Fachada del Ayuntamiento de Cerezo de Abajo, en la plaza de la localidad. / el adelantado
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“En la frondosa entrada del camino del Cerezo…”, así comenzaban muchos de los libros que contaban la historia del municipio segoviano de Cerezo de Abajo hace 300 años, un elemento que quieren retomar vecinos a través de la reforestación de especies autóctonas para luchar contra la despoblación rural. El paisaje no es el mismo que antaño, según informa Efe, pero este pueblo de Segovia, de 121 habitantes, ha iniciado un proceso de reforestación de especies como fresnos, cervales u olmos a través de micromecenazgos y donaciones, para “fomentar la recuperación del entorno y rescatar las tradiciones de uso de los árboles”, ha señalado el concejal del Ayuntamiento Esteban Puigpinos. “Debemos plantar con sentido especies que sean del entorno para recuperar la fauna y la flora”, ha afirmado Puigpinos, porque “queremos revertir la población comenzando por lo más importante: el medioambiente”.

Uno de los objetivos es tener un espacio de, aproximadamente, tres hectáreas para la recuperación de especies autóctonas, generar huertos y fomentar la ecología, ya que la recogida de leña, la ganadería o la agricultura son oficios que se han ido perdiendo con la despoblación rural, pese a ser los “motores de los pueblos, sin los que no se avanza”, señala. “Intentamos que Cerezo vuelva a ser un pueblo”, fomentando sus valores medioambientales, y conseguir “pueblos sostenibles” porque la ausencia del agua, el cambio climático, y el tiempo extremo “afecta cada vez más a la gente y al entorno”.

Árboles “simbólicos”, como el olmo, se han perdido llegando a estar en peligro de extinción por la enfermedad fúngica de la grafiosis, con un escarabajo como vector, cuya larva se incuba entre la corteza y la madera del árbol, cortando el paso de la savia y matando cada ejemplar.

Frente a este problema, Cerezo de Abajo ya ha plantado quince “olmos resistentes” a esta enfermedad para “regenerar el arbolado y recuperar su historia”, y 150 árboles de otras especies como fresnos o cervales pensando en la producción maderera o de frutos.

Puigpinos pretende que Cerezo sea un “referente” para pueblos de la zona y considera que “es necesario comenzar por compartir experiencias”, y a partir de ahí, alcanzar voluntad económica por parte de administraciones y gobiernos, “o empezamos a trabajar conjuntamente o no vamos a hacer nada”, señala.

La idea del proyecto entrelazó los caminos de los concejales del Ayuntamiento y las asociaciones vecinales del municipio, como ‘Emprende mi pueblo’, que aunaron esfuerzos para comenzar la reforestación con personas con distintas especializaciones de la localidad, como Miriam y Mariu. La primera, publicitaria de profesión, comenzó un proyecto que requería madera de olmo, lo que inició su preocupación por la ausencia de ejemplares en el municipio y en España, debido a la grafiosis, motivo por el que contactó con su amiga Mariu, ingeniera de montes por la Universidad Politécnica de Madrid (UPM).

Para traspasar este “marco teórico”, se fomentan actividades como construcción de casas nido, sendas nocturnas o astronomía, para llevarlo a la práctica porque “tenemos que aprovechar que estamos en un pueblo y puedes ver cosas que no hay en todas partes”.