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Otro de los sectores que s eha visto afectado enormemente con la llegada del Estado de Alarma por el covid-19 es el de la agricultura, y en la zona de Cuéllar, son los productores de patata agria los que ponen de relieve su compleja situación. Este tipo de patata es la más demandada por la hostelería: su calidad en la fritura la hacen la preferida para las cocinas de los restaurantes, y con el cierre temporal de todos ellos, los productores de patata no dan salida a miles de kilos de cosecha. Así lo cuenta Víctor Manuel Alonso, alcalde de Lovingos y productor de patata agria.

Este tipo de patata se diferencia de la francesa en que “fríe muy bien”; “su calidad es mayor, y aunque esta sea más fea por fuera, su estética no tiene que ver con su calidad”, recalca Víctor. Castilla y León se ha juntado con 9.000 toneladas de patata de este tipo, de los que una parte es de la zona de Cuéllar, sin salida por el parón del mercado. Así, Alonso decidió realizar un vídeo demostrativo para difundir en redes: muestra la calidad de la patata y su fritura final comparada con una patata francesa, lo que deja en muy buen lugar a su producto. El objetivo final es que el comprador pida esta patata en su supermercado. Es la apariencia la que la deja  fuera de los lineales: es más grande y suelta algo de polvo al llegar a casa, puesto que se vende en seco después de cribarla. Sin embargo, su calidad no tiene parangón, además de su procedencia: nacional.

Víctor ManuelAlonso explica que entre los productores de la zona han iniciado un movimiento común que  ha comenzado con un contacto con la Asociación de Supermercados de Castilla y León. Ahí se encuentran cadenas como Gadis, Froiz, Dia, Mercadona, Alimerka y superficies que pueden ayudar a dar salida al producto, y parece que la predisposición es buena. Igualmente, se han sumado a la plataforma de la Junta de Castiilla y León que da salida a producto excedentario en la comunidad. Afirma que es una buena iniciativa pero “va muy despacio”; necesitan rapidez porque las campañas no paran. La siguiente está a punto de comenzar, con más del 90% sembrado y con mucha incertidumbre: “no sabes si apostar por algo que tiene ciclos tan largos, esto no es algo inerte, así que nos toca arriesgar”, reconoce el agricultor. Se suma a esto que la recolección, en octubre, pueda coincidir con ese hipotético confinamiento de una segunda oleada: “un producto que se saca a mano no tendría quién lo sacara, no nos quedaría más remedio que dejarlo en la tierra”, indica.

La situación actual y el futuro más próximo son inciertos, pero está en la mano de los supermercados y de los consumidores elegir la patata agria; su máxima es que estos encuentren en los lineales la patata nacional agria, que además es símbolo de calidad en la mesa.  Los productores continúan reclamando un sitio para su producto, a la vez que difunden vídeos y muestras de cómo queda una patata frita nacional. A la espera, continúan trabajando en su labor, el campo.