Un grupo de narradoras abrió el festival oral del El Espinar. /JOSÉ REDONDO
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El pasado martes 4 de agosto arrancó la vigésima edición del Festival de Narradores Orales de El Espinar con el grupo ‘Viajando entre palabras’, sin duda, la apuesta más arriesgada de esta edición. La narración oral es un arte extenso, variado en recursos, materiales y planteamientos, por lo que es difícil mostrar en un festival tan corto como el de El Espinar todas las tendencias que coexisten. Con todo, la primera sesión se dedicó a la narración grupal, entendida como espectáculo escénico, lo que llevó al escenario a seis de las componentes del grupo ‘Viajando entre palabras’: Ana, Alicia, Elena, Pilar, Pura y Teresa, quienes se fueron dando la palabra con versos y bromas para contar cuentos y cantar algún fragmento de canción (adaptado o no). Los materiales utilizados eran cuentos tradicionales, de autor –aunque no citaron a los autores, lo cual es un olvido imperdonable– y una adaptación (¿de quién?) medio teatral de la historia de ‘Lisístrata’.

‘Viajando entre palabras’ parece un grupo que está intentando dar el salto al circuito profesional de Narración Oral y si esto es así todavía tiene que pulir varios aspectos. Inevitablemente, siendo tantas componentes el nivel es irregular, habiendo personas que dominan muy bien la expresión corporal y los cambios de ritmo, mientras que otras cuentan todo el tiempo en el mismo tono y moviéndose, parece, por causa de los nervios. Pero hay un problema general: ¿cómo estructurar la sesión? Deben decidir si apuestan por un espectáculo teatral o por una contada de narración oral bajo la apariencia de, por ejemplo, una charla entre amigas, vecinas, conocidas que daría mucho juego para establecer complicidades con el público y no solo entre ellas. Si se decide contar hay muchas maneras de cederse la palabra, o mejor aún, de robársela entre ellas; si se decide contar hay que olvidarse de trastos (sombreros de quita y pon, túnicas y copas) que solo hacen perder tiempo en una actuación que para ser narración se hace un poco larga.

Con todo, el público, ávido de olvidar un rato la “nueva normalidad” (pese a las mascarillas y los agrupamientos de sillas por familias) fue muy benevolente y siguió bastante el juego a ‘Viajando entre palabras’, especialmente en el caso de la sesión infantil, dedicada en su totalidad a los textos de Gianni Rodari –cuyo centenario se celebra en octubre– que estaba mejor trabada y estructurada.

Es de suponer, que, dadas las condiciones de este verano, no habrá sido fácil sacar adelante la redonda vigésima edición de este festival: la logística se complica, la duda dificulta la confirmación de las actuaciones, la mascarilla rompe la comunicación fluida entre narradores y público y el miedo circula por el aire con soltura y daño cual virus. Pero teniendo en cuenta la trayectoria del festival (¡veinte ediciones!) y la importancia de lo que implica (¡aprender a escuchar a los otros y reflexionar sobre ello!) es importante apostar por un festival más largo, con narradores experimentados de diversos acentos y procedencias.

Hoy el festival continúa con una de las grandes voces de Castilla y León: el zamorano José Luis Gutiérrez, más conocido como ‘Guti’, pieza indispensable para mantener viva la tradición oral de la Sierra de la Culebra y para reconciliarnos con las viejas historias que quedaron en los pueblos y que han ido desapareciendo, tanto de nuestra geografía como de nuestra memoria, sin que tan siquiera las hayamos echado de menos. Esta noche es un buen momento para saber de qué palabras e historias venimos y para disfrutar con lo que han disfrutado otros durante siglos al amor de la lumbre.