El Bar Manso cerrado y una de las calles principales de la localidad sin gente a las diez. /E.R.
Publicidad

Silencio, calles vacías y el humo de las chimeneas invadiendo el ambiente mientras la madera arde en el interior de los hogares de los más de 9.000 espinariegos que el sábado apuraron el último trago de sus vasos antes de las 22 horas. Todos los comercios, bares y restaurantes cumplieron con el toque de queda impuesto por la Junta de Castilla y León para mitigar los casos al alza que localidades como El Espinar están viviendo en las últimas semanas.

Pero no mucho antes de que el toque de queda diera comienzo para suspender las cenas de amigos, las reuniones familiares, las fiestas en los locales o los vinos de los paisanos mientras comentan el partido de fútbol de las nueve, las calles de El Espinar estuvieron llenas. Por ellas circulaban a toda velocidad las bicicletas de los niños y en las plazas en la ignorancia. Todo esto terminó a las diez y los espinariegos, responsables y concienciados, se confinaron en sus domicilios con la esperanza de poder volver a la calle lo antes posible.

“Ha sido un noche tranquila. He podido hablar con la Policía local y con la Guardia Civil y ambos cuerpos me han trasmitido que no hubo incidentes. Los bares cumplieron con el horario y todos los vecinos estaban a las diez en sus casas. Ojalá que sigamos así, sabemos que va a ser largo, pero confiamos en que pronto podamos salir de nuevo”, declara el alcalde de la localidad, Javier Figueredo.

Sin duda, los más afectados por estas restricciones son los bares y restaurantes que ayer no pudieron servir cenas ni poner copas. “Esta nueva medida puede suponer el cierre definitivo de mi establecimiento. Nosotros vivimos de la caja de los fines de semana y de las cenas de los viernes y los sábados. Si ahora no podemos ni dar este servicio nos van a obligar a cerrar”, explicaba el dueño de un bar de El Espinar que prefiere no dar su nombre.

La situación en San Rafael no era muy diferente. Terrazas llenas a las nueve, establecimientos cerrados a las diez. “Durante la tarde del sábado tuvimos el comedor casi lleno y tuvimos que decir a la gente que no podían entrar porque estábamos completos de aforo. Sin embargo, por la noche no servimos ni una cena y estamos valorando no volver abrir después de comer hasta que todo esto pase”, comenta un camarero de San Rafael. Lo único que se mantuvo abierto fue la pizzería que alas 22 horas cerró al público, pero que estuvo llevando comida a domicilio hasta la media noche, tal y como establece la Junta de Castilla y León.

Desde la Policía Local informaron que la noche fue muy tranquila y hasta las 23 horas que duró el turno no tuvieron ninguna incidencia. “No tenemos turno de noche y por lo tanto si hubiera habido alguna incidencia habría intervenido la Guardia Civil, pero hasta las once que terminó el último turno no hubo nada. Todos los establecimientos cerraron a la hora y cuando nos fuimos estaba todo tranquilo”, explican.

Para los más jóvenes esto del toque de queda es algo nuevo, pero no hace mucho tiempo, en España, estuvo vigente durante algunas horas otro toque de queda. Fue concretamente el 23 de febrero de 1981, día en el que se produjo el intento de golpe de estado perpetrado por el teniente coronel Antonio Tejero. Esta vez el toque de queda tiene un motivo muy diferente y ha llegado para quedarse. Ambos momentos forman parte ya de la historia de este país y ambos comparten el silencio de las calles vacías y el humo de las chimeneas encendidas en los hogares.