El paseíllo de la corrida de toros en Riaza 25 años después de la primera. / MIGUEL MARTÍN
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El día 10 de septiembre de 1994 se celebraba el primer festejo taurino y la inauguración de la  plaza de toros desmontable ubicada en plena Plaza Mayor de Riaza. Fue una corrida de toros con astados de Hermanos Molero, bajos de casta y deslucidos. Formaron terna José Antonio Campuzano, que obtuvo piros y  silencio, Rafael Camino, división de opiniones y una oreja, único trofeo de la tarde y Manuel Caballero, saludos en ambos. Presidió el alcalde Mariano García. La plaza, con capacidad para 2.500 espectadores, registró un lleno.

25 años después, otra corrida de toros, último festejo de la Feria 2019, con casi lleno en los tendidos, presidencia a cargo de Laura Herrero, televisada por Telemadrid y amenizada por la banda de música de Riaza.

Se lidiaron toros de la ganadería de Valdellán, el quinto cinqueño, bien de presentación, con mucho cuajo y mucha romana y juego desigual. Segundo y quinto con peligro soterrado y dificultades. Todos fueron aplaudidos al salir al ruedo. Esta ganadería lidió su primera corrida de toros en La Granja de San Ildefonso.

RUBÉN PINAR. De blanco y oro. Se luce en los saludos preliminares con el capote y ya con la muleta trasteo por ambos pitones para pasarse al toro muy ceñido en muletazos en redondo. Los primeros olés suenan en su honor. Toreo fundamental con capacidad de seducción. Va cumpliendo el trámite con solvencia y compostura. La faena tiene visos de terminar en éxito, pero no; los dos pinchazos y la estocada no fueron suficientes. Silencio.

Corto bagaje para cumplimentar el toreo de capa. Dos lances estirando la planta sin más. Doblones, corto viaje descastado y Rubén que se entrega a un toreo de mano baja por donde embestida humillado el burel y los pases resultaban vistosos. Y con mando y temple ejecutó naturales de excelsa calidad, ligados y muy medidos. Olés y transmisión de emotividad a los tendidos. Continúa el toreo de mano baja, arrastrando la muleta y el toro el hocico. Plasticidad, belleza y toreo de suma calidad. De nuevo mal con la espada y tan sólo palmas en su honor.

JUAN DEL ÁLAMO. De verde botella y oro. Magníficos lances con media verónica superior. Pases por alto y por el pitón derecho fluidez de muletazos con cierta dificultad por la incierta embestida del morlaco. A impulsos de su valor y entrega, eliminó el peligroso calamocheo y logró hacerse aplaudir en dos series de muletazos con armonía y perseverancia. Estocada caída y descabello. Silencio.

Nada ilustrativo con el capote ante su segundo toro. Trasteo inteligente y paso al toreo fundamental. El toro no colabora por su cortedad de embestida y el torero insistiendo le obliga a la arrancada y a un recorrido mermado pero eficiente. Momentos de interés con variantes que agradaron al cónclave y mayor intensidad en unos muletazos por alto genuflexa la figura. Pinchazo, estocada y oreja protestada.

GÓMEZ DEL PILAR. El madrileño estuvo muy pendiente de la lidia y tuvo intervenciones muy estimadas. Lanceó sin excesiva concordia a su primero para pasar al último tercio asentado y con medida labor en los muletazos. Sus dotes quedaron expuestas al gusto y contento de la afición. Por el pitón derecho ajustó el muletazo a los cánones establecidos: ligazón y temple. Que conste que tuvo mayor mérito por el hecho de que el toro tiraba tal cual tarascada. Aunque mató feamente de dos pinchazos, estocada y dos descabellos, fue ovacionado con fuerza.

Con el que cerraba plaza y feria, cuatro lances y media ajustada. A este toro le picó el varilarguero Israel de Pedro con medición y pleno de conocimiento de lo que supone y representa la suerte de varas. Se llevó la ovación de la tarde. También fue ovacionado el subalterno Ángel Otero por prender dos buenos pares. Buen tono, parsimonioso, firme y decidido, Gómez del Pilar entregó el alma y el toreo que fluye de la inspiración. El toro la cara arriba y el torero aguantando el trance y luciendo en el embroque. Ya hacia final de faena, pulsó el don del temple en su máxima expresión para encajar dos series que tuvieron transmisión torera. Estocada entera para una oreja ganada a ley.