Pasa de las flores de José Rojo al novillo 'Cobardón', de Adolfo Martín, de vuelta al ruedo. / A.M.
Pasa de las flores de José Rojo al novillo 'Cobardón', de Adolfo Martín, de vuelta al ruedo. / A.M.

Actuaba ‘el Messi del toreo‘ con una de Prieto de la Cal en El Puerto de Santa María. Morante, ‘libre’ también como Messi, pero siempre y a su manera, marcaba una ‘gesta para la tauromaquia’, aunque a una hora similar dos jóvenes, con apenas bagaje, se anunciaban con una de Adolfo Martín en la primera novillada de la Feria ‘Judión de oro’ de La Granja. Y ahí estuvo José Rojo. ‘Hecho un tío’ entre ‘grises’. Completo en todos los tercios y con madera de novillero; es decir, de querer ante todo. Cortó una oreja, pero el premio pudo de ser mayor de haber estado más certero con los aceros ante un novillo, ‘Cobardón’, de vuelta al ruedo. Actuó también Jordi Pérez ‘El Niño de las Monjas’, con más confianza que rodaje.

Inteligencia para solventar 

Abrió plaza un novillo cubeto, que podría ser el descarte de una noche a la una pero no a las cinco; es decir, había que esperarlo. Un test rápido de farmacia hubiera disipado las dudas. De mirada noble, algo perdida, como cuando te ponen la segunda dosis de AstraZeneca, pero luego ofreció buen juego. En banderillas, Rojo puso más voluntad que efectividad y en el tercio de muleta mostró más firmeza que con la que estuvo ante un astado que pedía venirse arriba, sobre todo por el derecho. Culminó un aseado e inteligente trasteo con solvencia y remató de una buena estocada para pasear la única oreja de la tarde.

Una lija sin terciopelo

La presencia del segundo novillo de Adolfo Martín llamó la atención de salida por su presencia y buen son. El segundo puyazo limitó su fuerza y las chicuelinas de El Niño de las Monjas como quite, que fueron de mérito, terminaron de apagar su fondo. Tuvo que tragar todo lo sudó por los poros para que el animal pasara por la muleta con un peligro que nunca dejó de cesar. Le miró en cada parada como se mira una pareja cuando ha habido cuernos por medio. Fue una lija en una muleta sin terciopelo. La seriedad del novillero fue reconocida por parte del público con una ovación.

‘Cobardón’, de vuelta

Bien presentado el segundo del lote de Rojo. De nombre ‘Cobardón’. Sin ser ofensivo fue fuerte, serio de cara y proporcionado. El novillo de la tarde: repetidor, con fondo de bravo y con la virtud de humillar. De vuelta al ruedo. El novillero de Trujillo tiró de poderío en todos los tercios desde que salió de chiqueros. No miró el remite y lo toreó como si fuera uno de Domecq. A gusto estuvo hasta el límite de que le sobraron las dos últimas tandas. El único ‘pero’ fue la espada. Cada vez que se estrellaba era un lamento a la resta del premio. Se puso cuesta arriba: una escalada de Alberto Ginés. El cacereño sabía que tenía las orejas cortadas y todo quedó en vuelta al ruedo.

Otra lidia para el encastado

Encastado fue el que puso cerrojo a la tarde. Cumplió el mejor tercio de varas y llegó a desmontar al picador, que en la réplica tiró de oficio. Tampoco se dejó ganar la pelea en banderillas. En la muleta pidió un toreo sobre las piernas en vez de la versión encimista de medios pases que puso en liza El Niño de las Monjas. Pese a la falta lógica de rodaje, estuvo con confianza y el público se lo supo reconocer con una vuelta al ruedo.

Ficha

Plaza de toros de La Granja de San Ildefonso (Segovia). Primera novillada picada de la Feria ‘Judión de Oro’. Media entrada. Novillos-toros de Adolfo Martín, bien presentados, a excepción del primero. Destacó el tercero, de nombre ‘Cobardón’, al que se dio la vuelta al ruedo por su condición de bravo. Encastado el cuarto.

José Rojo, oreja y vuelta al ruedo.
Jordi Pérez ‘El Niño de las Monjas’, ovación y vuelta al ruedo.

Fotografías