Llorente: ”Abordaré los problemas que hay y los que se puedan suscitar”

El historiador cuellarano Juan Carlos Llorente abrirá mañana una nueva sección en estas páginas, “La atalaya de Cuéllar”, desde la que abordará los problemas cotidianos con una perspectiva histórica .

El historiador cuellarano, Juan Carlos Llorente, colaborador habitual de este diario inicia mañana una nueva sección en la que bajo el nombre “La atalaya de Cuéllar” acercará a los lectores a “acontecimientos cotidianos o señalados en la vida de Cuéllar aprovechando datos del pasado que nos acerquen a los mismos”, según palabras del propio Llorente. Abordará los problemas “enraizados en la propia historia de la villa reciente y antigua, tratando de acercarles (a los lectores) a una realidad un poco más profunda de lo que pueda suponer la noticia escueta, cotidiana y sencilla”. Su objetivo es claro: “exponer aspectos de la vida cotidiana de la Villa y Tierra para que los lectores se den cuenta de lo que es la realidad de nuestra histórica villa tanto en el pasado, como en el presente y sus aspiraciones de futuro”.

Temas

Llorente explicó que no solo tratará los problemas que hay sino también aquellos que diariamente se puedan suscitar. Como ejemplo resaltó la sanidad en la villa , el problema del actual Centro de Salud y las especialidades que reclaman los vecinos, cómo afecta la situación económica general a Cuéllar, el paro…

Sobre la situación del patrimonio de la villa, Llorente afirmó que “nunca se termina del todo de actuar”. Así señaló que la pasada semana se recibieron las obras de San Esteban “y con ello los políticos se calman”; apuntó que también se está rematando la rehabilitación de las murallas, “pero nos olvidamos de muchas más cosas, el plano urbano general de Cuéllar deja muchísimo que desear”. Así indicó que el aspecto urbanístico en cuanto a fachadas, mantenimiento, rehabilitación “es muy deficiente aún” y son muchos los monumentos sobre los que no se ha actuado como la iglesia de La Cuesta, la iglesia y convento de santa Ana, los restos del convento de La Trinidad, la capilla de Santo Tomé… La restauración de las murallas supone, a su juicio, un impulso en dos vertientes “una práctica porque son objeto de visita” y otra es “la concienciación de los ciudadanos y su propio orgullo por mantener su patrimonio que ven así acrecentado y puesto a punto con las murallas”. Unos cuellaranos que son cada vez más sensibles a su legado histórico.