Cartel de la exposición.

A veces en lo más prosaico encontramos escenarios que nos permiten observar de modo diferente la historia y la tradición. Es en una primera hojeada a un boletín de la provincia de 1936, donde comienza una atenta revisión de estas publicaciones periódicas, correspondientes a una época básicamente agrícola y ganadera cuando eran leídas en cada pueblo por el secretario del ayuntamiento en voz alta y clara, al inicio de la sesión semanal.

El resultado final de esta tarea es la exposición “Señas de Semovientes” inaugurada el 15 de mayo en el Centro de Interpretación del Folklore de San Pedro de Gaíllos y que se podrá visitar hasta el 12 de septiembre.

Los antecedentes

El 1 de Julio de 1833, se publica el primer Boletín de Segovia atendiendo a la Real orden de abril del mismo año “Se establecerá en cada capital de provincia un Diario o Boletín periódico, en que se inserten todas las órdenes, disposiciones y prevenciones que tengan que hacerse a las justicias y ayuntamientos de los pueblos por cualquiera autoridad…”. Su edición adjudicada en pública subasta establecía obligaciones y concesiones “A falta de órdenes o de anuncios de las autoridades, tendrán los editores la facultad de insertar en su periódico los avisos particulares de la capital, como ventas, alquileres, pérdidas y toda clase de anuncios…”.

Por otro lado, la Asociación General de Ganaderos del Reino, sucesora del Honrado Concejo de la Mesta, establecía en 1883 unas reglas sobre el tratamiento de reses mostrencas, ampliadas en 1905 en el Reglamento para la Administración y Régimen de las Reses Mostrencas, donde quedan definidas como “cabezas de ganado caballar, mular, asnal, vacuno, lanar, cabrío o de cerda, que sin dueño conocido se encuentren en el campo, en las poblaciones, en las vías pecuarias o en otro sitio público abandonadas”. En su artículo 7 dice que “el Alcalde, inmediatamente de serle presentada una res mostrenca, anunciará su hallazgo por edictos y pregones y dará parte de él al Gobernador de la provincia, incluyendo la reseña del animal hallado, con el fin de que se anuncie en el Boletín Oficial.”

Mientras la ganadería fue soporte de la economía en la sociedad tradicional, hasta la mecanización de la agricultura, estas circulares compartieron páginas en los boletines con reales órdenes, decretos y leyes. También con anuncios, edictos o bandos que daban cuenta de la pérdida, el robo y enfermedades que afectaban al ganado, las epizootias. Breves reseñas que detallan situaciones, aspecto físico, carácter u otras particularidades que revelaban las condiciones de vida del animal.

La exposición

Señas de Semovientes” se compone a partir de la selección de esos textos publicados en los Boletines Oficiales de la Provincia de Segovia hasta mediados del siglo XX. Relatos con palabras ya olvidadas junto a imágenes, aperos, aparejos y otros documentos recrean un paisaje no tan lejano. Transitando por épocas de guerra donde los animales eran recurso imprescindible; por mercados y ferias de ganado que llenaban el calendario anual en la provincia; por paradas de sementales que ofrecían un servicio para conseguir mejores ejemplares; por panes y rastrojeras vigiladas por el guarda de campo haciendo cumplir los bandos de buen gobierno y controlando el pastoreo abusivo; y por las subastas donde los animales eran vendidos.

En definitiva, una invitación a revisar aquella relación que los grupos sociales establecían con los animales domesticados, los bienes semovientes “esa parte del patrimonio capaz de moverse por sí mismo y productivo económicamente”.

La edad, la alzada o el color, por ejemplo, eran algunas de las señas que daban para reconocer caballerías. Se decía que era de edad cerrada cuando había completado su dentadura. La alzada de los burros se daba en cuartas o centímetros; para mulos y caballos la referencia podía ser también la cuerda, o la marca (1,465 m) por encima o debajo de esta se añadían o restaban cuartas, centímetros o dedos. Entre el negro, pardo, alazán o castaño existía una rica variedad cromática de pelajes: ratón, rucio, tostado, pelicano, tordo sucio, romero, bayo…

IMAGEN 2 Foto circular Aldeonsancho 1922
Foto + circular Aldeonsancho. 1922.

Reses lanares y vacunas se identificaban por el remisaco o rabisaco, un corte en ángulo recto que se hacía en la oreja. Ovejas y cabras podían llevar también una marca de color, para lo que se usaba pez, almagre u otros pigmentos. Otras eran marcadas a fuego.

Un elemento importante de la exposición que ilustra esta singular crónica, es el contenido audiovisual, una parte de producción propia y otra de colaboradores. Durante el tiempo que dure la muestra, algunas fechas estarán dedicadas a temas concretos y se proyectarán videos de otros museos que aportan interesante información de piezas, costumbres y normativas de diferentes regiones. Para esto hemos contado con la participación del Museo Etnolóxico de Ribadavia (Ourense), el Museu Valencià d’Etnologia, el Museu Comarcal de l’Horta Sud (Valencia), el Museo de Juegos Tradicionales de Campo (Huesca) y Museo Etnográfico de Castilla y León.

De este modo y con la colaboración de personas e instituciones se ha configurado Señas de Semovientes. Testimonio de una forma de vida con los animales como protagonistas de un cuadro hecho de temperamentos, razas, enfermedades, normas de convivencia,


(*) Directora del Centro de Interpretación del Folklore/Museo del Paloteo.