jotas cuellar a por ellos
Grupo de danzas de El Escorial en su actuación. / C.N.

La noche que marca la mitad del mes de agosto siempre se ha dedicado a la jota en Cuéllar, excepto en 2020, cuando la pandemia lo frenó todo. Sin embargo, la esperanza vuelve poco a poco y símbolo de ello fue el regreso del Festival Nacional de Jotas, que la noche del sábado regresó a la Plaza de Toros de la villa. Fue todo un encuentro de emociones tras “un año tan duro” y después del “enorme esfuerzo que nos ha costado sacar esto”, como explicó Conchi Bayón, directora del grupo de danzas local, anfitrión en esta velada.

La calurosa noche veraniega animó a decenas de personas a no faltar a la cita con la jota, en un certamen cuya maestra de ceremonias fue la ex-compañera de grupo de jotas y ex-concejal de Cultura Sonia Martín. La noche comenzaba llena de emociones recordando a aquellos que en este tiempo de silencio se han ido, con un momento de recuerdo que culminó en aplauso. Martín ensalzó la riqueza cultural de España en cuanto a nivel de danzas, la personalidad que aporta cada región a sus ritmos y a su folclore.

Por otro lado, de esta noche, habitualmente, se espera con expectación la presentación de la que sería corregidora y sus damas, así como las madrinas de las peñas; este año, sin fiestas, “nos quedamos con la parte positiva, tenemos festival de jotas en su esencia más pura, sin filigranas, mostrando nuestro folclore”, comentó la presentadora. No obstante, las peñas y el sentimiento cuellarano estuvieron presentes con los pañuelos de cada peña adornando el escenario.

El primer grupo que subió al escenario fue ‘Rompiendo el baile’, desde El Escorial. Un sonido de enorme calidad, con mucha carga dulzainera, acompañaba a los danzantes que abrieron la noche con su jota de ronda.

Tras su actuación fue el turno de volver a la provincia, concretamente hasta Vegas de Matute. El grupo ‘Cal y Tomillo’ trajo su folclore más auténtico y acercó el suyo al cuellarano, todos con esencia común: la jota como el baile y el significado de la fiesta de antes. Seguidillas y rondas de Vegas de Matute llenaron el escenario para preceder al grupo local, que siempre despierta la ilusión del público, más si cabe este año tan diferente.

Referencias a la tradición y al oficio de resinero fueron los primeros compases del grupo local, que salió al escenario con potes. Las danzas dejaron paso a un momento lleno de magia en una noche como esta: pañuelos rojos anudados al cuello y monteras en las féminas anunciaban la pieza más especial de la noche, el ‘A por ellos’. Los aplausos del público devolvieron al grupo todo el esfuerzo, que ha devuelto la jota a Cuéllar y espera retomar el festival con normalidad en 2022.