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Vieja cartela realizada en argamasa que anuncia la Entrada al Fielato. / A. PINELA

Las calles de un pueblo a veces pasan desapercibidas por su rutina y más en estos tiempos en los que reina la monotonía de los días provocada por la pandemia. Pero muchas de esas calles, que cuentan con edificios antiguos, pajares o casas deshabitadas, conservan la huella del tiempo y la propia historia de los municipios.

Es el caso de una vieja cartela, adosada en argamasa y medio difusa sobre un viejo pajar de la calle El Sol en Valseca. Pese a ello, se llega a entender su roturación: Entrada al Fielato.

Por su orientación, junto al Camino de Los Huertos, anunciaba la prestación de dicho servicio en la Casa Consistorial, situada a tan solo unos metros de dicha entrada.

El Fielato era un servicio e impuesto municipal que se cobraba a todos aquellos vendedores que acudían al pueblo a ofrecer por lo general sus alimentos o mercancías a la población.
A través del mismo, se revisaba el estado y contenido de las mercancías a la venta, para observar si estaban en buen estado y a la vez recaudar un arbitrio que al propio ayuntamiento le vendría muy bien.

Este impuesto pudo desaparecer en los años 50 del siglo pasado. En una época en la que el mundo del transporte y de la automoción, así como las carreteras públicas, no eran tan frecuentadas, se procuraba vigilar la entrada de los vendedores, en carros, carretas, o caballerías, que accedían al casco urbano por los diferentes caminos, atendiendo la salubridad y sanidad de los productos, así como su procedencia.

Muy cerca de la población valsequeña, encontramos un buen testigo de lo que fue este servicio, en el arrabal segoviano de San Marcos, en el edificio de lo que hoy es sede de la Asociación de vecinos del barrio, precisamente en la plaza del Fielato. Toda una referencia histórica de lo que significaron estos servicios.