Un novillo rezagado hizo temblar a los espectadores de ‘el Embudo’

El último encierro de 2012 resultó peligroso y acabó con cuatro heridos, todos ellos fuera del recorrido urbano.

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Cuéllar vivió ayer, último día de sus fiestas en honor a Nuestra Señora del Rosario, otro encierro peligroso, con enormes sustos en la zona de ‘el Embudo’, donde se desarrolló la escena más llamativa.

En una mañana muy fresca, las reses de la ganadería de Hermanos Revesado Pernas, de Vitigudino (Salamanca), salieron rápidas de los corrales situados en las inmediaciones del río Cega. Esta vez pareció que el ganado estaba integrado con la manada de cabestros.

Sin embargo, un novillo se adelantó bastante a sus hermanos, cruzando la carretera de Cantalejo en solitario. Los directores del encierro (Pedro Caminero y los hermanos Mayoral) decidieron dedicar tres mansos al propósito de controlar a ese animal, extremo que finalmente se produjo. El grupo, de nuevo unido, continuó siendo conducido por el campo. De acuerdo a la asociación ‘Encierros de Cuéllar’, dicha conducción estuvo “bien llevada”, si bien este colectivo criticó a algunos caballistas “por no haber sabido guardar las distancias” con la manada.

Ya en ‘el Embudo’ se produjeron los problemas más serios. De inicio, uno de los novillos abandonó la manada. Al principio, un grupo de caballistas intentó reintegrarlo al grupo, sin conseguirlo. Y tampoco fue posible que el animal entrase más tarde, aunque fuera en solitario, en el recorrido urbano, por lo que media hora después se optó por amnestesiarlo.

El resto de la manada comenzó a descender por ‘el Embudo’ a buen ritmo. Cuatro de los cinco novillos enfilaron hacia las calles de la villa. Pero, por el contrario, el quinto quedó rezagado, organizando un gran pitote allá por donde pasó. El animal se escoró a la derecha, ascendiendo por la ladera hasta situarse frente a una frágil barrera de madera con la que se pretende encauzar al ganado, y tras la cual había un montón de gente. En un santiamén, el novillo bordeó, por uno de sus extremos, la barrera, lo que obligó al numeroso público situado detrás de ella a realizar el ejercicio inverso, esto es, pasar precipitadamente al otro lado, metiéndose entre las maderas. Por un instante, dio la impresión de que el peligro se había conjurado. Pero no. Por sorpresa, el novillo arremetió contra una de las maderas de la valla, destrozando la escasa protección del público. En su explosivo arranque se llevó por delante a varios espectadores, que acabaron cayendo junto al animal por un pequeño terraplén, hasta ir a parar a una zona con menor pendiente. Allí, entre una gran nube de polvo se montó un buen alboroto. Todavía aturdido, el bravo novillo embistió a cuantas personas se encontró aunque, milagrosamente, no se produjeron heridas por asta. Un hombre de 70 años, con politraumatismo, fue después trasladado al Hospital Río Hortega de Valladolid, para que los neurocirujanos determinaran si sufría daños en su columna vertebral. Otro hombre, de 63, también con politraumatismo, presentaba una fractura de la clavícula y, de acuerdo a una primera inspección, posiblemente también de fémur. Una septuagenaria sufrió un trauma costal y erosiones en la cara. Y un segoviano de 54 años, politraumatismo, con erosiones en los brazos.

Acabado el episodio de ‘el Embudo’, el recorrido por el tramo urbano tuvo dos etapas. La primera, con cuatro novillos, a los que acompañaban los bueyes. En líneas generales, se pudieron observar buenas carreras, sobre todo en los Paseos de San Francisco, en donde los bravos se distanciaron levemente de los mansos. La segunda etapa estuvo protagonizada por el novillo de la escabechina en ‘el Embudo’. Avanzó solo, derrotando a cada poco contra las talanqueras, con el riesgo que ello generaba. Tuvo querencia a la Plaza de los Coches. Después de que salieran en su búsqueda dos cabestros, fue reconducido a la Plaza de Toros, a la que llegó cerca de media hora después del primer grupo.

Nada más acabar el encierro, a bote pronto, llegaron las primeras críticas. “¡Un año de encierros para olvidar!”, resumía la asociación ‘Encierros de Cuéllar’ en su informe diario. La frase era coincidente con la pronunciada por Álvaro Herguedas, de la peña ‘El Encierro’. Entrando en detalles, el primer colectivo defendía que el ganado de ayer era “indigno para nuestros encierros”, al ser los animales “muy desiguales y escurridos”. Y Herguedas lamentaba el “sabor agridulce” de los “malos encierros” de 2012.

Como ya es costumbre, a todo el mundo gustó el baile de rueda. A diferencia del ganado bravo, cada día con antojos diferentes, la imagen de los danzantes en el recorrido, poco antes del paso de las reses, continúa siendo invariable, brindando al encierro uno de sus elementos más peculiares.