Cementerio viejo anterior a 1945 anexo a la ermita del Santísimo Cristo de la Inspiración.
Cementerio viejo anterior a 1945 anexo a la ermita del Santísimo Cristo de la Expiración.
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Amador Marugán /Benjamín Redondo

Cuenta Diego de Colmenares que la peste que asoló Segovia en los años 1598 y 99 redujo la población en un tercio. A nosotros, en Nava, la primera cifra que nos llamó la atención no fue por una enfermedad sino por los efectos del hambre en los años 1631 y 1632 cuando se registran en los libros de la parroquia 31 bautizados, frente a 171 fallecidos.

En los años 1918 y 1919 fueron 169 personas las fallecidas, de las cuales la mal llamada “gripe española” se llevó a 89 enfermos, un 52% de los finados; 59 muertos en 1918 (un 2,5 % de una población de 2.304 personas) y 30 muertos en 1919 (un 1,3 % de la población registrada de 2.290 personas, según recoge la Matricula parroquial.

Un siglo después, la temporada 2017-18 de la epidemia de la gripe B y A (H3N2) los fallecidos en Nava ascendieron a 57 personas, el 2,4% de una población de 2.790 habitantes. En España se produjeron 800.000 casos, con 50.000 ingresados y 15.000 fallecidos.

En este año de 2020 la pandemia del coronavirus “covid-19”, en los meses de marzo y abril se ha llevado a 21 personas (afectando a la personas mayores en edad entre 78 y 103 años), de ellos 9 como posible consecuencia del covid-19, según datos del Registro Civil de Nava, aunque hay que tener en cuenta que no todos son vecinos, pues también lo son de otras localidades al ser residentes de las dos Residencias de Mayores de este municipio al momento de su fallecimiento. Aunque también hay naveros fallecidos en otras residencias o en hospitales fuera de Nava.

Durante la famosa pandemia de 1918, las campanas no dejaban de sonar por los fallecidos y por el dolor de una enfermedad que había entrado en el pueblo dejando un rastro de muerte, sobre todo durante los meses de julio (13 fallecidos), agosto (19), septiembre (17) y octubre (24), que registraron en cuatro meses 73 fallecimientos de los 99 que se produjeron en todo el año de 1918, de una población de 2.304 habitantes.

Del total de fallecidos, de entre cero a dos años fueron 49 los muertos (26 niños y 23 niñas), de entre tres años y veinte fueron 17 (8 varones y 9 mujeres), de entre veinte y uno y sesenta 19 (12 varones y 7 mujeres) y de entre sesenta y uno y noventa años fueron 14 los fallecidos (4 varones y 10 mujeres).

Por su parte el cura de ese entonces, José Zorrilla, apuntaba en su Matrícula de almas de la parroquia que en este año de 1918 había realizado 64 bautizos y 103 defunciones, de las cuales correspondían 62 a párvulos y 41 a personas adultas, cifras similares pero no exactas a las del Registro Civil.

En resumen, como consecuencia de la gripe española de los años 1918 y 1919 fueron 89 los casos de mortandad relacionados con el virus A del subtipo H1N1, el 3,62 por ciento de la población de los dos años.

En Nava, en el año 1918 conocían lo que ocurría en el mundo por las sesiones de lectura de la prensa que se daban en el local de la Protección Obrera para informar y debatir con todos los asociados. Darían cuenta de la noticia aparecida el 30 de septiembre de 1918 en el diario ABC que decía: “SM. El Rey se halla enfermo de gripe”. Esta escueta nota expandida por todo el mundo dio lugar a que, por ser los primeros que lo hacían público, cargaran el mochuelo al país con el nombre de “gripe española”. Más preocupante fue cuando un redactor de la prensa de Valladolid, el 10 de octubre del mismo año, señaló: “A mi juicio han sido los portugueses procedentes de Francia los que han contribuido a la difusión del mal. Ha habido noches que los andenes de la estación de Medina han estado invadidos por centenares de harapientos, sucios y muchos de ellos enfermos”. No tuvo en cuenta los miles de emigrantes españoles que volvían de Francia, puesto que España no entró en guerra y regresaban de trabajar también en una precaria situación sanitaria. Es posible que los pobres soldados de la 1ª Guerra mundial fueran portadores pero cuando oficialmente se declaró la primera provincia con pandemia, Valladolid, esta capital había vivido las Ferias entre el 17 y el 27 de septiembre, sin tomar medidas, celebrándose toros y actos de muchedumbres. Tampoco tomó medidas Medina en sus fiestas donde falleció la primera víctima de gripe, ni los siguientes en Olmedo donde se celebró la novillada a pesar de todo y por votación popular a favor. Siendo la línea del ferrocarril nuestra conexión con ellos inquietaba sobremanera. En Nava, con 80 muertos en lo que iba del año, tampoco dejó de haber toros.

