Pablo y Elisa junto a Hojalata en su aventura, que puede seguirse en redes a través de @historiasdehojalata./ el adelantado
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Mientras miles de personas continúan con su rutina en la provincia, un cuellarano y una vallisoletana decidieron hace casi un año apartarla durante un tiempo para viajar. Pablo, natural de la villa, mecánico en el taller familiar, y Elisa, odontóloga, hicieron caso a sus ganas de realizar un viaje diferente y más largo de lo habitual, y con un poco de valor y mucha ilusión, satisficieron sus ansias.

En noviembre se cumplirán doce meses desde que se embarcaron en la experiencia que ahora marca sus días; familia y amigos les mostraron todo su apoyo en esta singular aventura que requirió mucha planificación, ya que además de ellos viajaría su casa: su furgoneta, Hojalata. Aludiendo a esos juguetes viejos de hojalata, “su viejo juguete” es ahora su hogar con ruedas. Comenzaron su viaje en Montevideo y ahora, desde Popayán, Colombia, hacen recuento de unos 30.200 kilómetros  y esos doce meses a la espalda. Al comienzo del viaje, su idea era llegar a Ushuaia y continuar hacia el norte, sin planes de dónde finalizar, algo que permanece. Y es que aunque sí plantean una mínima ruta antes de trasladarse a su siguiente destino, el día a día es quien marca el ritmo y los lugares que visitar. Al principio, confiesan, comprobaron lo distinto que era este viaje de cualquier otro; “nos costó encontrar nuestro propio ritmo”, reconocen, y recuerdan que en sus dos primeros meses viajaron más rápido que los siguientes.

No obstante, lo que más está enriqueciendo su travesía son las experiencias compartidas con otros viajeros y gente autóctona; así se dejan llevar cada día. Aseguran que aunque están viendo lugares increíbles que hasta ahora solo contemplaban en fotos o vídeos, lo que más les marca son las personas: “encuentras gente generosa en cada lugar, dispuesta a ayudarte en lo que puedan”, confiesan. Así se puede comprobar en sus redes sociales, cada día con más seguidores, como en Facebook o Instagram (@historiasdehojalata). Todas sus vivencias las comparten con ellos, a los que transportan a su viaje también; así se lo hacen llegar en comentarios, algo que los mantiene en contacto con los que les esperan cuando decidan volver.

Y aunque realizar este viaje es algo intrépido en todas sus formas, lo es más a bordo de Hojalata, su furgoneta adaptada como hogar. Esa “van life” les ofrece un sinfín de posibilidades de movilidad pero, a veces, también se complica. Sin embargo, Pablo y Elisa ya estaban familiarizados con la vida en furgoneta, ya que se movían a la montaña con ella por España; claro que no “es lo mismo dos semanas que vivir siempre en ella”, comentan. Pero lo que se percibe en sus fotos y en sus palabras es que se encuentran a gusto en ella, y aunque no cuenta con las mismas comodidades, “si algo no lo tienes, siempre alguien te ayuda”.

En estos más de 30.000 kilómetros de viaje han podido ver lugares tan destacados como las cataratas de Iguazú, el glaciar Perito Moreno, Los Siete Lagos, el desierto de Atacama, el Salar de Uyuni o la carretera Austral. A pesar de paisajes únicos, también han vivido indirectamente las protestas de Ecuador. Les pilló en la costa y aunque no lo notaron apenas, sí siguieron con interés los conflictos en las ciudades más grandes, como Quito. Sus deseos de que se solucionaran los disturbios se cumplieron, y así se normalizaron también sus rutas.

Empezaron sufragando los gastos de su viaje con ahorros, pero las oportunidades siguen surgiendo. Comenzaron a hacer artesanías con macramé, piedras o metal, y además hacen fotografías y vídeos a restaurantes y hoteles de las zonas por las que se mueven, con la idea de tocar lo menos posible esos ahorros.

EL CAMBIO CLIMÁTICO, TAMBIÉN EN SUDAMÉRICA

 Estando a la otra punta del mundo, Pablo y Elisa están comprobando que el cambio climático es real, sobre todo por los testimonios de los autóctonos. Les cuentan cómo están cambiando las temperaturas, las lluvias, cómo retroceden los glaciares y cómo el mar gana terreno a los pueblos en la costa. Ellos, desde su furgoneta, procuran contribuir a un planeta con menos plástico, y confirman que es cuestión de “querer cambiar los hábitos, en una furgoneta o en un piso”. Aunque no siempre encuentran dónde comprar a granel o alternativas ecológicas, reiteran que “todos podemos contribuir a crear conciencia, hacer algo para cambiar poco a poco”.

Así que prosigue el viaje en Hojalata, con muchas experiencias que vivir y muchos buenos deseos desde tierras segovianas.