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Ana Gómez estudia el último año del Grado Superior de Dirección de cocina y gastronomía. / E.A.

Es su momento de desconexión. Entre esas cuatro paredes, alcanza la cúspide de su felicidad. Se centra en lo que hace. Se olvida del resto. Pero hay algo que le alegra aún más: ver disfrutar a la gente con sus creaciones. Cuando cocina, Ana Gómez pone el foco en sus comensales. Y en que estos descubran lo que mejor sabe hacer. No tiene una receta estrella. Le gusta innovar. De ahí que se haya decantado por la alta cocina, un campo aún por explorar. Sabe que todavía le queda mucho camino por recorrer. Esto no le preocupa: seguirá cocinando su carrera a fuego lento.

Duda en la respuesta cuando le preguntan cuál es la clave que distingue a la alta cocina de la tradicional. “Lo que marca la diferencia es cómo lo hagas tú”, asegura. Puede seguir la misma receta que un compañero. Pero el plato nunca será igual. No se trata de “qué”. Sino de “cómo” y “con qué”.

Es consciente de que la alta cocina no es accesible a toda la población. Aún no se ha popularizado. “Está más pensada para la clase media o alta”, explica. No es esto lo que le atrajo de este tipo de cocina. Es su “perfección”. La utilización de productos “selectos”. Y las técnicas que conlleva cada elaboración.

Gómez es de una provincia con una cultura gastronómica que traspasa fronteras. Ahora estudia en Valladolid. Cada vez que oye hablar del cochinillo o de algún producto típico de su tierra, le invade el orgullo. Presume de la cocina de Segovia allá donde va.

Es de esas personas curiosas. En su entorno no hay nadie que tenga algún vínculo con la hostelería. Era apenas una niña, pero ya se ponía vídeos de cocina de Internet. Intentaba memorizar las recetas. Le gustaba ver qué hacía su madre. Conforme fue creciendo, pasó a la siguiente fase: empezó a practicar en su casa. En sus ratos libres, “inventaba” en la cocina. Y así fue germinando su gran pasión.

Cuando llegó el momento de tomar una decisión, no se lo pensó. Tenía claro que debía adentrarse “de lleno” en este mundo. Con 16 años, se matriculó en el Grado Medio de la Escuela de Profesionales Alcazarén de Valladolid. Ahora cursa el último año del Grado Superior de Dirección de cocina y gastronomía. Sueña con dirigir su propio equipo de cocina. Por el momento, se quedará en Valladolid para seguir aprendiendo. Después buscará “expandirse”.

Hace años que se puso el delantal. Pero, en todo este tiempo, hay algo que no ha cambiado: sigue tomándose su profesión como un juego. Gómez está en constante aprendizaje. Ha sido seleccionada para participar en la décima edición del premio ‘Promesas de la alta cocina’, organizado por Le Cordon Bleu Madrid. Esto le “motiva”. Aunque el proceso de preparación para pasar a la siguiente fase (se resolverá el 3 de marzo), no es sencillo: tendrá que grabar un vídeo preparando una receta. Sabe que es complicado hacerse con el primer puesto de este prestigioso certamen (dotado con una beca de estudios valorada en más de 23.000 euros). Dará “lo mejor de sí misma”.

Cada vez es mayor la presencia femenina en las cocinas de los grandes restaurantes. Esto lo considera un logro. El número de mujeres chefs que ostentan Estrellas Michelín ha pasado de 10 a 24 en la selección de 2021. Le parece insuficiente. Quién sabe si, en un futuro, su nombre aparecerá en esa lista. Mientras tanto, seguirá aprendiendo entre fogones.