Yacimiento arqueológico de Confloenta. / EL ADELANTADO
Yacimiento arqueológico de Confloenta. / EL ADELANTADO

Las prospecciones llevadas a cabo recientemente en varios términos municipales de la zona Nordeste de la provincia, cerca de Sepúlveda, ponen de relieve la importancia que tuvo la ciudad de Confloenta, y que evidencian las progresivas excavaciones arqueológicas ubicadas junto a la pequeña localidad de Duratón, de 31 habitantes.

Hace unos días que la Comisión Territorial de Patrimonio estudió la propuesta presentada por una empresa de extracción minera dedicada a producir gravas de cuarzo y que afecta a varios municipios. Se evidenció entonces la existencia de yacimientos arqueológicos que los expertos calificaron de “reseñables”. De este modo el organismo colegiado decidió aplicar medidas correctoras de exclusión de los bienes patrimoniales del área de explotación minera, el balizado de seguridad durante la fase de explotación y el control arqueológico de los trabajos que se realicen en el entorno de estos yacimientos en la explotación minera denominada ‘Segundo San Blas nº925A’.

La prospección arqueológica relativa a este proyecto afecta a un amplio territorio, pues abarca las localidades de Barbolla, Castillejo de Mesleón, Cerezo de Arriba, Cerezo de Abajo, Duruelo y Sotillo. Y tendrá que volver a ser sometido a revisión en la Comisión Territorial con un Estudio de Impacto Ambiental. De hecho, los informes técnicos revelan que los trabajos de extracción minera podrían afectar a dos vías pecuarias de la zona: la Cañada Real Segoviana y el Cordel del Cogorrón.

En Castillejo de Mesleón se han encontrado restos de la ermita vinculada al despoblado de Aldibáñez, una aldea de la que se tienen referencias del siglo VI y que se denominó Aldea de Esteban Ibáñez o San Juan de Aldibáñez, situada a un kilómetro de Castillejo. También se han localizado yacimientos inéditos tardoantiguos y de la Alta Edad Media.

En Duruelo han hallado dos yacimientos inéditos de la época tardoantigua y Alta Edad Media; y en Sotillo se han descubierto un yacimiento tardorromano, otro bajomedieval y un enclave despoblado documentado desde el año 1247. Junto a estos restos, desde Patrimonio se indicó la existencia de varias vías pecuarias que también ponen de manifiesto el complejo de comunicaciones que pudo existir en el entorno.

Las primeras impresiones del arqueólogo territorial, Luciano Municio, apuntan a que podría tratarse de restos correspondientes a pequeñas aldeas diseminadas en toda esta zona, con una antigüedad comprendida entre los siglos V y X, tras la decadencia del imperio romano, la nueva expansión visigoda y el cambio de régimen económico de la época, paralelos a la historia de Confloenta.

Pudieron ser pequeños poblados “autosuficientes” o que lo intentaban. Pero lo más probable, según Municio, es que estaban bajo la influencia de Confloenta o Ciudad de Duratón, sobre la que existen investigaciones más avanzadas, pero aún en marcha.

Y es que Confloenta, es, desde hace pocos años, una caja de sorpresas y todo un filón para los arqueólogos. Se trata de una antigua ciudad romana que, a pesar de quedar casi olvidada hasta el pasado siglo XX, los restos de este enclave han sido puestos en valor de forma reciente. Tras numerosos expolios, las investigaciones se reiniciaron en el siglo XVIII. Posteriormente se llevaron a cabo las excavaciones de la necrópolis visigoda y estas investigaciones dieron paso en 1947 a la realización de sondeos en lo que es la ciudad romana. En consecuencia, se han considerado los hallazgos como una auténtica ciudad romana, es decir, la tercera de la actual provincia de Segovia.

El director de las intervenciones arqueológicas de Confloenta es Santiago Martínez Caballero, director del Museo de Segovia y especialista en la Historia Antigua de la ciudad. El proyecto Confloenta nació en 2017 a partir de una investigación sobre las ferias de ganado y trashumancia. En la última campaña de excavaciones, el director de estos trabajos volvió a destacar la importancia de este enclave. Según los informes hay claros indicios de que se enfrentan a una ciudad planificada y ordenada a cada milímetro, y que pudo albergar a una población de unas 5.000 personas.

