Fotos de Enrique del Barrio

Con el Ochavo de Cantalejo se designa a una entidad administrativa comarcal formada por las localidades de Aldealcorvo, Aldeonsancho, Cabezuela, Cantalejo, Fuenterrebollo, Rebollar, Sebúlcor, San Pedro de Gaíllos y Valdesimonte. Representa una parte de la Comunidad de Villa y Tierra de Sepúlveda. Como el resto de comunidades de villa y tierra castellanas, ésta nació en la Edad Media. En ese tiempo, entre el siglo XI y XII, surgieron en la meseta hasta 42 organizaciones similares ligadas a la colonización del territorio entre el río Duero y el Sistema Central.

El cronista oficial de Cantalejo, Francisco Fuentenebro, recuerda que la Comunidad de Sepúlveda y su Tierra “se gestó en la solidaridad impuesta por su situación fronteriza. Los sucesivos emigrantes que fueron ocupando el territorio sepulvedano se vieron obligados a organizar una defensa común frente al cercano enemigo y establecer un régimen de propiedad comunal para la explotación de su ganadería”.

La evolución administrativa posterior ha hecho que a pesar de su nombre, hayan quedado seis ochavos en la Comunidad de Sepúlveda. En la actualidad esta entidad permanece como una organización supramunicipal regulada por unos estatutos que están refrendados por la Administración regional para mantener su esencia tradicional. Tanto el Estado como la Comunidad Autónoma han permitido que se mantenga la organización y funcionamiento de estas comunidades de tierra “rigiéndose por sus normas consuetudinarias o tradicionales, o por lo dispuesto en sus respectivos estatutos”.

Por supuesto, han perdido muchas de las competencias que tuvieron en sus inicios. Pero han servido de base para otras distribuciones, como las de los partidos judiciales. Algunas han reorganizado su estructura interna para hacerla más democrática; otras la mantienen como hace siglos.

En todo caso, esta lejana y poco operativa división geoadministrativa sigue vigente en parte. Constituye una referencia para los habitantes de esos pueblos, que se conservan un espíritu de pertenencia más o menos arraigado. Tanto vecinos como autoridades locales apelan a esa pertenencia cuando sienten la necesidad de organizarse en entes supramunicipales para buscar recursos o servicios que los ayuntamientos por sí solos no pueden prestar, y que otras administraciones superiores tampoco atienden por considerarlas lejanas.

Cuentan con funcionarios como secretario o interventor de habilitación de carácter nacional. Y tienen parangón con las comarcas, otra figura de más o menos arraigo social en otras zonas españolas.

Pero volviendo a Segovia, y a la Comunidad de Sepúlveda, el Cantalejo suponía el Ochavo de mayor actividad económica y social, y por tanto, el que aportaba más ingresos para las arcas de la Comunidad de Villa y Tierra. Demográficamente también ha sido el que menos sangría poblacional ha experimentado en los últimos siglos. A pesar de todo, esa grave tendencia decreciente planea sobre toda la zona.

Y la amenaza de despoblación conlleva la pérdida de todo lo que lo rodea. Por ello resulta importante poner en valor la riqueza que representa su patrimonio arquitectónico, el ambiental, lo cultural y la historia que todavía atesoran sus pueblos. En cada uno de ellos se mantienen esbeltos sus templos religiosos de diferentes épocas y estilos. Destacan iglesias y ermitas románicas, como la de San Pedro de Gaíllos o la de la Virgen del Pinar de Cantalejo, y lugares con gran relevancia histórica y artística como el Convento de Nuestra Señora de los Ángeles de la Hoz de Sebúlcor, donde residieron temporalmente los Reyes Católicos; parajes de singular valor ambiental como los Porretales de Cabezuela, las lagunas de Cantalejo y las de Fuenterrebollo, o toda el área del Parque Natural del Duratón y su entorno de bellas formaciones geológicas.

Los ríos que pasan por la zona, como el Duratón o el Cega, forman los límites en de este ochavo. Como el Marijave o San Juan fueron también el motor o corazón de los numerosos molinos que funcionaron durante siglos.

La variedad paisajística de todo este ochavo permite disfrutar, a lo largo del año, de distintos ambientes y contemplar extensos pinares resineros, encinares, robledales, alamedas o choperas que surtieron de recursos y actividad económica a su población. Pero también fueron importante fuente de recursos económicos para muchos ayuntamientos condenados hoy a vivir de las ayudas que llegan de las administraciones superiores, cuando hace siglos las transacciones se hacían a la inversa.

Los terrenos agrícolas y pastizales también sirvieron de sustento a muchas generaciones de ganaderos que han ido moldeando la historia de la comarca.

Todo este patrimonio, junto a las manifestaciones culturales o folclóricas que se mantienen, unas con más éxito que otras, representan la idisiosincrasia de los pueblos segovianos, que siguen luchando por sobrevivir y por conservar este patrimonio.

Gran parte de él se encuentra en archivos o libros, otra parte está en la memoria de sus ancianos y escasos habitantes. Pero abundan también muchos ejemplos de elementos que han desaparecido, han sufrido el deterioro del paso del tiempo o simplemente han caído en el olvido.

Algunas fiestas o costumbres ya no pueden celebrarse, pero es preciso que queden reflejadas en algún soporte. Muchos edificios no pueden ya levantarse ni tienen capacidad de repetir la actividad para la que fueron construidos.

Alguien dijo que Segovia está repleta de recuerdos y huérfana de proyectos de futuro. Para que puedan definirse es preciso que los propios habitantes sean conscientes de la importancia de su entorno más próximo, del valor que tiene lo que hicieron sus antepasados, o de la belleza de algunas cosas simples.

Con este objetivo se llevan a cabo trabajos que promueven algunas administraciones, pero también iniciativas particulares, como el libro ‘El Ochavo de Cantalejo, recorrido visual por un territorio histórico’, de Florentino Descalzo y Juan Enrique de Diego, presentado ayer en el Ayuntamiento de la ciudad briquera. En el acto participaron también el cronista oficial de Cantalejo, Francisco Fuentenegro, que prologa la obra; y Javier de Lucas, alcalde de Cantalejo.

En el acto de presentación y en el libro se invita a los habitantes de la zona a contemplar esta parte de la provincia donde sus actuales pobladores representan la base sobre la que se asienta la oportunidad para que esta tierra siga teniendo futuro. De su responsabilidad, su sensibilidad y su capacidad depende.

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Redactor jefe de EL ADELANTADO DE SEGOVIA