Julia Montalvillo es la encargada de custodiar los documentos y velar por su conservación./ NDRÉS M. CÁRDABA
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Julia Montalvillo dirige el archivo de la Casa Ducal de Alburquerque. Este fondo documental que se encuentra en la torre del homenaje del castillo guarda un gran número de legajos que van desde el siglo XII hasta finales del siglo XX. Junto a él se guardan los documentos del archivo municipal y de la Comunidad de Villa y Tierra de Cuéllar, lo que le convierte en uno de los fondos más importantes de España.

Moltalvillo afirma que su labor, al igual que la de todos los archiveros, es la de “salvaguardar y custodiar” todos los fondos documentales que estén a su cargo y ponerlos a disposición de los investigadores. “Cuéllar es un sitio privilegiado” señaló la archivera, que quiso destacar que la villa cuenta con otros fondos como el de la comunidad de Villa y Tierra, los de los dos conventos y los de las diferentes parroquias “que dan mucha información y siguen estando en Cuéllar”

El archivo que se encuentra en el castillo recibe peticiones de más de 20 investigadores al año. Como destaca Julia Montalvillo, estas cifran tan solo son superadas en la Comunidad de Castilla y León por los ‘grandes’ fondos documentales como el de la Real Chancillería de Valladolid o el Archivo General de Simancas (que conserva los documentos en relación a la Corona de Castilla y gran parte de los de la Historia de España hasta el reinado de Isabel II)

“Cuéllar guarda los documentos de veintidós casas nobiliarias”. Montalvillo explicó como se guardan los documentos de los duques de Albuquerque y los de las diferentes familias nobles con las que se fueron uniendo su herederos a través de matrimonios como los Marquesado de Alcañices o los del de los Balbases. Para Montalvillo el potencial de este archivo es ‘increíble’. La archivera argumenta que al existir documentos de tantas familias se agrupan en un mismo fondo documental información procedente de puntos muy diferentes de España como es el reino de León, Navarra, Andalucía o Valencia. Asimismo, Montalvillo destaca que muchos de estos nobles ostentaban cargos importantes como virreinatos o embajadas, “era gente en todos los resortes del poder europeo”

Nueve siglos Asimismo quiso señalar que es importante tanto por su magnitud física (más de 700 archivadores) como cronológica ya que posee documentos que van desde el año 1154 hasta los recortes de prensa que atestiguan del fallecimiento del decimoctavo duque de Albuquerque.

Los investigadores que se acercan hasta la villa tienen profesiones y líneas de investigación muy diferentes, lo que para Montalvillo es un ejemplo de la importancia de este fondo documental. “por supuesto llegan historiadores, pero también arquitectos, abogados e incluso médicos, que vienen a estudiar cómo funcionaba el hospital de la Magdalena”

Asimismo, Montalvillo destacó que el archivo también es en parte un motor económico en la zona “cuando vienen suelen volver, vienen un día con la familia, ven el castillo, los paisajes o me preguntan si hay alguna senda natural”

Entre todos los documentos que custodia la archivera señala que el más interesante para ella es un documento de Alfonso VII fechado en 1154. No obstante, destaca que le gusta a nivel visual pero que a nivel histórico no tiene mucha relevancia. A nivel de información se decanta por otro documento, uno que trata de las compensaciones económicas que recibieron los cuellaranos que participaron junto con Beltrán de la Cueva en una de las batallas de Haro.

Los documentos antiguos que se conservan tienen un alto valor económico por lo que pueden estar amenazados y deben tener una seguridad para protegerlos de posibles hurtos. Montalvillo dijo que en el torreón nunca han intentado robar pero que el problema “no es que entren a robar desde fuera. Tienes que tener el cuidado de revisar el documento cuando el investigador termina” Contó como anécdota que en la Biblioteca Nacional un hombre fue escondiendo páginas de un cartulario y se llevó gran parte del ejemplar.

Sobre la conservación de los legajos dijo que tienen la suerte de “que las paredes del torreón son de dos metros” por lo que el propio muro protege las variaciones ambientales. Por otro lado, los archivos deben luchar contra las plagas de insectos y como en un castillo no se puede fumigar tan cómodamente como en un edificio moderno, utilizan las arañas para controlar los insectos. “Las arañas no comen papel, se comen a los insectos que comen papel” Por otro lado, el edificio “cuenta con uno de los mejores equipos de extinción de incendios del mercado”.

Nuevas Tecnologías Muchos de los archivos han comenzado su digitalización. Los diferentes documentos se fotografían o se escanean para colgarlos en la web y que cualquiera pueda acceder a ellos sin necesidad de desplazarse hasta el lugar donde se encuentren custodiados. Sin embargo esto también ha reportado críticas desde los investigadores sobre la calidad de las imágenes que se ofertan en los portales de la web o reclamando que se ofrezcan mayor cantidad de documentos puesto que los que hasta ahora se ofertan son muy escasos.
Montalvillo señala que el Archivo de Cuéllar digitaliza sus documentos con una cámara fotográfica lo que permite tener los documentos en color, en contra de lo que se ofrece en una parte importante de los portales web, que ofrecen imágenes en blanco y negro, según señala Montalvillo. Asimismo destaca que en el fondo que hay en el castillo de esta villa, la posibilidad de hacer una digitalización permite dar ventajas de cara a la restauración ya que cuando existe un documento dañado antes de retirarlo de la circulación se fotografía lo que permite acceder a él en imagen aunque no sea físicamente.

Al final de la entrevista Julia Montalvillo reflexionó sobre la importancia que tienen los archivos en nuestra sociedad, “son la memoria”. Para ella los fondos documentales cumplen una función imprescindible para salvaguardar la información. Es crítica con algunos usos de internet puesto que, para ella, se está perdiendo información. Pone de ejemplo los censos, tanto los registros municipales como los libros de parroquia son a su juicio “esenciales en la historia” pero señala que la digitalización permite que se modifiquen constantemente de manera que en algunos casos no se guarda el anterior.