Mucho campo y poco pueblo en el último encierro

Broche final complicado y sin toros, en el que tres astados tuvieron que ser sedados

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El encierro campestre de ayer podría sin duda calificarse como complicado y dificultoso. Sin duda, fue el más problemático de los tres que se han celebrado en la localidad carbonerense.

Los espectadores de este vistoso encierro celebrado en el campo, esperaban poner la guinda a unos días de fiesta, diversión y algarabía con una mañana de campo y toros, ya que las fiestas de Carbonero el Mayor en honor a la Virgen del Bustar tocaron anoche a su fin.

El encierro dio comienzo a las nueve y media de la mañana, y los animales salieron, como cada día, desde los corrales del Prado de Valdecuéllar. Nada más comenzar, uno de los astados se desvió totalmente del recorrido. A pesar de que fue imposible recuperar la trayectoria del animal, el correcto control de caballistas y organización hizo que el animal fuera dormido y no causara ningún daño.

Tras los corrales, el recorrido avanzó por el despoblado de Fuentes y los Charcones, tras un ascenso hasta ‘La Muela’. En este punto el terreno vuelve a descender para ir aproximándose hasta el embudo y comienzo del tramo urbano.

Los tres toros avanzaron hermanados hasta la zona previa a ‘La Muela’. En este punto hay una zona de descanso, y fue allí donde dos de los tres animales se disgregaron y separaron del grupo.

Estos otros dos astados también fueron controlados en todo momento por el gran equipo que está alrededor de la seguridad de los encierros. Éstos, al separarse demasiado del recorrido, también tuvieron que ser sedados.

Solamente el último toro ofreció la bella imagen del descenso de ‘La Muela’ aproximándose a la zona urbana. Eran muchos los carbonerenses que esperaban con paciencia a que los toros llegasen al embudo y al tramo urbano, sin embargo solo uno lo consiguió finalmente.

Sin embargo, esta alegría no duró demasiado, ya que nada más llegar a la zona asfaltada, el toro se desplomó en el suelo, presumiblemente con una fractura en la pata trasera.

El animal tuvo que ser trasportado con un tractor con pala porque fue imposible que el toro se pusiera en pie.

En un principio se planteó la posibilidad de llevar a los becerros de vuelta, pero finalmente los toros escapados también fueron dormidos.

La decepción de todos los que esperaban disfrutar de la entrada de los astados a la plaza pudo ser parcialmente mitigada con la suelta de varios toros para que los mozos corrieran frente a los animales dentro del tramo vallado.

Con un castillo de fuegos artificiales y un espectáculo flamenco los carbonerenses pusieron el broche final a unos días de fiesta cargados de diversión.

Habrá que esperar hasta las próximas fiestas para disfrutar de este y otros espectáculos taurinos, que forman parte de la tradición festiva de Carbonero el Mayor.