Susana Villagrán junto a su madre María García. Amador Marugán.
Susana Villagrán junto a su madre María García. Amador Marugán.

Susana Villagrán García lleva doce años al frente de la tienda de alimentación que heredó de su madre María, quien a su vez procede de una familia dedicada al comercio desde principios del siglo XX. Una tradición que Susana mantiene contra viento y marea por mantener hoy abierta la única tienda de barrio existente en el pueblo. Hubo un tiempo no muy lejano donde cada barrio contaba con una o más tiendas de alimentación, de ultramarinos o comestibles como se daba en llamar en aquellos tiempos. Un censo municipal de 1960 recoge un listado de 14 tiendas dedicadas a la venta de comestibles.

Hoy tan sólo subsiste la que regenta Susana Villagrán y con un futuro cada vez más incierto porque la instalación de tres supermercados en Nava complica su supervivencia: “Es muy difícil competir con ellos, debes ofrecer productos que no tienen, yo por ejemplo mis legumbres son de Castilla y León las vendo a granel y no pueden competir conmigo porque los precios son diferentes, ya que si se venden envasadas al supermercado éstos marcan su precio, en otros productos no se puede competir porque ellos compran un camión y yo una caja”, explica añadiendo que el pequeño comercio es más cercano al cliente en el trato, además de ofrecer una atención de prácticamente de 24 horas “siempre estas disponible para cualquier necesidad que puede surgir en cualquier momento porque somos la despensa de la casa”.

Para esta joven heredera del oficio de comerciante, el pequeño comercio aporta la experiencia que supone el trato con la gente, con sus aspectos positivos y negativos, más las dosis de psicología que se debe emplear, por ello apunta que “todas las personas deberían pasar por estar detrás de un mostrador para conocer mejor el lugar del otro, también te aporta conocer bien a tus clientes y ver su evolución. En el caso de los más mayores –señala- incluso detectas su estado de salud y pones sobre aviso a familiares o al médico de los detalles que has percibido”. Es el trato diario y la cercanía con el cliente el que posibilita esta atención tan particular de la tienda de barrio, que mantiene carácter de antes incluso, según que clientela, se concede el apunta y debe, pero como excepción porque el fiar hoy no se lleva: “Igual que al supermercado se paga al hacer la compra aquí lo mismo, recuerdo que cuando se empezaron a pagar las bolsas me pedían que yo se las diera gratuitamente para luego ir al supermercado con ella y tenía que decir: ¡oye, que a mí también me cuestan!”.

Para su madre, que se suma a la entrevista, el pequeño comercio es necesario por el trato directo y por el servicio que presta, ella lo dice señalando la experiencia que aporta toda una vida dedicada al comercio, desde los seis años hasta que Susana la dio el relevo en 2010. Recuerda otros tiempos diferentes cuando su abuelo por parte materna iba a vender tejas y ladrillos por los pueblos de la campiña segoviana con el carro y el burro, utilizando también el trueque como intercambio de productos, por ejemplo el pan, que luego revendía. El otro abuelo por parte paterna tenía un almacén de pieles que curtía y vendía de forma ambulante ya utilizando como transporte un camión. Negocio que después continuaría su padre y además de las pieles a la venta se añadió hojas de laurel, ajos y especies que compraba a granel para envasarlas ellos en papeletas para la venta. “Eran tiempos duros y de necesidades del apunta y debe porque cuando mis padres abrieron la tienda hacia 1950 el tema seguía igual, incluso años posteriores al dejar la tienda por jubilación, y hacerme yo cargo de ella, tenían un cuaderno con importantes débitos que no cobraron”, manifiesta María García.

En su opinión todo ha cambiado con las grandes superficies y supermercados que han incidido negativamente en el pequeño comercio que en comparación “no sólo ofrece mejor servicio sino también mejores precios porque en los supermercados solo son más baratos los productos que ponen en oferta”, sentencia María.