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Brent Rademaker, de Gospelbeach.

“Pray for rain” cantaba Nat Myers durante su actuación en el Huercasa Country Festival, que todos los veranos se celebra en Riaza, y este año estuvo amenazado precisamente por una gran tormenta que provocó algunos retrasos y cambios en la programación pero no amedrentó a los fans del género, que fueron fieles a su cita anual.

Porque una de las características que define a este festival es la fidelidad de sus asistentes; quien va un año, al siguiente repite.

Quizá tenga algo que ver que se trata de un formato más bien pequeño, alejado de todos esos macrofestivales donde llega un momento en que te sientes más bien dentro de un centro comercial. El Huercasa es distinto; es acogedor, ves caras conocidas de un año a otro, van familias con los niños, acuden asociaciones de toda la geografía española, e incluso se hace partícipe del festival al pueblo de Riaza llevando conciertos y bailes a la Plaza Mayor.

Summer Dean, Gospelbeach, Wonder Women of Country, Meghan Maike y Jo and Swiss Knife, entre otros, pusieron la banda sonora a este fin de semana de pasión por el country. Estilo con múltiples variantes para todo tipo de “paladares”; así, vamos desde los fieles de los sonidos clásicos, a toques pop, estilos más sureños, y un poco de sonido California o “Sunshine pop”.

Summer Dean, texana y con tres discos a sus espaldas, salió acompañada por una cuadrilla de músicos españoles. Nos regaló preciosos temas de corte clásico, acompañados de gran carisma y letras de desamor. Letras como “ She is in his arms but I´m on the palm of his hand” (ella está en sus brazos y yo estoy en la palma de su mano) no dejaron indiferente a nadie. Tocó la preciosa “You´re lucky she´s lonely” y se metió al público en el bolsillo con la reivindicativa “Clean up your act if you wanna talk dirty to me”.

Kaitlin Butts empezó fuerte su actuación, comenzó con el clásico “Bang bang” de Sonny Bono (cuya versión más conocida es la que grabó Nancy Sinatra en 1966), derrochó energía en el escenario y se atrevió también con Leadbelly, entonando el ya famoso “In the pines”.

Myron Elkins tuvo que pasar su actuación de viernes a sábado a causa de varios chaparrones que dejaron el escenario impracticable. Llenó su interpretación de punteos cargados de virtuosismo, pero lo que más llama la atención es la voz de este cantante de Michigan, un tono profundo y peculiar que bien podría adaptarse al soul.

El toque más nacional lo pusieron Los Nikis de la Pradera. Tirando de ironía en las letras, esta banda de veteranos reinventó su repertorio con canciones hechas “ad hoc” para el festival.

Nat Myers, pertrechado con su dobro y un slide, tocó en un formato más íntimo; un pequeño escenario denominado “Harvest” enfrente del escenario principal (una de las novedades de esta edición, perfecta para músicos con poca banda). Eso sí, lo de este músico de Kentucky es el blues, se plantó con su guitarra frente al público e hizo gala de su estilo tirando de slide y “fingerpicking”, cantando como un Robert Johnson del siglo XXI.

El sonido California lo trajo, como no podía ser de otra manera (debido a su procedencia), Gospelbeach, el grupo liderado por el guitarrista Brent Rademaker, quien se ha forjado un nombre a lo largo de los años formando parte de bandas como Beachwood Sparks o the Tyde.

Gospelbeach vino presentando su disco de despedida “Wiggle your fingers”, que contiene preciosas melodías como “Losin’ patience” y que este sábado tocó explicando que la letra hace referencia al teclista de la banda y productor del disco, Jon Niemann. Aún así no se dejaron atrás canciones como “California steamer”, con un sonido más setentero.

Tampoco quisieron quedarse atrás con las versiones y se lanzaron a tocar “You’re going nowhere”, un clásico que a día de hoy uno no sabe si atribuírselo más a Bob Dylan o a The Byrds.

Otro de los platos fuertes del sábado fueron Wonder Woman of Country; Kelly Willis, Melissa Carper y Brennen Leigh desplegaron sus melodiosas voces perfectamente sincronizadas. Haciendo alarde de sutileza, mezclaban sus armonías con tanta suavidad que parecían arrancarse de la nada antes de llegar al volumen y tono al que querían llegar.

Además de la gran pasión que despertaron, arrancaron también sonrisas con sus temáticas campestres y sonrisas cómplices con letras como “outside the jurisdiction of men”.