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Los caminantes posaron para una foto en familia en la ermita de San Frutos. / E.A.

El Club Nordic Walking Segovia sale de nuevo a la calle, tras año y medio de pandemia con los bastones recogidos, con ganas de practicar su deporte favorito, la caminata. En su primera marcha de la temporada, recorrieron los 38 kilómetros que les restaban del año pasado para completar el Camino de San Frutos, dividiendo el recorrido en tres etapas en la modalidad de relevos, cubriendo unos la ruta completa y otros uno o dos tramos.

Bajo un cielo limpio y con una temperatura suave, comenzaron de madrugada la primera etapa 18 marchadores, pasando por Orejanilla y La Matilla, en cuya plaza les recibieron un grupo de jóvenes con petos de peña, disfrutando de otro tipo de marcha. Entre sembrados, salieron del pueblo, para concluir el primer tramo en Valdesaz, donde les esperaban Ana y Quique con el desayuno.

Para la segunda etapa se sumaron más marchadores, en un recorrido muy bonito. Pasaron al lado del Castillo de Castilnovo y continuaron en dirección Torrecilla, localidad que cruzaron, saliendo hacia el norte por el camino de La Lobera, que condujo a los caminantes al cañón del río Caslilla. En ese punto, tuvieron la oportunidad de contemplar buitres en lo alto de los riscos, o eran los que observaban a los marchadores. Llegaron entre huertas a Sepúlveda, subieron a la Plaza Mayor, habiendo recorrido ya más de 24 kilómetros.

El grupo creció en la tercera etapa. Bajaron por la puerta de La Fuerza hasta el puente de Picazos para cruzar el río Duratón, empezando a apretar el calor cuando el camino se empinaba. Al llegar al alto, los marchadores siguieron una ruta poco marcada que a veces se perdía, discurriendo por los límites del Parque de las Hoces del Duratón en dirección oeste, un páramo salpicado de sabinas y tierras de labor. En las eras de entrada a Villaseca, se encontraron con una escena cuanto menos chocante, una gran cantidad de buitres cercanos al camino, a los que no alteró la proximidad de los caminantes. Una oveja solitaria a la que parecía escoltar un mastín; quizás ella era su objetivo. Una vez en Villaseca, solo restaban cinco kilómetros para alcanzar la ermita de San Frutos.

Según llegaron a su destino después de 38 kilómetros, el grupo se situó en la cruz de la ermita de San Frutos, animando a los que iban llegando. Visto el interior de la ermita, sin poder dar las tres vueltas a la piedra, se hicieron la fotografía de grupo, y tras un refresco en el parking, acabaron la jornada en Sepúlveda.