Pase de pecho del diestro Cristian Escribano, con el segundo toro de la tarde de la ganadería de Cebada Gago. / A.M.
Pase de pecho del diestro Cristian Escribano, con el segundo toro de la tarde de la ganadería de Cebada Gago. / A.M.

Por fin saltaron al anillo cuellarano los esperados toros de Cebada Gago, una ganadería comprada para la feria que no se pudo celebrar en 2020. Astados serios, astifinos y encastados, que resultaron ser trenes de media velocidad. En cada estación, a excepción de los dos primeros y el último, pidieron el billete. No hizo falta revisor. Lo más destacado llegó con Cristian Escribano, que firmó una tarde importante, con balance de una oreja, y que terminó empañando con los aceros. Buena prueba para el madrileño que se encuentra en un camino de madurez en el que está mudando la piel para lidiar este tipo de toros. Por otro lado, Alberto Lamelas y Miguel Ángel Pacheco evidenciaron carencias ante la exigencia de sus lotes, aunque el gaditano pudo desquitarse con el último al que le cortó una oreja.

Escribano, paso firme

Serio de expresión, con cuello, tirando a astifino y montado fue el primero del lote de Escribano, que estuvo en lidiador en los primeros tercios. Lo toreó sin mirarle el hierro y como si fuera bueno. Digna faena que brindó al diestro cuellarano Javier Herrero, ausente en la feria. Actuación de más a menos en la muleta, en la quizás sobraron los excesivos molinetes de colocación en el inicio de las tandas. Oreja a una firme actuación.

Genio tuvo el quinto, pero cayó en suerte en el momento que atraviesa Escribano. Torero curtido a esperar en próximos compromisos. Llevó largo a otro toro exigente, astifino y bien proporcionado, tirando de un valor seco sin amedrentarse en ningún momento. Emborronó la faena con los aceros, que a punto estuvo de escuchar los tres avisos.

‘Glorificado’, por el pregón

Salió ‘Glorificado’ a la hora en que la Plaza Mayor de Cuéllar tenía que ser una marejada de gente y un río de vino Don Simón, colorante y Varón Dandy. La presentación de ese toro cárdeno claro fue el mejor sustituto posible del grito del pregonero cuando entona el “¡Cuellaranos, a por ellos!”. Bonito a la par que exigente, puso los pitones en la chaquetilla al segoviano Víctor Pérez tras parear con oficio. Su casta fue una lija para la muleta de Lamelas, que no consiguió hacerse con él. Cada mirada, un espejo de peligro.

El que abrió plaza, de nombre ‘Carcelero’, entró por primera vez al peto del caballo más cerca de toriles que en la querencia. Entre rejas. A poco, mejor vara fue la segunda, pero no sirvió para enderezar al toro. En la muleta se vino vertical al pecho de Lamelas, en una actuación en la que cuando lo trasteó sobre las piernas limó las asperezas que fueron la tónica predominante del comportamiento del ejemplar de Cebada Gago. Hubo dos muletazos, cuando le bajó la mano, que transmitieron de verdad al público. Tampoco le dejó entrar en la suerte suprema y su labor fue ovacionada.

Pacheco, de sainete a oreja

Bravo en el caballo fue el burraco en negro con el que se llegó al ecuador, bien presentado, astifino y con mazorca. No se dejó ganar la partida en banderillas y salió con la cara alta en la brega. Encastado dejó a un rígido Pacheco sin ideas, que estuvo por debajo de un ejemplar que si cae en otras manos posiblemente hubiera desarrollado motor. Vio dos guadañas entre sus muslos y tragó saliva al ver que no caía. Se hizo más pesado que un viaje en Blablacar.

Algo más acoplado estuvo el gaditano con el acucharado último, un toro más chico de cuartos traseros que tuvo nobleza. Fue mal picado, pero le valió a Pacheco para ganar en confianza, que después del sainete con el primero de su lote cortó una oreja. Paseó el trofeo, mientras la Banda de Música tocaba la jota del ‘A por ellos’. Sin duda, volver a escuchar a Cuéllar cantar su himno fue de lo más destacado de la tarde.

Ficha

Plaza de toros de Cuéllar (Segovia). Primera de feria.  Dos tercios del aforo total. Toros de Cebada Gago, bien presentados. El primero, el segundo y el tercero se dejaron, mientras que el resto del envío evidenció un comportamiento encastado -en líneas generales-.
Alberto Lamelas, ovación y silencio.
Cristian Escribano, oreja y silencio con dos avisos.
Miguel Ángel Pacheco, silencio con aviso y oreja.

Fotografías