Las directoras de las residencias de la Diputación relatan su lucha

Las máximas responsables de estos centros reconocen que se han pasado “momentos muy duros”

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Las directoras de La Fuencisla, Carmen Galán, El Sotillo, María A. Fernández y La Alameda, Teresa Marinero.
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Las directoras del Centro de Servicios Sociales La Fuencisla, Carmen Galán, el CAMP El Sotillo, María Angustias Fernández y la residencia La Alameda, Teresa Marinero, todos gestionados por la Diputación Provincial de Segovia relatan, “pasado ya lo peor de la pandemia”, su experiencia en primera línea de batalla contra el Covid-19, una lucha en la que coinciden haber pasado “mucho miedo e incertidumbre”.

Y es que a lo largo de estos últimos dos meses, han vivido “momentos muy duros”, asegura Teresa Marinero, de la residencia de mayores La Alameda, ubicada en la localidad segoviana de Nava de la Asunción. “Al principio, porque hubo que zonificar el centro y los residentes tenían que dejar no habitaciones, sino sus propias casas, ya que el modelo de atención centrada en la persona está muy instaurado en los centros”, explica.

Posteriormente, “tu centro de trabajo habitual se convierte en una cosa distinta, el miedo y la angustia están ahí, en todos los compañeros, porque ves que están en peligro tus residentes”, asegura la directora del centro de Servicios Sociales La Fuencisla, residencia que agrupa dos unidades de mayores, una de ellas para perfiles psicogeriátricos, y una tercera unidad de rehabilitación psiquiátrica.

“El miedo te lo llevas también a casa, donde además trasladas las medidas de protección de tu centro de trabajo, porque nos hemos tenido que cuidar mucho nosotras también, para “poder seguir al frente de la situación a la mañana siguiente”, relata Marinero, quien habla también de incertidumbre, “porque a nivel sanitario estaban muy controlados, aislados, el personal contaba con todas las medidas de protección y, sin embargo, fallecían”, según relata Marinero.

“No sabíamos qué escenario nos íbamos a encontrar a la vuelta de dos meses, porque la situación cambiaba de un día para otro”, apunta Carmen Galán.

“Eso genera mucha impotencia”, reconoce Angustias Fernández, del CAMP El Sotillo, único centro público de la provincia para personas con discapacidad intelectual de la provincia.
Y es que en esos primeros momentos en los que una enfermedad desconocida se extendía sin escrúpulo por las residencias de mayores de todo el país, hubo que tomar decisiones “valientes y arriesgadas” para velar por la salud de los residentes.

En uno de esos momentos clave, un equipo de Médicos sin Fronteras colaboró con el centro de Servicios Sociales La Fuencisla para “definir los espacios para enfermos y no enfermos de Covid y definir el flujo de los materiales y de las personas a esas zonas”, señala Galán.

“Ellos cuentan con mucha experiencia en contextos de pandemia y asesoraron a todo el equipo”, reconoce Galán, quien además pone en valor al personal de todas las áreas del centro. “A nivel logístico, ha supuesto un movimiento de desocupar espacios y llenarlos de camas, a nivel de mantenimiento, también ha supuesto un esfuerzo muy grande de los compañeros del centro y además de otras áreas de Diputación, que ha destinado personal aquí para reforzar los equipos”.

Asimismo, la coordinación con Atención Primaria del Sacyl a la hora de acceder a las pruebas diagnósticas ha sido “muy buena”.

En este sentido, los resultados de las pruebas PCR también suponían “un momento muy complicado”, reconoce Teresa Marinero. “Cuando llegaba un resultado negativo, era como si hubiera tocado la lotería en la residencia; el caso contrario, era un derrumbe”, concluye.