En España se la llamó despectivamente, “el soldado de Nápoles”, incluso se la vaciló con “la gripe de los 3 días”. Desde el ámbito médico se la identificó como “el microbio de Pfeiffer”. Una pandemia que a nivel mundial ocasionó 500 millones de afectados y se saldó con 50 millones de muertos. En España fueron 8 millones los atacados y de 200 a 300.000 los muertos, el 1% de la población, aunque es imposible determinarlo.

En Nava de la Asunción, sería el 3,8 % de la población los fallecidos relacionados con ese virus A H1N1, en esos dos años, ya sea de forma directa o por agravamiento de otras enfermedades de base, se diagnosticaron, (sobre todo de naturaleza crónica cardiorrespiratoria en grupos denominados de riesgo), como muerte específica por gripe, por bronquitis crónica y bronquitis aguda, neumonía, tuberculosis pulmonar u otras enfermedades respiratorias, diarrea, enteritis, gastroenteritis, meningitis, tuberculosis, fiebres tifoideas y difteria. Al contrario que en el resto del mundo cuyo brote afectó mayoritariamente a jóvenes y adultos entre 20 y 40 años, en Nava se cebó con los más pequeños ya que entre 0 y 2 años fueron 73 los muertos entre 1918-19. Pandemia que puso de manifiesto la carencia de infraestructuras sanitarias a las que se sumaban la penuria económica que se arrastraba desde la pérdida de las colonias de Cuba, Puerto Rico y Filipinas.

Aunque la asociación navera de Socorros Mutuos “La emancipación obrera” (La Prote), contaba con unos servicios de auxilio a sus socios en casos de enfermedad y sepelio, tuvieron muchas dificultades para cumplir con ellos. En reconocimiento por labor humanitaria y de atención gratuita a los socios del médico/cirujano de esta localidad Gabino Herrero, se le gratificó con 65 pesetas que rechazó, pero por unanimidad del órgano de gobierno de esta asociación se acordó obsequiarle con “un saco de salvados de la cooperativa, para el caballo, valorado en siete pesetas”. Siete años después se puso su nombre a una calle que aún se mantiene.

El dolor de las muertes se prolongaría con la continua salida de mozos que partían a la segunda guerra con Marruecos, donde solo se beneficiaban los empresarios y los mandos militares en busca de méritos para ganar rápidos ascensos, no los naveros reclutados por obligación que murieron en la guerra del Rif y en el desastre de Annual. Finalmente volvieron unos cincuenta movilizados según se contabiliza en la foto de 1927 con la falsa “Fiesta por la Paz” decretada por el general Primo de Rivera, Presidente del Consejo de ministros de S.M. el Rey D. Alfonso XIII.

Decía Madoz en su diccionario de 1850 que a La Nava “la combaten todos los vientos y su CLIMA es propenso en la estación de invierno a fiebres catarrales simples o inflamatorias, y en el estío a intermitentes (…) este término es tan pantanoso que en tiempo de lluvias se hace intransitable”. También tenemos constancia de que en el siglo XX quedaban en Nava (de ahí su toponimia) 13 bodones y 23 fuentes de agua naturales. Un lugar llano y pantanoso proclive a los transmisores mosquitos que en época de vendimia hacían el pueblo insoportable.

Los datos de Madoz son interesantes como caldo de cultivo de esta pandemia del 1918 que desbordó todas las previsiones habituales. Comenzó a mostrarse ya en 1917 al registrar 13 fallecimientos, de los 46 muertos en total este año, con mayor incidencia en los meses de agosto a noviembre. El brote más fuerte se produjo en 1918 durante los meses de julio a últimos de octubre con 73 fallecimientos registrados del total de los 99 fallecidos, con mayor incidencia entre el grupo de edad de cero a dos años al contar con 29 fallecidos por causas relacionadas con la gripe y el grupo de 21 a 60 años que registró 16 fallecimientos por la misma causa. Aún así y a pesar de las desgracias anunciadas por el continuo sonar de las campañas, éstas siguieron repicando en septiembre pero para celebrar los días de La Función.

Después tuvo un descanso durante los primeros meses de 1919 hasta que repuntó de nuevo en los meses de julio, septiembre y noviembre con una mortalidad de 25 fallecidos, del total de los 70 muertos registrados durante este año. Una pandemia que desorientó tanto a los vecinos como al médico/cirujano porque igual que entró se fue.