Triunfo de la muerte de Petrarca.
Triunfo de la muerte de Petrarca.

En el año 1983 con motivo de mi Tesis de Licenciatura, leída en la Universidad Autónoma de Madrid el 5 de julio de ese mismo año, me embarqué en el ‘Estudio Socio-Demográfico en Segovia. Aguilafuente (1700-1808)’. Pero lo que en principio sólo era un trabajo que comprendía el Siglo XVIII, se amplió al XVII y parte del XIX. En total contabilicé más de 15.000 partidas de Defunciones, Bautismos, Matrimonios y Confirmaciones de las dos parroquias existentes en Aguilafuente: Santa María y San Juan; todo lo que me permitieron sus libros parroquiales, desde 1668 a 1843 en que se cerró la iglesia de San Juan.

Los resultados de aquellas investigaciones se resumieron en las páginas de la ‘Historia de Aguilafuente (Segovia).Causa de la Imprenta Española’ que publiqué en el año 1992. Pero no todo quedó plasmado, por lo que quiero aprovechar los días que vivimos de pandemia del virus SARS-COV-2, o también conocido como COVID-19, para hacer un recorrido de las pandemias que azotaron la villa de Aguilafuente, en especial de la Peste, por aquellos años del siglo XVI y XVII, de los que tenemos conocimiento a través de los repuntes de las muertes que se desprenden del recuento de las Partidas de Defunciones de los libros parroquiales.

Para completar e interpretar estos datos de Aguilafuente he contado con la información que aportan diferentes autores a nivel regional y nacional, como Vicente Pérez Moreda en ‘Las crisis de mortalidad en la España interior. Siglos XVI-XIX’, publicado en la editorial Siglo XXI, Madrid 1980.También a nivel nacional, se ha consultado a Joaquín de Villalba en ‘Epidemiología española, o historia cronológica de las pestes, contagios, epidemias y epizootias que han acaecido en España’, tomo II, Madrid 1803.

Como todas estas pandemias se veían agravadas por una mala alimentación producida por las malas cosechas que se producían un año detrás de otro, también he consultado a Gonzalo Anes y Jean Paul le Flem en ‘La crisis del siglo XVII: producción agrícola, precios e ingresos en tierras de Segovia’ Editorial Moneda y Crédito 93, Madrid 1965.

Según la OMS (Organización Mundial de la Salud) se denomina ‘pandemia’ a la propagación mundial de una nueva enfermedad cuya gravedad trasciende fronteras y su agresividad es causa de una mortalidad escandalosa.

La raza humana ha tenido que sufrir y superar, desde tiempos inmemoriales, multitud de pandemias producidas por virus o bacterias, que la han recordado la fragilidad de su condición, pero también el enorme espíritu de superación y adaptabilidad para salir adelante.

En Babilonia ya sabemos de la rabia por el año 2.300 a.de C., la viruela aparece en algunas momias egipcias en el año 1580 a. de C., la lepra se menciona por el 1550 a. de C., el tifus azotó la ciudad de Atenas en el año 430 a. de C., también el griego Hipócrates nos habla de la cólera por el 400 a. de C., la malaria en China o la tuberculosis en Israel.

Todas estas infecciones fueron propagándose a través de las rutas comerciales, tanto terrestres como marítimas, y contaminando los países conocidos, convirtiéndose en pandemias a nivel mundial. Los nuevos descubrimientos, como el de América, ampliaron y trasladaron a otras latitudes estos virus, diezmando a poblaciones enteras que no contaban con defensas contra ellos, es el caso de los pueblos precolombinos, cargando la culpabilidad a los desmanes de los colonizadores españoles.

La sociedad de Aguilafuente S. XVI y XVII

Antes de analizar las diferentes epidemias acaecidas, a través de estos siglos, hemos de ver la situación social y económica de la villa de Aguilafuente.

Sociedad básicamente agrícola y ganadera con poca actividad artesanal y comercial.

Muy mal alimentada, aunque comían carne, era la cuarta parte de la actual y el de la leche la mitad, legumbres y verduras los que tenían medianas haciendas, las malas cosechas eran sinónimo de hambre y muerte. La pobreza y el analfabetismo llegaban al 80%.

Las viviendas en la mayoría de la población no reunían medidas de salubridad adecuadas. Las calles de barro con los excrementos animales, también eran focos de infección.

Contamos con el censo de población de 1587, según los datos aportados por los curas párrocos por orden del Obispo, teniendo Aguilafuente 317 vecinos, unos 1300 habitantes.

Esta población contaba con numerosos manantiales y pozos (Fuente del Cubón, de la Plaza, de San Juan, las Tres Marías, etc.), sin apenas medidas higiénicas, era muy fácil contagiar cualquier enfermedad, pues era su agua para la bebida.

Las lagunas y zonas bajas rodeaban la población, además de ser atravesada por el arroyo Malucas, lleno de cañas y maleza, que se desbordaba a su paso por la misma, produciendo zonas pantanosas dentro de los corrales de las casas limítrofes, lo que hacía que las moscas, mosquitos, piojos y pulgas, entre otros insectos, tuvieran un ‘hábitat’ apropiado para su propagación y por tanto las epidemias eran frecuentes.

