Con el Ochavo de Cantalejo se designa a una entidad comarcal formada por las localidades de Aldealcorvo, Aldeonsancho, Cabezuela, Cantalejo, Fuenterrebollo, Rebollar, Sebúlcor, San Pedro de Gaíllos y Valdesimonte. Representa una parte de la Comunidad de Villa y Tierra de Sepúlveda. A pesar de su denominación, la Comunidad de Sepúlveda se distribuye en seis ochavos. Como el resto de comunidades de villa y tierra castellanas, la sepulvedana nació en la Edad Media. En ese tiempo, entre el siglo XI y XII, surgieron en la meseta hasta 42 organizaciones similares ligadas a la colonización del territorio entre el río Duero y el Sistema Central.

En la actualidad estas entidades permanecen como organizaciones supramunicipales reguladas por unos estatutos refrendados por la Administración regional para mantener su esencia tradicional. Tanto el Estado como la Comunidad Autónoma han permitido que se mantenga la organización y funcionamiento de estas comunidades de tierra “rigiéndose por sus normas consuetudinarias o tradicionales, o por lo dispuesto en sus respectivos estatutos”. Por supuesto, han perdido muchas de las competencias que tuvieron en sus inicios. Han servido de base para otras distribuciones, como las de los partidos judiciales. Algunas han reorganizado su estructura interna para hacerla más democrática; otras la mantienen igual que hace siglos.

En todo caso, esta lejana y poco operativa división geoadministrativa sigue vigente en parte. Constituye una referencia para los habitantes de esos pueblos, que conservan un espíritu de pertenencia más o menos arraigado. Tanto vecinos como autoridades locales apelan a esa pertenencia cuando sienten la necesidad de organizarse en entes supramunicipales para buscar recursos o servicios que los ayuntamientos por sí solos no pueden prestar, y que otras administraciones superiores tampoco atienden por considerarlas lejanas.

Cuentan con funcionarios como secretario o interventor de habilitación de carácter nacional. Y tienen parangón con las comarcas, otra figura de más o menos arraigo social en otras zonas españolas.

Pero volviendo a Segovia, y a la Comunidad de Sepúlveda, el de Cantalejo suponía el Ochavo de mayor actividad económica y social, y por tanto, el que aportaba más ingresos para las arcas de la Comunidad de Villa y Tierra. Demográficamente también ha sido el que menos sangría poblacional ha experimentado en los últimos siglos. A pesar de todo, esa grave tendencia decreciente planea sobre toda la zona.

La amenaza de despoblación conlleva la pérdida de todo lo que lo rodea. Por ello resulta importante poner en valor la riqueza que representa su patrimonio arquitectónico, el ambiental, lo cultural y la historia que todavía atesoran sus pueblos. En cada uno de ellos se intentan mantener esbeltos sus edificios religiosos de diferentes épocas y estilos.

Destacan iglesias y ermitas románicas, como la de San Pedro de Gaíllos o la de la Virgen del Pinar de Cantalejo, y lugares con gran relevancia histórica y artística como el Convento de Nuestra Señora de los Ángeles de la Hoz de Sebúlcor, donde residieron temporalmente los Reyes Católicos; parajes de singular valor ambiental como los Porretales de Cabezuela, las lagunas de Cantalejo y las de Fuenterrebollo, o toda el área del Parque Natural del Duratón y su entorno de bellas formaciones geológicas.

Los ríos que pasan por esta zona, como el Duratón o el Cega, forman los límites de este ochavo. El Marijave o San Juan fueron también el principal motor o corazón para numerosos molinos que estuvieron funcionando durante siglos.

La variedad paisajística de todo este ochavo permite disfrutar, a lo largo del año, de distintos ambientes y contemplar extensos pinares resineros, encinares, robledales, alamedas o choperas que surtieron de recursos y actividades económicas a su población.

También representaron importantes aportaciones económicas para muchos ayuntamientos, los mismos que hoy están condenados a vivir de las ayudas que les llegan de las administraciones superiores. Hace siglos las transacciones se hacían a la inversa. Los terrenos agrícolas y pastizales también sirvieron de sustento a muchas generaciones de ganaderos que han ido moldeando la historia de la comarca.

Todo este patrimonio, junto a las manifestaciones culturales o folclóricas que se mantienen, unas con más éxito que otras, representan la idiosincrasia de los pueblos segovianos, que siguen luchando por sobrevivir y por conservar este patrimonio.

Gran parte de él se encuentra en archivos o libros, otra parte está en la memoria de sus ancianos y escasos habitantes. Pero abundan también muchos ejemplos de elementos que han desaparecido, han sufrido el deterioro del paso del tiempo o simplemente han caído en el olvido.

Algunas fiestas o costumbres ya no pueden celebrarse, pero es preciso que queden reflejadas en algún soporte. Muchos edificios no pueden ya levantarse ni tienen capacidad de repetir la actividad para la que fueron construidos.

Alguien dijo que la provincia de Segovia está repleta de recuerdos y vacía de proyectos de futuro. Para que puedan definirse es preciso que los propios habitantes sean conscientes de la importancia de su entorno más próximo, del valor que tiene lo que hicieron sus antepasados, o de la belleza de algunas cosas simples.

Con este objetivo se llevan a cabo trabajos que promueven algunas administraciones, pero también iniciativas particulares, como el libro ‘El Ochavo de Cantalejo, recorrido visual por un territorio histórico’, de Florentino Descalzo y Juan Enrique de Diego, presentado ayer en el Ayuntamiento de la ciudad briquera. Con él se invita a sus habitantes a contemplar una parte de la provincia donde sus gentes representan la base principal sobre la que se asienta la oportunidad para que esta tierra siga teniendo futuro. De su responsabilidad, su sensibilidad y su capacidad depende.

Ver más artículos

Redactor jefe de EL ADELANTADO DE SEGOVIA