Alumnos de ESO del IES Cauca Romana escuchan atentamente las historias de las cinco mujeres. / E.A.
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Varios estudiantes de ESO del IES Cauca Romana asistieron el pasado lunes a una mesa redonda organizada en colaboración con la asociación cultural ‘Los Azafranales’ con motivo del Día Internacional de la Mujer. Cinco mujeres pertenecientes a generaciones diferentes compartieron sus vidas destacando la transformación del papel de la mujer en la sociedad durante las últimas décadas.

El desarraigo marca la primera de las historias. Se oye la voz de una mujer que forma un hogar en el exilio, que cuida del primer y único hombre del que se enamora, que da vida a dos mujeres, que regresa a su país cuando la Dictadura agoniza y rehace su historia. Es el eco de las (bis)abuelas y el testimonio de la tenacidad y la fortaleza en tiempos revueltos.

La posguerra envuelve el segundo de los testimonios. Perteneciente a una familia numerosa, asiste a un colegio en el que la educan para ser una buena ama de casa. A los 14 años se va a Madrid a servir, pero nunca renunciará a su sueño de ser peluquera. Volverá a Coca y verá cumplidas muchas de sus ilusiones. Sacará adelante a sus tres hijas y seguirá luchando para que sus nietos hereden un mundo mejor. “Mi abuela nunca se ha derrumbado”, dirá su nieto Manuel. Su abuela representa la resiliencia y la perseverancia de la generación del medio siglo.

La tercera ejemplifica la apertura y la oportunidad. Su relato sirve de puente, da paso a un nuevo tiempo. Es una historia de amor y dedicación a su marido y a sus hijos en la juventud. Es, después, el orgullo y la satisfacción de sentirse realizada académica y laboralmente en la madurez. Insiste en que no hay plazos ni límites cuando se trata de aprender y de superarse. Conoce bien a los adolescentes, ya que ha trabajado durante años con ellos y les alienta para que el respeto por los demás sea su bandera. Ahora está jubilada, pero asegura que sigue trabajando pues no concibe un camino sin andar.

La penúltima representa la libertad y la modernidad de los años 80. Es la España de ‘La Movida’. Estudia en un ambiente en el que ya no se separa a los estudiantes por sexo, disfruta de su juventud con independencia, pero también con responsabilidad. Se casa y tiene dos hijos de los que se siente orgullosa, pues el brillo de sus ojos así lo evidencia, aunque apunta que no viven actualmente en la localidad. Su tono se oscurece cuando habla de la enfermedad de su marido. Es el retrato de una mujer que recuerda que las batallas no son solo sociales, sino que también se libran en el corazón.

Finalmente, la última de ellas es presente y esperanza. Describe sus estancias en el extranjero, la decisión de vivir aventuras primero y, más tarde, estudiar. Hechiza hablando de experiencias y lugares y anima a formarse, a salir, a vivir. Es consciente de todo lo que se ha avanzado pero se muestra temerosa con su próxima incorporación al trabajo. Ha sido madre hace cinco meses y con ternura comenta que, para llegar a la conciliación y a la igualdad entre hombres y mujeres, aún queda mucho por hacer.

Son cinco ejemplos, cinco mujeres que a diario contribuyen al avance de la igualdad entre sexos. No tienen nombre porque ellas somos todas. El feminismo es un movimiento intrahistórico, hereditario, silencioso, pacífico que no pretende ir ‘en contra’ sino ‘con’. Es necesario agradecer a todas estas y aquellas mujeres todo lo luchado, todo lo conseguido pero también es preciso valorar el papel de los hombres que se esfuerzan para que la igualdad sea pronto una realidad.