El novillero Álvaro Alarcón Rodríguez pasea las dos orejas y el rabo del segundo eral de El Retamar, junto con los más jóvenes de la plaza. / A.M.
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Álvaro Alarcón Rodríguez cortó un rabo en la segunda novillada sin picadores de Turégano. El joven espada dejó su sello, impregnado de torería y clasicismo. Un concepto para tener en cuenta en el futuro. También fue reseñable el excelente juego de los erales de El Retamar, entre los que destacaron el primero y el segundo, premiado este último con la vuelta al ruedo. Completó el cartel Raúl Puebla Espinosa, que anduvo más dispuesto que certero.

Con ganas saludó Alarcón al jabonero que hizo segundo. Más fino y homogéneo que el primero, permitió al joven espada expresar su buen corte con prontitud y recorrido. Siguió la muleta con codicia y Alarcón dibujó notables pasajes al principio, sobre todo con la mano derecha. Meritoria faena, encajada de riñones y con mucho gusto, que tuvo su altavoz con un toreo al natural muy templado y con remates por abajo. No solo brilló por el clasicismo en sus maneras, sino que también destacó en las distancias cortas. Finalizó de media estocada caída tras una actuación de largometraje y paseó dos orejas. Al eral se le dio la vuelta al ruedo.

Brocho, cubeto y bizco del cuerno izquierdo fue el eral que abrió plaza. Quitó Alarcón con soltura y fijeza a la verónica. Puebla, ya con la muleta, instrumentó una firme labor ante un buen astado que al principio salía suelto del trapo, pero cuando se le dejó en la cara repitió y humilló con clase. Propició gran juego, pero el novillero no terminó de redondear su actuación a espadas. Silencio tras aviso. Dispuesto y más asentado recibió Puebla al que cerró la tarde, otro jabonero de buena condición. Una larga cambiada precedió a un trasteo solvente pero, que con las propiedades que tenía el novillo, era para haber sacado más partido. Terminó dejando detalles, pero sin conjunción. Mal paso con los aceros.

Ficha

Plaza de toros de Turégano. Segunda de feria. Erales de El Retamar, de excelente juego. Al segundo se le dio la vuelta al ruedo.

Raúl Puebla Espinosa, silencio tras aviso y silencio tras dos avisos.
Álvaro Alarcón Rodríguez, dos orejas y rabo.