La subida en Bernardos
La Subida en Bernardos del 2010.

Dentro de las celebraciones suspendidas por la pandemia, una de ellas fue La Subida en Bernardos. Había de celebrarse en 2020 y la vamos a celebrar con dos años de retraso.

Escribo estas líneas pensando en las personas que no conocen esta fiesta ni sus orígenes, bien por no ser del pueblo, bien por ser muy jóvenes para conocer los detalles. Yo intentaré aportar esa información.

Situado a unos tres kilómetros al oriente de Bernardos, al borde del río Eresma y tan cerca de él que se puede oír el murmullo del agua, se encuentra el paraje del Cerro del Castillo. Es un montículo estratégicamente privilegiado, situado a medio camino entre Segovia y Cauca (Coca), las dos ciudades más importantes del Imperio Romano en muchos kilómetros, cuyos habitantes utilizarían el camino natural de las márgenes del río en su desplazamiento entre ambas. Rodea este cerro una muralla de traza tardorromana, cuyo origen data de los siglos IV y V de nuestra era, coincidente seguramente con los últimos tiempos del Imperio Romano de Occidente. En el Cerro del Castillo habría una guarnición de tropas para proteger a los habitantes de las villas romanas próximas, como la de Los Casares de Armuña, y a los viajeros que se desplazaban entre Segovia y Coca.

Siglos después los árabes también ocuparon el cerro y construyeron otra muralla interior, más reducida que la primera. Esta muralla por su lienzo de poniente asciende hasta una especie de atalaya desde donde se divisa la sierra de Guadarrama y hasta los montes Torozos. El Cerro del Castillo fue declarado Bien de Interés Cultural en 1995.

En el centro del cerro, excavado en la pizarra, hay un foso de algo más de un metro de profundidad, de planta cuadrangular irregular, cubierto hoy con una lápida metálica. En este foso estuvo oculta la imagen de la virgen María para protegerla, seguramente en momentos de poca estabilidad política, social y religiosa. La imagen apareció con una envoltura y cubierta con arena y tierra. Este foso no debió estar dentro de una ermita, a juzgar por la relación que hizo el párroco del pueblo en 1612. Cita seis ermitas y ninguna de ellas es la del Castillo. Lo más probable es que el foso estuviera fuera de recinto sagrado, como forma más disimulada de ocultar la imagen.

Por fin un día, por una casualidad para unos y un milagro para otros, la imagen fue descubierta, algo deteriorada, descaecida por la humedad y el tiempo según nos cuentan los que presenciaron el acontecimiento. Ocurrió el 16 de noviembre de 1728. El Señor Obispo de Segovia decidió que la imagen encontrada fuera trasladada al pueblo y expuesta en la iglesia parroquial. Las autoridades locales y los vecinos acordaron construir, en el lugar del hallazgo, una ermita para la que se llamó desde entonces Virgen del Castillo. Antes de estos hechos el patrón del pueblo era San Pedro, bajo cuya advocación se consagró la iglesia parroquial en el momento de su construcción. Desde el descubrimiento la patrona es la virgen. Así tenemos en el retablo del altar mayor a San Pedro en el ático, sentado en su cátedra y con la tiara de las tres coronas propia de los papas, y en la hornacina del piso principal a la Virgen del Castillo con el manto y la corona.

La imagen de la Virgen permanece en la iglesia y sale por las calles del pueblo tres veces al año. El día de la Ascensión, un día en las fiestas patronales y el día del Patrocinio. San Pedro también se celebra, pero ha quedado relegado a un segundo plano. A la ermita sube la Virgen una vez cada diez años. Va en procesión una mañana de domingo y permanece allí hasta la caída de la tarde del martes, en que torna a la iglesia también en procesión. Para ir al Cerro del Castillo, desde el pueblo, la pendiente es ascendente y cuando volvemos descendente, de ahí lo de La Subida del domingo y La Bajada del martes. Pero la fiesta en sí se la conoce como La Subida. En tiempos antiguos La Subida no se celebraba cada diez años, sino cuando había que pedir a la Virgen algún favor muy especial o darle las gracias por una ayuda concedida.

Tanto La Subida como La Bajada tienen un sabor especial, aunque diferente. La Subida encierra un sentimiento de alegría por la fiesta que comienza y, para los más mayores, una satisfacción por haber cubierto una etapa que representa una década de su vida. Los días de disfrute en la pradera servirán para compartir con amigos y conocidos muchos recuerdos de la infancia y la juventud. Por su parte, La Bajada dura toda la noche y una buena parte de la mañana del miércoles, más de dieciséis horas para recorrer los tres kilómetros, sin parar de bailar la jota delante de la imagen. Tiene dos momentos cargados de intensa emoción. El primero cuando la imagen cruza el primer arco de la entrada en el pueblo. Los más mayores, que se han ido a casa a descansar un poco, son avisados de que ya llega. La imagen se detiene en el arco, cesa la música, se encienden las velas y, en el silencio de la noche, la gente entona el canto de la Virgen. En ese momento no es difícil percibir alguna lágrima furtiva descender por las mejillas, envuelta quizá en el recuerdo de los seres queridos que nos acompañaron en otras Subidas. El segundo momento es ver entrar la imagen en la iglesia.

