El finado, Mamerto Salamanca, párroco de Valseca./A.P.
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 A lo largo de los años, y a través de la memoria vecinal y familiar, se ha oído hablar en el pueblo del triste episodio acontecido durante un día de la fiesta de Carnaval a comienzos del siglo pasado. Un triste episodio que ha ido pasando de generación en generación parafraseado como: “el cura al que mató el aire”.

Fue un día de Carnaval, de fecha 12 de febrero de 1907, cuando el sacerdote de Valseca y Arcipreste de San Medel, Mamerto Salamanca Pérez (Segovia 1839), una vez concluido el oficio religioso y a la salida del atrio de la iglesia, sufrió el difícil desconcierto. Como consecuencia del fuerte aire, éste le envolvió el hábito y a la vez, le voló la teja. Por lo que al ir tras ella el viento le desplazó violentamente contra la pared próxima de una vivienda que hacía esquina, produciéndole una fuerte conmoción cerebral que al cabo de las horas le produjo la muerte. El suceso supuso la suspensión de la fiesta por parte de los mozos, no hubo baile, función, ni merienda, para la que el sacerdote previamente había entregado a los jóvenes unos pichones, del palomar existente en la Casa Parroquial, además de una cantidad de dinero para su divertimento.

Al día siguiente la prensa de la época se hacía eco del triste desenlace. “Profundamente contristados damos cuenta a nuestros lectores del fallecimiento, ocurrido ayer, del virtuoso, modesto y ejemplarísimo sacerdote, don Mamerto Salamanca, Arcipreste de San Medel y Párroco de Valseca”, recogía el Diario de Avisos.

La crónica añadía, “las recomendables prendas de carácter que adornaban al finado, su inagotable caridad, y lo sencillo y bondadoso de su trato hacen que su muerte haya causado general sentimiento entre cuantos nos honrábamos con su amistad, y en especial en el pueblo de Valseca, cuyos cristianos feligreses querían y respetaban con delirio al que durante tantos años fue para ellos su párroco celoso, un sacerdote humilde y un modelo de buenos ciudadanos”. Detallando por último las causas de la muerte, “que la muerte del venerable párroco de Valseca, Mamerto Salamanca, reconoce por causa el haber sido aquel arrojado por el fuerte viento reinante contra una pared, ocasionándole una fuerte conmoción cerebral, que le produjo la muerte a las cuatro horas del suceso”.

Días más tarde, una crónica encabezada de Bernuy de Porreros, daba cuenta de más detalles de lo acontecido. ¿Por qué de Bernuy? La connotación era clara, el relato de la misma, también de El Diario de Avisos, estaba refrendado supuestamente, pues no trae firma, por el sobrino del finado, Norberto Salamanca Arranz, que en esos momentos era el párroco titular de Bernuy. Comenzaba la narración así: “Cuando a las tres de la tarde salía del templo de pedir a Dios por los que en estos días de locura tanto le ofenden, un furioso huracán hizo perder pie a tan digno sacerdote y arrojándole a siete metros de distancia chocó su venerable frente en una pared, produciéndose mortal herida, de cuyas resultas falleció a las ocho de la noche, perdiendo la Diócesis de Segovia uno de sus mejores y más caritativos sacerdotes”.

“Nada diré de las cualidades del señor Salamanca (…), solo me limitaré a anotar las sencillas palabras que al volver del humilde cementerio escuché a unas llorosas mujeres de su feligresía: “¡ya perdimos al bueno entre los buenos!”, palabras que hacen el mejor panegírico del Señor Salamanca”, añade la publicación, que destaca la imponente manifestación de duelo del acto del sepelio. Un día, en el que también el Diario, recogía la esquela del sacerdote: “Don Mamerto Salamanca Pérez, Cura párroco de Valseca y Arcipreste de San Medel, ha fallecido en dicho pueblo el día 12 de febrero a las ocho de la noche a los 68 años de edad. El RIP lo suscriben abajo: el señor Teniente del Arcipreste, su hermana, su hermana política, sobrinos y testamentarios”. Días después, el día 23, se celebró en la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de Valseca, la Novena de sufragio por el alma del sacerdote fallecido, a cargo de su sobrino, Norberto Salamanca, cura párroco de Bernuy de Porreros.

Mamerto Salamanca debía de ser un sacerdote muy bien considerado en la Diócesis, tanto que asistía y oficiaba misas en Segovia, como en la iglesia de San Clemente, la Vera Cruz y otras más. Asimismo, fue el párroco con el que se fundó en el año 1904, la Cofradía de San Antonio de Padua de Valseca y también se encargó de bendecir en el año 1906, la Venta Nueva de San Medel. A la vez que su apellido quedó entre los valsequeños, ya que su sobrina, que vino al pueblo a asistir a su tío, en la casa sacerdotal, Sebastiana Salamanca; los designios de la vida, hicieron que se casara con el valsequeño, Mariano García, ‘el tío Mata’. Un destacado y reconocido sacerdote que dejó entre sus parroquianos una huella imborrable.