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Natural de Sergio Rodríguez en la final del circuito de novilladas con picadores de Castilla y León, celebrada en la plaza de toros de El Espinar. / @CIRCUITOCYL

La quinta ola vuelve a sumar más resticciones. La incidencia acumulada está disparada, pero es verano y parece que no se puede poner otro nivel que no sea el ‘uno’. No se puede ni echar un baile en los ‘chill out’ de moda. Tampoco en las bodas. Según apuntó esta semana el vicepresidente de la Junta de Castilla y León, Francisco Igea, como mucho se puede el vals nupcial de los novios. Algo así le pasó al abulense Sergio Rodríguez en la final del circuito de novilladas con picadores, que a base de entrega placó cualquier reacción de los rivales, pero pinchó el triunfo con la espada. Un vals en tiempos de Covid-19. No suma ni cinco novilladas y su debut en el escalafón mediano fue llegar y heredar el ‘4’ de Sergio Ramos. Un nombre a tener en cuenta con los del castoreño de forma seria y no con el típico y cansino apelativo de “apetece muchísimo”. El ganador del ciclo fue Manuel Diosleguarde, pero la tarde fue de Rodríguez.

Hubo algo así como media entrada, público comprometido pero que en términos numéricos posiblemente resultó menor al de la final sin picadores del año pasado que acogió el Cantalejo, fruto del bucle en el que entró el serial con el calco de carteles y un formato para analizar. La repetición de nombres en el circuito no salió del ‘más de lo mismo’. Las combinaciones recordaron a la vuelta de Óscar López a la primera plana del PSOE: como si pegar un fichaje ‘bis’ en el álbum de cromos no fuera una opción. Eso y la de kilómetros previos que tuvieron que hacer los chavales para vender las novilladas con fotos en la que el único cambio era el del alcalde de turno.

Grande, para seguir mejorando

Abrió la tarde un novillo de José  Escolar, alto para el encaste pero en la línea de la ganadería, bien presentado y pronto de embestida, que valió para que el aficionado purista colocara ya el cartel del “nadie se ha aburrido” que suelen poner para ponderar a los ‘grises’. Como si la gente a los toros fuera a aburrirse…

Dispuesto estuvo Antonio Grande, que anda con la confianza de tener ya un importante bagaje en el escalafón con picadores y con el reconocimiento del público, sobre todo del salmantino, aunque quizás, ante la falta de novilladas, sea un nombre que está ahí arriba ante la carencia de rivales. Cobró una estocada con fuerza y cortó la primera oreja de la tarde, de un novillo que posibilitó juego, con su punto de exigencia pero sin excesiva dificultad para haber tenido mayor conjunción.

Salió acelerado el cuarto del hierro charro como si tuviera prisa por buscar sitio en la playa del Cura de Torrevieja.  Distraído de salida, desarrolló ciertas complicaciones, que no dieron rédito a una ‘actuación ganadora’ para la final. Molestó el aire y a las ganas de Grande le faltaron mayor dominio. Un partido de curling tenía más emoción. Fue un ‘grandes éxitos’ de un verano sin canción de George Dann: un popurrí de pases sin repercusión. La lidia pidió más agilidad de cabeza y fue un trance que le debe servir para seguir creciendo.

Firmeza con el ‘bis’ de escolar

Diosleguarde es ese novillero que sabe que hay que ‘estar en novillero’ cada tarde. Que arrea cuando la situación lo reclama y que intenta mejorar en las formas para crecer. Se encontró con un utrero de Pedraza de Yeltes, con el punto de Aldeanueva. Entró dos veces en el caballo con son de bravo y repitió en los vuelos de la muleta del salmantino. En la expedición olímpica seguro que hubiera tenido sitio. Enrazado el novillero, cumplió con alta nota y paseó un trofeo con los únicos ‘peros’ de ajustarse un poco más los pases y la colocación de la estocada.

Brusco en el caballo fue el quinto de Escolar, que tuvo que ser devuelto por un ’sobrero’ del mismo hierro: serio, astifino y con pasaporte de ‘toro’. El más difícil de la tarde. Un novillo mirón con el que Diosleguarde tuvo que tragar y estuvo asentado por momentos. Fue un astado, que tuvo genio, lo justo para que algunos  se excusaran para adular una vez más al ganadero poniendo un ‘don’ -a poder ser con mayúscula- por delante.

Ávila tiene novillero

El tercero, de la divisa de Yeltes, salió e hizo lo que quiso en el ruedo. Como si fuera Jeff Bezos. Sin embargo, cumplió en varas después de que Rodríguez pusiera en liza el arrojo que le acompañó durante toda la faena. De rodillas inició el tercio de muleta y se levantó para ir sacándolo a los medios. De cerca se lo pasó y derrochó una valor seco para firmar la actuación más firme hasta el ecuador. El fallo a espadas fue la resta de dos orejas y todo quedó en ovación.

Algo parecido pasó con el que cerró tarde, un complicado novillo de Escolar, en la línea de Santa Coloma, con el que Rodríguez volvió a ofrecer una alta dimensión, que todavía puede alcanzar cotas mayores. No era fácil y no culminó la actuación con los aceros, pero la actitud fue la que demanda el aficionado cuando va a una novillada. No fue el triunfador del circuito, pero para muchos fue el que se llevó la tarde de la final.

La ficha

Plaza de toros de El Espinar. Final del circuito de novilladas con picadores de Castilla y León. Tres cuartos de aforo. Novillos-toros de José Escolar (primero, quinto, quinto bis y sexto) y Pedraza de Yeltes (segundo, tercero y cuarto). Bien presentados y de juego desigual; destacó el segundo, por su bravura.

Antonio Grande, oreja y palmas con  aviso.
Manuel Diosleguarde, oreja y oreja.
Sergio Rodríguez, ovación y ovación.

El ganador del circuito fue Manuel Diosleguarde, según el jurado.