Esta fiesta nos sirve aquí, en Bernardos, en parte como un calendario vital. La gente nace y muere según las distintas subidas: – “Mi hijo nació dos meses antes de la Subida del 80”“Nosotros nos casamos cuando la Subida del 60” “No sé si veré la próxima Subida”. Cuando se ven las fotos de las Subidas pasadas, uno se da cuenta de quienes se quedaron por el camino desde la última vez; diez años son muchos en una vida.

En cuanto a la fiesta en sí, empieza a prepararse poco después de que termina la anterior. Hay seis elementos que son fundamentales en la fiesta y algunos necesitan años para su preparación: los actos religiosos, las santeras y los santeros, los arcos y las flores, las danzas y las dulzainas, las verbenas de la Plaza y los recursos económicos para afrontar los gastos.

La fiesta empieza con “la recogida” de las Santeras. A las seis y media de la tarde del sábado los santeros se reúnen en la plaza Mayor y, acompañados por las dulzainas y el grupo de paloteo, van recorriendo el pueblo recogiendo a cada una de las santeras. La santera ofrece bollos y refresco a los acompañantes, los danzantes lo agradecen con una danza y la comitiva va a por la siguiente santera. Recogida la última vuelven a la plaza donde se suman las autoridades y el pueblo y se dirigen a la iglesia a hacer la ofrenda de flores. En Bernardos no hay damas ni reina de las fiestas. Son santeras y santeros al servicio de la Virgen. Las santeras son jóvenes solteras, a partir de los dieciocho años, y cada una busca su propio santero, también joven y soltero. Con frecuencia suele ser “su chico”, que aprovecha la circunstancia para entrar por primera vez en la casa de ella.

La parte religiosa tiene su máxima expresión en la ofrenda de flores que da comienzo a la fiesta. Cada santera y su santero presentan sus respetos y un ramo de flores a la Virgen. A continuación lo hacen otros vecinos con sus hijos y nietos ataviados también con el traje típico castellano, como las santeras y santeros. El canto de la salve es el colofón del acto. Los otros dos acontecimientos religiosos destacados, y más emotivos, son las procesiones; tanto La Subida del domingo como La Bajada del martes.

Los arcos son estructuras que se montan a lo largo del recorrido de la imagen por las calles del pueblo: calle de la Iglesia, Plaza Mayor y calle del Castillo. Son seis y cada uno pertenece por tradición a una zona del pueblo; cada vecino sabe qué arco corresponde a su calle. Ellos se reúnen al principio para determinar cuál será el diseño para la próxima subida y preparar la estructura adecuada. En general no suele haber demasiados cambios en la estructura, pero sí en el diseño de la decoración. Suele haber cierta pugna por ver cuál será la mejor y una cierta discreción para impedir que se copien los diseños. Una vez decidido el diseño, comienza la elaboración de las infinitas flores de papel o plástico que se utilizarán en la decoración; hacer flores es una tradición que pasa de generación en generación y que tiene como resultado la elaboración de múltiples modelos de una belleza extraordinaria. En algún caso se utilizan flores naturales, pero no es la tradición. Es mucho el trabajo que supone la elaboración de las infinitas flores que se necesitan para cubrir cada uno de los arcos. Al final los gastos de cada arco se financian por los vecinos a los que corresponde el arco.

Las danzas son otra parte esencial de la fiesta y tiene dos expresiones diferentes, aunque las dos muy arraigadas. En La Subida la danza principal es el paloteo. El grupo de danzas del paloteo, chicas y chicos, se preparan durante los diez años. Con frecuencia participan en actuaciones públicas para ir probando la preparación de los más jóvenes. La otra danza tradicional es la jota castellana. No es la principal, que se reserva el paloteo, pero me atrevería a decir que en Bernardos tenemos el récord de bailar la jota en sesión continua y nocturna el día de La Bajada. Tanto el paloteo como las jotas se desarrollan al son de las dulzainas y con el ritmo marcado por la caja o redoblante, tal como la hacían nuestros abuelos y las generaciones que les precedieron.

La fiesta de la Subida también ha sabido adaptase a los tiempos. Hasta La Subida del año 1980 la fiesta era esencialmente religiosa, pero en el 90 los jóvenes querían añadir nuevos elementos que dieran más ambiente de cara a los visitantes. La comisión de La Subida presentó entonces un programa aceptado por todos, que consistía en hacer verbenas en la plaza de viernes a lunes y se mantuvo la parte tradicional y religiosa sin cambios. Para la Subida del 2010 y sucesivas se creó estatutariamente La Comisión de la Subida, que se encarga de organizarlo todo y de obtener recursos para su financiación. El Ayuntamiento sigue financiando las actuaciones que se refieren a las danzas y refrescos de la parte religiosa.

El Ayuntamiento ha promovido esta tradición y la Diputación Provincial la ha reconocido como fiesta de interés provincial. Bernardos está orgulloso de este reconocimiento porque ayuda al mantenimiento, no solo del acto más querido por sus vecinos, sino de la conservación de un pilar de la vida comunitaria local.