De izquierda a derecha, Virginia, José, Elena, y Eva, junto a la barandilla que da acceso al restaurante en la travesía de Roda de Eresma. /A.P.
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“Parar en Roda”, durante muchos años ha sido una forma de quedar al pie de la extinta carretera de Valladolid, como se decía popularmente. El Restaurante Roda ha dado pausa y acogida al encuentro entre vecinos, amigos, transportistas, viajeros, y conductores, que buscaban una parada donde reconducir el ánimo, el descanso y el encuentro bien avenido, en torno a un refrigerio, algo que picar o un menú.

La historia del Restaurante Roda, que cerró sus puertas el pasado viernes, es la de una familia emprendedora, que comenzó en el año 1981, hace ahora 39 años, casi nada. Juan José García y Elena Sanz, naturales de Prádena y Arcones, respectivamente, dejaron sus pueblos de la sierra, para asentarse en el llano. Fue a través del popular aceitunero afincado en Roda de Eresma, conocido como el Serranillo, cuando se enteraron de la posibilidad de hacerse con una casa pegada a la carretera, y hasta ella llegaron. La compraron, con la intención de hacer un bar, “y de esta forma desaparecieron los rumores que por aquel entonces se extendían por el municipio desde hacía tiempo, de que alguien tenía intención de comprarla para hacer un club”, explica José García entre risas. Recuerda que tuvieron que pelear mucho para obtener un crédito: “en Caja Segovia nos lo denegaron, y a través de una amistad en el Banco de Castilla se hizo realidad la ayuda, el 20 de febrero de 1981, y con ello conseguimos hacer un bar pequeño. Fueron días duros a los que se nos unió la incertidumbre del día 23 de febrero (golpe de Estado)”.

Lo recuerdan cronológicamente, “la vivienda adosada al bar, la hicimos más tarde en 1987, a la vez que compramos toda la finca que nos rodea; posteriormente la reforma más grande se hizo en 1990”, recuerda Elena Sanz.

La joven pareja, José tenía 25 años, y Elena 19, veía su futuro pegado a la carretera, y así estuvieron largos años, con plena integración y aceptación entre los vecinos del pueblo. “Comenzamos los primeros años abriendo a las nueve de la mañana y cerrando tarde, no cerrábamos ningún día de la semana”, explican, a la vez que recuerdan que en su periplo, han tenido varias crisis: “en los 90 una”, también les fue bien reconocen: “durante las obras de la autovía de Pinares”; y precisamente después de ejecutada, “nos vimos un poco aislados, y nos trajo consecuencias duras, como el despido de dos trabajadoras”. El buen trabajo de José en la barra, Elena en la cocina, y la posterior ayuda de sus dos hijas Virginia y Eva, consolidó el negocio, a base de trabajo y una clara apuesta por la cocina casera. Asimismo, no quieren dejar pasar por alto, que en la vida del restaurante han pasado diez camareras, algunas de ellas “como de la familia”.

Uno de los principales patrimonios consolidados a través de los años ha sido el de los vecinos del pueblo y los clientes. De ese trato familiar y personal, que ha impregnado siempre el restaurante, han seguido acudiendo a su rica mesa, gente de los pueblos de alrededor o de la zona de Cuéllar, entre otros, “porque nuestros clientes han seguido siendo los de toda la vida”, señalan con satisfacción.

La cocina empezó primero con las raciones, y luego caldereta, cordero, cochinillo y comida casera, y sobre todo quieren recalcar, “la gran aceptación de los menús diarios caseros”. Y como todo buen fogón, el Restaurante Roda tiene su producto estrella, el que han dado en denominar ‘Torrezno de Roda’. “Fuimos a Valladolid y en un sitio pedimos unos torreznos, y posteriormente en casa, me puse a hacer la prueba con tocino de la fábrica de Valseca, con la intención de sacar algo rico”, explica Elena Sanz. De ahí nació el ‘Torrezno de Roda’, que ha sido toda una sensación entre sus clientes durante estos años, así como son muchos los que piden su receta. “Por ello, nos vamos a tomar tiempo y vamos a ver si podemos hacer algo con los torreznos…”, precisan para preservar la receta. También de gran aceptación, en invierno, “era el cocido con garbanzos de Valseca”.

Estos días son días felices, pero a la vez duros sentimentalmente para la familia, de mucho trabajo antes de dar el cierre definitivo. “La gente del pueblo no se lo creía que fuéramos a cerrar. Aquí dejamos entre ellos nuestra vida y raíces. Vinimos siendo de un pueblo, y ahora nos vamos a ir con otro pueblo más, con Roda en el corazón. Aquí nuestras hijas han crecido y han aprendido a amar el pueblo. Nos vamos muy contentos de que de la nada hemos consolidado un proyecto hostelero con el cariño de clientes y vecinos y muy agradecidos a ellos”. Restaurante Roda ha sido la empresa local de más continuidad en el pueblo, por ello ha venido colaborando siempre en fiestas o eventos en los que se requiriera su apoyo. Una vez cerrado el restaurante, “nos gustaría que alguien de confianza continuara con el mismo, a ver con el tiempo qué pasa”, señalan.

Han conocido muchas generaciones, muchas personas, que en torno a este restaurante castellano, forjaron una bonita historia, entre la barra, las mesas, la carretera, y Roda.