María del Mar Martín reivindica la pérdida de recursos que sufre el entorno rural desde hace años. / EL ADELANTADO
María del Mar Martín reivindica la pérdida de recursos que sufre el entorno rural desde hace años. / EL ADELANTADO

Vive en una zona despoblada. Y está orgullosa de hacerlo. En varias ocasiones, ha tenido la oportunidad de cambiar el entorno rural por el urbano. Pero, entre sus ideas, no figura la de dejar de lado su pueblo. El nordeste de Segovia siempre ha sido su casa. María del Mar Martín no conoce otra forma de vida que no sea en este mundo. Es por ello por lo que, desde la gerencia de Codinse (Coordinadora para el desarrollo integral del Nordeste de Segovia), centra todos sus esfuerzos en impulsar esta parte de la provincia. Es su razón de ser.

Cuando era joven, Madrid se puso en su camino. Ella esquivó la capital. Fue al centro del país para licenciarse en Ingeniería Técnica Agrícola. Una vez cumplido el objetivo, regresó a su hogar. Lo hizo, en parte, animada por una oportunidad que no podía rechazar. Surgió la necesidad de contratar a alguien que pusiera en marcha el primer programa de desarrollo. Encajaba en el puesto. Así, en 1993, se convirtió en la gerente de Condinse.

En el año 2000, el amor le hizo cambiar su pueblo natal, Saldaña de Ayllón, por el Campo de San Pedro. Aquí conoce a toda la gente que le rodea. Esto no solo “facilita mucho las cosas”: le ha permitido establecer fuertes vínculos con sus vecinos. Todo esto lo explica una simple cuestión: el gran arraigo que mantiene con su pueblo. Esto no ocurre con tanta facilidad en la tierra de los edificios altos, las empresas, el estrés y las relaciones anónimas.

Reconoce que hay notables diferencias entre el campo y la ciudad: afirma que “son dos formas distintas de vivir”. Esto no es malo. Más bien todo lo contrario. “La experiencia es positiva”, sostiene. De hecho, “aunque parezca mentira”, tiene la sensación de que cada vez se aproximan más. “Se nos transmite una cultura muy urbana”, relata. Y tiene una ventaja que ahora se ha hecho aún más notable: la posibilidad de estar en un sitio sano, no masificado, en un lugar en el que conoce con detalle cada uno de sus rincones.

Cuando piensa en su pueblo, rápido le vienen a la mente sus paisajes y su increíble espacio ambiental. “Ya no hablamos de los pueblos de hace 50 años en los que estábamos completamente aislados”, asegura. Han cambiado mucho. Hoy tienen una comunicación más fluida. Pero hay algo que no cambia: el pueblo es “lugar de retorno y de reencuentro permanente”. Esto, sin duda, le parece una de las cosas más importantes.

Durante muchos años se ha menospreciado la vida en el mundo rural”. No solo puede pensar en cosas positivas. Considera que “se ha vendido la cultura macro”, en detrimento de lo pequeño. Ahora la pandemia ha provocado un cambio de tendencia: el mundo rural se mira con otros ojos, se valora de otra manera. Para alguien que cree que el nordeste es “muy desconocido para el resto de la provincia”, esto es una buena noticia. Quizá ya le tocaba. Hace tiempo que cayó en el olvido de muchos, lo que ha generado una pérdida paulatina de recursos. Y, con ello, una pérdida de población. De ahí que forme parte de la famosa ‘España vaciada’.

El proceso de despoblación que ha sufrido el mundo rural en general y “nuestros” pueblos en particular, le convenció “de que lo bueno es vivir en la ciudad”. Esto era algo similar a alcanzar el éxito. En la actualidad, parece que la mentalidad está cambiando. Es de valorar aquellos que han sido capaces de desarrollar su proyecto en un pequeño pueblo. Martín lo logró hace años. Desde Codinse, seguirá siendo la guardiana del nordeste de la provincia de Segovia. Y, de esta forma, el azote contra la despoblación y el olvido.