La sanidad era ejercida por médicos sin apenas conocimientos y caros, que sólo se permitían las clases más pudientes. Los barberos y los curanderos eran frecuentados por los más humildes.

Por eso hay todo un rosario de enfermedades asociadas a estas condiciones: Diarreas, Neumonías, Sarampiones, Viruelas, Difteria, Apoplejías (infarto cerebral), y otras más graves que producían la muerte directamente como la Peritonitis o las perforaciones de estómago o intestino.

Así la mortandad infantil era 40 veces mayor que la actual y la esperanza de vida estaba en los 25 años.

La ignorancia popular todo lo explicaba a través del filtro de la religión. Se enfermaba a consecuencia de un castigo divino, por las ofensas y pecados de los hombres; para ganarse el favor divino se realizaba numerosas misas y ofrendas, principalmente por los más pudientes y se sacaba en procesión por el pueblo a San Roque para que les librara de la Peste. Por tanto contra la fatalidad no había nada que hacer, sólo rezar. Había quien se libraba por el puro azar, no sabían porqué sucedían las cosas.

La peste negra en Aguilafuente

De las últimas investigaciones se desprende que la pandemia que más muertes produjo, y se mantuvo en el tiempo, fue la Peste Negra o Bubónica, llamada así por los bultos o bubones que se generaban en el cuerpo.

Llega a Europa en el año 1347 y a España en 1348, proveniente de Asia por las vías comerciales, ruta de la Seda o comercio marítimo. Se producen sucesivas oleadas hasta el año 1721, casi 400 años de existencia, en que desaparece de Europa, se cree que por la eliminación de la rata que la producía (rata negra), al ser expulsada de las ciudades por otro tipo de rata invasora no infectada. Dejó en Europa un balance de 200 millones de muertos.

En la actualidad hay en el mundo unas 3.000 personas afectadas de peste y el 85% sobreviven a la enfermedad, pero no por eso hay que bajar la guardia.

Como ya dije, se desarrolla en las ratas y pulgas, ataca accidentalmente al hombre al ser picado por una pulga, previamente infectada, que haya sido huésped de una rata.

La primera oleada de peste se produce en España entre 1348 y 1361, llegando a Castilla sobre 1349, y en Julio de ese mismo año, Alfonso XI se contagió y falleció durante el asedio a Gibraltar, siendo el único monarca europeo que murió de ella.

Sobre el siglo XV no dispongo de documentación, del XVI, a través de Andrés Bernáldez, sabemos que en 1507 murieron más de 30.000 personas en España, en la tercera semana de Mayo. En 1518 hubo peste en Valladolid y probablemente en Segovia y Aguilafuente por su proximidad.

Entre 1527 y 1530 hubo peste generalizada en toda España, acompañada de difteria, proceso maligno de garganta que produce un aspecto de asfixia, como cuando se daba el ‘garrote’ a los condenados con una cuerda alrededor de la garganta, por lo que se la conocía, vulgarmente, como ‘garrotillo’. Afectaba mayoritariamente a los niños y jóvenes, rara vez a los adultos, siendo la mortalidad infantil superior al 50% de todas las defunciones que se producían.

En 1539 y 1540, nuevamente repite la peste en Castilla, agravada con malas cosechas.

En 1557 la peste y el tifus exantemático, también conocido como “tabardillo”, enfermedad producida por el piojo verde del vestido, favorecido por las malas condiciones higiénicas, azotaron, con virulencia.

Vuelve la peste y las malas cosechas en 1566.

En 1589 y 1590, además del tifus exantemático, hace acto de presencia la viruela en España; desconocemos si en Aguilafuente también.

Así llegamos a final de siglo en que las malas cosechas de 1598 a 1603 agravan la epidemia de peste atlántica, variante menos mortífera que la negra, pero que asoló con virulencia toda Castilla. Su nombre se debe a que llegó al puerto de Santander en 1596 en un barco que llegaba de Flandes, cargado de lana, el Rodamundo.

Esto sucede en Aguilafuente, donde ya contamos con partidas de defunción del archivo parroquial y observamos que el año 1599 es uno de los más letales de su historia, con 124 muertes, cuando la normalidad era de 15 a 20 fallecimientos anuales.

La peste se declaró en Aguilafuente a mediados de 1599, entre Julio y Agosto, en Septiembre ya hay un repunte de las muertes 21 en un solo mes, lo mismo que en todo el año. Pero se disparan en Octubre y Noviembre con 32 y 34 muertos mensuales. El 27 de Septiembre, el 17 de Octubre y el 8 de Noviembre se produjeron 4 defunciones por día, y durante estos tres meses otoñales, todos los días había, mínimo, una defunción y en otros más de una, teniendo a la población atemorizada.

