La población de cabra montés en la vertiente segoviana de la Sierra de Guadarrama ronda ya los 70 ejemplares

La Junta asegura, una década después de la reintroducción de esta subespecie, que el estado de la población es “plenamente satisfactorio”, recalcando que la extracción de ejemplares se realiza “de forma cuidadosa”, eligiendo los más añosos

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Una década después de la reintroducción de la cabra montés (Capra pyrenaica victoriae) en la vertiente segoviana de la Sierra de Guadarrama, el número de ejemplares ronda los 70, una cifra que, de acuerdo con la Dirección de la Zona de Caza Controlada “Estribaciones de la Sierra de Guadarrama” (dependiente de la Junta de Castilla y León) supone “un núcleo de población viable y autosuficiente”.

Desde que, en 1999, se soltarán en la Sierra de Guadarrama cabras procedentes de las reservas regionales de caza de Las Batuecas, Sierra de Gredos y Riaño, la población ha ido creciendo de forma progresiva. “El número de ejemplares no se ha disparado”, se apunta desde la Junta, recordando que la cabra montés no es una subespecie en la que se produzcan explosiones demográficas, entre otras cuestiones por su escasa capacidad de reproducción (una hembra tiene un parto al año, de un solo cabrito). En cualquier caso, para cerciorarse de su estimación poblacional, la Junta quiere realizar un censo actualizado, dando ya por hecho que resultará “una labor ardua”, por la alta movilidad de este herbívoro.

Con respecto a esta población “segoviana” de cabras monteses, lo cierto es que tiene más querencia por la vertiente madrileña que por la segoviana, salvo en la época de celo. Aunque suelen ser animales esquivos que habitualmente habitan en las zonas más altas de la Sierra de Guadarrama, en torno a los 2.000 metros de altitud, no es insólito hallar algún macho adulto, acompañado de un macho joven que ejerce de ‘escudero’, en los amplísimos pinares de Navafría.

En el último año, la cabra montés ha estado en el candelero al ser acusada de contagiar la brucelosis al ganado. Al respecto, desde la Junta se señala que tal posibilidad “resulta bastante remota”. “Hay alguna posibilidad de contacto entre la fauna silvestre y la fauna doméstica, es cierto, pero no tratan de ocupar los mismos hábitats”, agregan desde la Zona de Caza Controlada “Estribaciones de la Sierra de Guadarrama”. En ese sentido, los técnicos de la administración regional defienden que el ganado “expulsa” a la cabra montés a zonas de mayor altitud, “por lo que no se producen lugares de convivencia”.

Para la Junta, la viabilidad de esta población “segoviana” de cabras monteses “ha permitido poner en valor una serie de terrenos que en el pasado no tenían ningún atractivo cinegético”. De acuerdo con la versión de los responsables de la Zona de Caza Controlada “Estribaciones de la Sierra de Guadarrama”, la próxima declaración de parque regional “no supondrá ninguna limitación añadida a las actualmente existentes”. Por el contrario, se continuará con la “política de no extraer más recursos de los que la población de cabras monteses es capaz de renovar anualmente” (contados ejemplares). “Hay que dejar que los machos nacidos en la vertiente segoviana vayan envejeciendo y puedan dar lo mejor de sí (cornamenta)”, se resume desde la Junta. El próximo año, por ejemplo, se podrá cazar únicamente un ejemplar. La admisión de solicitudes en la Junta permanecerá abierta del 16 de octubre al 15 de noviembre, realizándose después el sorteo público en la Dirección General de Medio Natural de la Junta, en Valladolid, el 15 de enero.

¿Cuál es el precio de abatir un macho?. “Cerca de 1.200 euros”, sostiene la Junta. En caso de que un cazador haya resultado ganador del sorteo —la parte más difícil de esta empresa— debe pagar, de inicio, 420 euros como ‘cuota de entrada’, para satisfacer a la administración regional los gastos que supone el acompañamiento de un guarda hasta el puesto. Luego, si el cazador tiene suerte y abate un trofeo, se procede a su medición —en los últimos años, los machos cazados en Segovia eran merecedores de ‘trofeo plata’—. Y finalmente, según sea la cornamenta y otros parámetros utilizados para evaluar la calidad del trofeo, el cazador pagará la ‘liquidación de la cuota complementaria’, que oscila entre los 600 y los 800 euros.