Festival de Turégano
Los novilleros segovianos Saúl Sanz y Curro Muñoz salen en hombros de la plaza portátil de Turégano. / A.M.

En el punto muerto de la coherencia se hallan las declaraciones del ministro de Consumo, Alberto Garzón, que son plomo para la industria cárnica. La consejera de Sanidad de la Junta de Castilla y León, Verónica Casado, alerta, además, que un kilo de chuletón es un mes de ingesta de carne roja. Inciden que lo que se viene haciendo toda la vida no es correcto. Pero no es el aviso de que quizás haya que mejorar los hábitos alimentarios y la forma de consumo, que razón no les falta; es el acto que lleva consigo querer acabar con el modo de vida de siempre y disecar las raíces del mundo rural. No lo entienden. Sin ganadería y sin agricultura no hay pueblo. Su testimonio desde un trono urbanita es un ‘crochet’ de boxeo al ADN innato del pueblo. Una yugular que se desangra por la vena del olvido y como consecuencia gesta una parálisis en el sector sanitario.

La amnesia en el entorno rural gira a 360º, en todos los ámbitos de la sociedad. Las concentraciones por los ‘recortes’ en Sanidad son otro latigazo de desconocimiento. Y al final todo viene ligado en la línea de la desmemoria. Ellos siguen sin urgencias por poner latido a los pueblos, mientras el pueblo se queda sin Urgencias. El ‘debate del chuletón’ va más allá y trasciende a todos los estamentos y también a los toros, que para el que no lo sepa es una muestra pura de agricultura y la ganadería. En medio de este ‘babel’, se encuentran dos jóvenes segovianos, Saúl Sanz, de Cantalejo, y Curro Muñoz, de El Espinar, que, en su intención de querer ser toreros, mantienen intactos los valores de la sociedad rural. Ejemplos de cómo cuidar el motor del campo español. Y es que el mundo rural necesita del modo de trabajo de siempre para subsistir en el futuro y no de otro; y aunque una vida sin chuletón puede ser mejor, según sostiene Garzón, eso será otra vida.

Mientras el teléfono no suena para los novilleros con picadores de la provincia, Pablo Atienza, Igor Pereira, Jaime Rodríguez y Eusebio Fernández, la Segovia taurina se encomienda a las nuevas promesas. Sanz y Muñoz mostraron dos estilos para tener en cuenta. Hay que verlos para engancharse. Es como recibir la vacuna y hacerse la foto. Dos orejas pasearon cada uno en una tarde en la que el gran triunfador fue Cristian Escribano, que cortó un rabo a un novillo de vuelta al ruedo. Dos trofeos también obtuvo Pedro Gutiérrez ‘El Capea’ y un apéndice, la rejoneadora Rocío Arrogante. Para el festival sin picadores se lidiaron astados de la divisa segoviana de Valdespino, bien presentados para la ocasión y de buen juego en líneas generales.

La juventud de una amazona

Abrió la tarde Arrogante. La joven amazona de Numancia de la Sagra, pese a evidenciar la falta lógica de rodaje por la edad y por el parón como consecuencia de la pandemia, mostró ganas y puso en liza buenas maneras a la hora de colocar las banderillas. La faltó una pizca más de confianza ante un novillo que posibilitó juego, pero firmó una notable actuación que fue reconocida por el respetable con una oreja.

Premio excesivo para El Capea

Distraído y nada fijo salió el segundo, un novillo castaño que era como un audio de Florentino Pérez: impredecible e inoportuno. Salió suelto de las suertes y no hubo conjunción. Sin ser peligroso, no dejó acoplarse a El Capea, en una actuación con más rédito final, dos orejas, que repercusión.

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El diestro Cristian Escribano torea por bajo a un novillo de Valdespino, de vuelta al ruedo. / A.M.

La seguridad de Cristian Escribano

Muy seguro y firme estuvo Escribano con el novillo con el que se llegó al ecuador del festejo. Le echó las cartas desde el principio y pronto encandiló al público con una meritoria faena. Tuvo fondo, recorrido y clase el astado de Valdespino en la muleta del madrileño, que toreó largo, quieto y pegado. Una obra redonda, que tuvo dos orejas y rabo de premio, y vuelta al ruedo al novillo.

Saúl Sanz, elegancia briquera

Dispuesto estuvo Sanz desde el inicio ante un animal que acudió con prontitud a los cites y metió la cara. Tuvo codicia el ejemplar de la ganadería segoviana en las telas del novillero briquero, que firmó una elegante faena. El de Cantalejo destacó por sus finas maneras, que combinó con un punto de raza para pasear dos trofeos.

El arte de Curro Muñoz

Y llegó el turno de Muñoz, que completó la lidia total de un novillo por primera vez en público. Las verónicas de recibo fueron para de corte muy artista. El de El Espinar desprendió un concepto clásico, con firmeza de plata y suaves toques para cuidar la embestida de otro novillo que se movió. Además, anduvo con él con mucha torería y empaque, y remates por bajo. Paseó dos orejas.

La ficha

Plaza de toros portátil de Turégano (Segovia). Festival sin picadores. Más de un cuarto del aforo total. Novillos de Valdespino, bien presentados y de buen juego en líneas generales. Destacó el tercero, por su clase, al que se dio la vuelta al ruedo.
La rejoneadora Rocío Arrogante, oreja;
Pedro Gutiérrez ‘El Capea’, dos orejas;
Cristian Escribano, dos orejas y rabo;
y los novilleros sin picadores Saúl Sanz, dos orejas;
y Curro Muñoz, dos orejas.

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