Los fríos del invierno van a permitir unos meses de respiro, disminuyendo la mortalidad, que de nuevo vuelve a repuntar en el otoño de 1600, terminando el siglo con cifras de 39 muertos, acercándose a la normalidad, que se consigue en 1601 con la vuelta a la media de 20 defunciones por año.

El historiador segoviano Colmenares, en su conocida ‘Historia de la insigne ciudad de Segovia y compendio de las historias de Castilla’, Segovia 1984.Tomo II, página 373 y siguientes, nos relata cómo esta epidemia de peste comenzó en Castilla en 1596, azotándola con gran virulencia. El profesor Alfredo Alvar nos dice que en ese año murieron en Madrid el 30% de su población y Bartolomé Bennassar afirma que algunas poblaciones perdieron hasta el 50%, como en el caso de Tudela. Aguilafuente con una población cercana a los 1200 habitantes, llegó a cifras del 20%, en sólo dos años.

En los años 1606 a 1608 se produce un nuevo rebrote de difteria o garrotillo, con una fuerte mortalidad infantil, 26,42 y 32 defunciones anuales, muy por encima de las 20 habituales.

Como la difteria se venía produciendo cada 15 años y la peste estaba controlada, Aguilafuente disfruta de un periodo de tranquilidad de 13 años (1632-1644).

En 1645 y 1646 vuelven a sonar las campanas en Aguilafuente, más de lo habitual, con 45 y 44 defunciones, el doble de lo normal, creemos que a consecuencia de una fuerte mortandad infantil producida por la difteria.

En el año 1650 hay un repunte de defunciones 34, continuadas en 1651 con 24, y en 1652 con 30, todo parece indicar que la peste, que era generalizada en España, por esos días, afectó fuertemente a las familias de esta villa segoviana.

Una nueva crisis demográfica se produce en Aguilafuente desde 1657 a 1659, con 38-32 y 40 defunciones respectivamente, el doble de lo habitual. Según algunas fuentes, producidas por las malas cosechas a causa de la sequía y el granizo.

La normalidad volvió a la villa entre 1660 a 1675, unos 16 años, que creemos es el ciclo de la difteria.

En 1676 comienza un largo periodo de sufrimiento por la difteria, malas cosechas y a partir de 1683 a 1687 por la peste y el tifus exantemático o ‘tabardillo’, trasmitido por los piojos de la ropa (piojo verde), motivado por la falta de recursos, malas condiciones de habitabilidad e higiene en las viviendas, y fuertes carencias alimenticias. Esto sucede a lo largo de los años 1684 con 63 muertos, más del triple de un año normal, 1685 con 41, 1686 con 33, y 1687 con 42 defunciones, en total, Aguilafuente perdió, en estos cuatro años, el 20% de su población, según se desprende de las partidas de defunciones de las dos parroquias existentes en la localidad y que fueron contabilizadas, por el que suscribe.

El último rebrote que Aguilafuente pudo tener de Peste Bubónica, intuimos se dio en los años finales del siglo, en 1698 con 38 defunciones y 1699 con 74 defunciones, cifras muy elevadas y que sólo se pueden dar por una epidemia descontrolada, pero pudo ser por cualquier otra enfermedad contagiosa.

Los muertos afectados por la peste se enterraban alrededor de las iglesias, donde había cementerios exteriores, y no dentro de ellas, como era normal hacer con los no contagiados, como medida higiénica. También los ‘pobres de solemnidad’, al no poder pagar nada a la iglesia, por su pobreza extrema, los enterraban fuera de las iglesias.

En Aguilafuente tenemos documentación del lugar del cementerio exterior de la iglesia de Santa María, situado en “la puerta trasera que da a los álamos que hay junto al palacio” y también “por bajo de las gradas” en la puerta del mediodía.

Los datos globales de defunciones, de este siglo XVII, se pueden consultar en ‘Historia de Aguilafuente (Segovia). Causa de la Imprenta Española’ de Juan Jesús Díez Sanz, tercera edición, año 2003, página 138.

La intención de estas líneas, en unos momentos tan delicados, no buscan otro fin que poner de ejemplo a la villa segoviana de Aguilafuente; cómo a pesar de las fuertes y continuas dificultades, las superaron y entraron en el siglo XVIII con el ánimo renovado, aumentando considerablemente su población.

Quiero recordar que el sistema sanitario actual, en contraposición con el del siglo XVI y XVII, está lleno de gente preparada y entregada a mejorar la vida de los que por allí tienen la desgracia de aparecer.

Las condiciones de vida, alimentación, medicamentos, nos permiten enfrentarnos a los virus con muchas mayores probabilidades de vencerlos.

Pero tenemos un largo aprendizaje en nuestro comportamiento ante los nuevos retos de supervivencia que la naturaleza nos pone. La historia nos demuestra que terminaremos saliendo adelante.

No infravaloremos el papel de las vacunas, que también a través de la historia, se ha demostrado es el mejor y probablemente único remedio que nos queda para salir de ésta, y tener una vida con cierta normalidad.


(*) Cronista Oficial del Ayuntamiento de Aguilafuente.