Martínez destaca la importancia de una urbe como Confloenta por su “gran valor histórico” y su relevancia al no existir ninguna construcción encima de ella, algo que no sucede con Segovia o Coca. Por tanto, “se puede estudiar completa y su excavación nos puede dar mucho conocimiento del periodo romano en la provincia”. Los habitantes de Confloenta se dedicaban a la agricultura y ganadería, pero también al sector comercial. De hecho, se trata de un nudo de comunicaciones, a los pies de Somosierra, que unía Complutum y Clunia, que también se correspondía con una cañada que se transforma en la época medieval en la Cañada Real Soriana Occidental. Confloenta estuvo habitada hasta principios del siglo VIII, fecha en la que se produce la invasión musulmana y toda su población emigra a Sepúlveda.

Crece la demanda de arena, la primera materia prima mundial

Con el fin de proteger el patrimonio cultural que pudiese existir en un terreno, la legislación obliga a realizar previamente una prospección arqueológica o paleontológica en esa zona. Es un trabajo al comienzo de cualquier intervención y sirve para descartar que ésta pudiese dañar dicho patrimonio, o proponer en su caso medidas correctoras o limitantes a la intervención.

En la provincia de Segovia, donde existen numerosos recursos mineros, algunos de los cuales se están explotando desde hace años, cobra más interés este tipo de actuaciones que tratan de compatibilizar ambas actividades. De hecho Segovia es la provincia española de mayor producción de feldespato, un material que además de servir para variados procesos industriales en España, también se exporta al extranjero.

Después del agua, los llamados áridos (incluyendo aquí arenas, gravas y otros materiales naturales procesados por machaqueo) son la materia prima que se consume en mayor cantidad en el mundo. Según un informe del Observatorio Global de la Arena, una iniciativa conjunta del Programa Ambiental de las Naciones Unidas y del Programa Global de Identificación de Riesgos (Global Sand Observatory Initiative, UNEP-GRID), en las dos últimas décadas se ha triplicado en el mundo el consumo de áridos. Como ocurre con otros recursos naturales, se han alcanzado unos niveles muy elevados de consumo. Y la demanda de estos materiales previsiblemente seguirá creciendo en las próximas décadas.

Segovia no es ajena a ello y por este motivo también se buscan nuevos yacimientos donde poder extraer materiales cuyo valor económico sigue en alza.

Algo más de la mitad de los recursos que se extraen van encaminados, fundamentalmente, a cubrir la demanda del sector de la construcción. Como indicador relativo, el consumo de estos materiales es diez veces superior al del cemento. Sin embargo, aunque ese es el sector de mayor consumo, no es el único. Hay otros ámbitos industriales y tecnológicos que requieren este recurso. Tiene aplicaciones en la producción de vidrio y cerámica, la electrónica, la pintura y los tratamientos superficiales, el tratamiento de aguas, la extracción de gas e hidrocarburos, la fundición y obtención de metales, cosmética, ocio… usos que requieren estos materiales con unas características y una calidad mucho más restrictivas que en el caso de la construcción. No solo se utiliza directamente como material particulado, sino también como fuente de elementos como el silicio, titanio y las llamadas tierras raras.

Dentro de este tipo de minerales, la producción de feldespato, en las provincias de Segovia y Salamanca genera al año 25,2 millones de euros de producción, muy lejos de los nueve millones que genera la venta del cuarzo desde Ávila, León, Salamanca y Zamora. El tercer mineral de mayor peso en Castilla y León es el wolframio, que se produce en Salamanca, donde genera alrededor de un millón de euros. También se extraen otros minerales metálicos en menor cuantía, como ocurre con las arcillas especiales (más de 10.000 toneladas de bentonita en Segovia) y 59.000 de atapulgita también en nuestra provincia; más de 200.000 toneladas de caolín en Zamora, de las que 150.000 son caolín lavado; o casi un millón de glauberita obtenida en Burgos.

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Redactor jefe de EL ADELANTADO DE SEGOVIA