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Rosario de Antorchas en la pradera de El Henar, en Cuéllar. / C.N

Parecía que nunca volvería a verse la bella estampa de la pradera de El Henar únicamente iluminada por velas, pero llegó. Tras dos años de ausencia de eventos litúrgicos de este tipo, ayer tuvo lugar el Rosario de Antorchas, una tradición que para cuellaranos y devotos de la Virgen de El Henar es cita ineludible en el calendario. Su fecha original, el pasado septiembre, solo contó con un sencillo acto en el interior del templo. Sin embargo, la mejora de los datos de la pandemia y la relajación de medidas restrictivas animó al Rector y las hermanas samaritanas a celebrar esta procesión en el mes del rosario. 

Como ya explicó Carlos García, rector del Santuario, octubre es el mes del rosario desde la batalla de Lepanto, donde este cobró una vital importancia; el papa Pío V rezó el rosario durante toda la batalla y el ejército cristiano resultó vencedor. Aprovechando los lances de la historia, la ocasión era perfecta para poder recuperar esta tradición, más si cabe en un año tan importante para la Virgen, el Año Jubilar Henarense. 

El público estaba ansioso por recuperar esta actividad. Con la luz de la tarde todavía vigente pero ya cayendo, comenzó un rosario menos multitudinario que en otras ocasiones pero con buen acogida. La cruz encabezó el rosario y las palabras del rector iniciaron este camino: “Volvemos a reunirnos después de dos años sin celebrar esta bella tradición, y lo hacemos para agasajar a la Virgen”. Carlos García, rector del Santuario, recordó el intenso dolor vivido estos dos años por la pandemia; “vamos a poner a los pies de la Virgen todo ese dolor, recojo como sacerdote todas vuestras peticiones y las elevo al cielo”, imploró.

Cánticos y rezos acompañaron este camino que rodeó la pradera formando un río de luz que llevaba dos años sin contemplarse. Los fieles respetaron en todo momento las medidas sanitarias vigentes: el uso de mascarilla y un mínimo de distancia entre ellos para evitar contacto. Se cumplió con rigor y con la emoción de volver a celebrar este acto. La temperatura, aunque más baja que durante el día, acompañó en la velada. Los devotos acudieron preparados para este intenso camino que culminó delante del templo, como es costumbre.

La salve volvió a resonar frente a la escalinata del Santuario, con decenas de velas iluminando la imagen de la Virgen en su fachada. No podía ser de otra manera, que en este Año Jubilar Henarense, la luz de los fieles fuera protagonista. El camarín de la Virgen permaneció abierto momentos después tras la procesión para que los fieles visitaran la imagen.

Se suma así una actividad más dentro del programa de actos, muy vivo y que se va engrosando a medida que la situación epidemiológica va mejorando.