Mari Carmen y María Henar en su bollería, rodeadas de sus productos. / C.N.

Si hay un lugar con historia gastronómica en la villa de Cuéllar está en la calle San Pedro, número 18. En pleno corazón de una localidad llena de tradiciones se emplaza Bollería Helio, lugar de “dulce” referencia para todos los cuellaranos, pero sin duda para los vecinos de la comarca, visitantes, y cada vez más público de toda la península gracias a las redes sociales. Mari Carmen Pascual y María Henar Iglesias son las artífices de una amplísima variedad de pastas, bollos y dulces totalmente artesanos; su saber hacer transmitido de la generación anterior y su pasión por la profesión dan como resultado Bollería Helio, con más de 70 años de historia a sus espaldas.

— ¿Cómo y quién empieza con el negocio?
—Empezamos en 1949, empezó mi padre (habla María Henar), él lo fundó cuando vino de la mili porque su padre ya era panadero. Empezó con la panadería y más adelante, cuando vio que la vida de panadero era muy dura, empezó con la bollería, las magdalenas, las pastas… y desde entonces no hemos parado. Era negocio familiar así que ayudaba toda la familia y llegó a tener hasta una decena de obreros; ahora somos tres.

— En ese momento habría más competencia en Cuéllar.
—Él estuvo con su hermano, después cada uno fue por su lado, pero mi padre desde el primer día estuvo, primero dedicado al pan, luego a la bollería. Además antes las mujeres venían al obrador a cocer en el horno de leña, en las matanzas y en la Semana Santa, para guardar en sus cestos.

— ¿Cómo ha ido evolucionando el negocio de la bollería?
—Pues ahora se hacen muchas cosas que antes no se hacían: las ciegas, los florones, las hojuelas… todo eso no se hacía aquí. Siempre ha existido pero nosotros no lo hacíamos, hemos empezado nosotros, y ahora hay de todo, todo el año. Está más repartido, eso sí, porque antes todo iba por épocas.

Ahora vendemos todo el año y además, mucho por teléfono. Tenemos clientes en San Sebastián, Barcelona, Tarragona, Málaga.

— ¿Es gente que os conoce por cercanía?
—Es gente que ha vivido cerca, o que viene a visitar a los abuelos, o que ha venido de vacaciones y nos ha conocido. También ha tenido mucho que ver salir en la televisión: el año pasado salimos en ‘Aquí la Tierra’, de TVE, y nos conoció muchísima gente. Ayer nos llamaron de Teruel porque nos habían visto. El pasado abril vendimos mucho porque se nos dio a conocer así, y en plena pandemia, cuando la gente solo se podía mover por Castilla y León, también. Vendimos muchas rosquillas.

— Tenéis muchos clientes de fuera, pero también muchos cuellaranos, ¿qué tipo de comprador es el de Cuéllar?
—Pues hay de todo. Hay gente mayor, de la de toda la vida, que compra de siempre. Pero hay mucha gente joven que viene: si es su cumpleaños, lleva una caja de pastas a la oficina, a la fábrica… o para meriendas, cuando se juntan, se llevan cajas enteras. Ahora que llega la carrera de La Chuleta, igual, cajas para el postre. También hay mucha gente de los pueblos de alrededor.

— Y el turismo, siendo un lugar de referencia gastronómica, ¿es abundante en la tienda?
—Sí, sobre todo los fines de semana. Lo que es turismo que viene a conocer Cuéllar, vienen a ver qué se pueden llevar, qué es lo típico. Por eso abrimos los domingos. Aquí les explicamos, y cuando les preparas una caja de pastas se llevan más para los familiares. Los que vienen a casas rurales vienen a por el pan y ya se llevan pastas.

— Estamos en plena Semana Santa y es típica la colación, y si hay un lugar de costumbre donde comprarla, es Helio. Contadnos qué es la colación y qué lleva.
—La tradición es que el domingo de Pascua se lleva la colación, una “merienda pequeña”, según el diccionario. Antes se llevaba en una cesta de mimbre, y se llevaba una rosquilla de palo, una de yema, la magdalena, el bollo de polvo, uno duro, un bocadillo de chorizo y el huevo pintado para cumplir con “rodar el huevo”, otra tradición cuellarana. Se ha perdido mucho, no se ha inculcado tanto en las casas, pero siempre quedan familias haciéndolo, y que además llevan el huevo de chocolate, que eso antes no existía. Ahora también se hace lunes y martes, pero es una pena, porque cogemos ideas de Halloween, que no son nuestras, y dejamos perder lo de aquí.

— ¿Cuáles son los productos estrella?
—Las magdalenas, sin duda, pero también las rosquillas de yema, la pasta de piñón, de almendra, los mantecados de polvo y el bañado. Las ciegas y las hojuelas , también; en Carnaval hemos mandado más de 100 kilos de hojuelas a Solares, en Cantabria, para una comida popular: la “Cachojuela”. Igualmente, la pajarita, que también va en la colación.

— ¿Qué pensáis de toda la bollería industrial que se vende a la mitad de precio en grandes superficies?
—Que qué se está metiendo al cuerpo la gente. Compran bolsas de mucha cantidad de magdalenas, por ejemplo, y te dicen que es que para los niños es más económico… compran más por menos precio, pero es que esto es artesano, es bueno.

— ¿Cómo os han ayudado las redes sociales?
—Muchísimo. En pandemia parece que la gente lo veía y pedía, hicimos muchos pedidos cuando la tienda bajó tanto. Veían en Facebook las fotos y hacían un pedido, nos ha ayudado mucho.

— Pregunta obligada: cuando vosotras ya no continuéis, ¿alguien continuará con el negocio?
—No pensamos tan lejos. La descendencia que hay… no va a continuar. Da pena, porque nos gusta mucho, pero no hay otra. Y es que esto es muy duro, hay que madrugar mucho, nos levantamos a las cinco de la mañana, y con pedidos como el de Solares estamos hasta las nueve de la noche; es duro, aunque normalmente por la tarde es más relajado, pero es mucho trabajo, aunque bonito.