Madre e hija apuestan por el medio rural para emprender. / E.A.

En los tiempos que corren, resulta alentador ver en el Nordeste de Segovia nuevas ideas que se ponen en marcha, o la ampliación de negocios que llevan años funcionando. En el caso de Rosa y Ángela, son la suma de ambas cosas: a la peluquería Reflejos, que lleva abierta al público desde 1988, regentada por la primera, se une ahora su hija Ángela, que tras finalizar sus estudios de fisioterapia en Madrid y adquirir experiencia en varias clínicas de la capital, decidió volver a su pueblo para probar suerte, y parece no haberse equivocado.

“En Madrid no podía emprender, o al menos era mucho más difícil abrir mi propia clínica. Aquí contaba con la infraestructura necesaria, al disponer de un espacio propio en el edificio que antiguamente era la vivienda y el taller de carros de mis abuelos, y que hasta ahora albergaba la peluquería de mi madre. Es una gran ventaja, aparte del gran apoyo de mis padres, que me han animado en todo momento desde que empecé a dar vueltas a la idea de volver”, explica.

El pasado 15 de septiembre abrieron las puertas del nuevo centro, totalmente reformado y que cuenta con tres plantas. La peluquería, sala de estética y consulta de fisioterapia se encuentran en la planta baja, perfectamente separadas, tal y como marca la normativa. A todo ello se añaden dos alturas más, amén de la envidiable vista al puente de Ayllón desde la enorme sala de la buhardilla, a la que Ángela espera dar uso para ofrecer cursos, clases de pilates y dotarla de máquinas destinadas a la recuperación del paciente.

Con este espacio puedo plantearme trabajar como me gusta y hacer los cursos que quiero”, comenta Ángela. “No dejo de formarme, y además de realizar los tratamientos habituales, empleo otras técnicas como la punción seca o la osteopatía, disciplina de la que estoy realizando actualmente un máster en Madrid”. Rosa, por su parte, tampoco se queda estancada; sabe que es importante reciclarse y por eso hace cursos de peluquería y estética para estar al día de las últimas novedades.

Desde que abrieron están a tope; reconocen que la gente ha respondido muy bien, tanto la que ya acudía a la peluquería desde todos los puntos de la comarca, como los que llegan atraídos por la nueva clínica de fisioterapia. La actual pandemia les impide atender a más personas, pero tienen claro que deben ser responsables por su salud y la de sus clientes, para lo que emplean todas las medidas de higiene y seguridad necesarias. Ambas saben de la importancia de dotar de servicios a la población en el medio rural. Por eso, las dos están convencidas de que ampliando la oferta en su local contribuyen de forma muy positiva a que la calidad de vida aquí mejore. De hecho, en un futuro no muy lejano les gustaría ofrecer servicio de podología y, por qué no, trabajar con un profesional en apoyo y terapias psicológicas.

Rosa afirma que este proyecto no habría sido posible sin la ayuda del grupo de acción local de la comarca Codinse, del que ha recibido una ayuda de los fondos europeos Leader, y de su marido, Santo, siempre positivo con la idea de emprender.