas por los hermanos Ramos, y las danzas de aquellos que van a honrar al Niño bailando desde el primero al último minuto. Solo basta apretarse las castañuelas a las manos, coger posición y empezar a danzar al son de dulzainas, tamboriles y tejoletas. Vuelven a ser las protagonistas: un instrumento castellano que se convierte en símbolo de esta procesión y de la tradición más arraigada de Cuéllar, con la que además continúan los más pequeños gracias al empeño de la Cofradía y sus talleres de tejoletas y villancicos.

Así, entre “entradillas” y melodías de danza, la imagen ascendió por la calle El Colegio, donde se siguieron uniendo danzantes y público. El aumento de asistentes es incesante y, puede que al ser esta la última ocasión del año, provoque más cantidad de público en la procesión del día 6. No obstante, los devotos, cofrades, y muchos vecinos cuellaranos asisten fielmente a su cita con el Niño Jesús de la Bola sin importar qué día del calendario es.

La iglesia de San Esteban volvió a ser el punto de inflexión de la procesión. Su ascenso por la escalinata es otro símbolo, hasta que entra en el templo y reúne a los fieles para cantar villancicos. Resonaron las tejoletas y los cánticos dentro de la sede de la imagen para efectuar su salida, a la que asisten otras tantas decenas de vecinos. Con los últimos rayos de sol en el horizonte y la sierra al fondo, salió la imagen de San Esteban para emprender el camino de retorno a San Miguel. Esta segunda parte volvió a ser la más concurrida: decenas de danzantes se colocaron en hilera frente a la imagen para honrarle y seguir el ritmo al son de las jotas, brazos en alto.

Llegaron al punto que muchos consideran el más bonito: la calle La Morería. Su estrechez une a los danzantes y hace que la muchedumbre parezca aún mayor dadas las dimensiones de la calle. En su margen izquierdo, el público se coloca como puede mientras desde lo alto de la calle va descendiendo lentamente la imagen del Niño Jesús de la Bola. Muchos lo esperan a las puertas del Ayuntamiento y en la Plaza Mayor, donde volvió a hacer una entrada triunfal y las danzas se alargaron aún más. Ya a la puerta de la iglesia, los fieles apuran las últimas danzas, se resisten a que comience al espera hasta volver a verlo salir, pues ha de pasar un año.

Portado por un orgulloso mayordomo, el Niño Jesús de la Bola volvió al templo de San Miguel, que durante más de dos horas no dejó de oír vítores. Así comienza ya la espera, esta vez, 360 días hasta volver a oír ¡Viva el Niño de la Bola!