Momento de la misa.
Momento de la misa.

La Capilla del Cristo del Perdón, en la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario, en La Granja de San Ildefonso, acoge, desde este pasado viernes, la reliquia ex corpore de San Antonio María Claret, fundador de la congregación de los Hijos del Inmaculado Corazón de María que la entregaron, de forma oficial, a la Parroquia de la Santísima Trinidad.

Con la, popularmente, conocida como Iglesia del Cristo prácticamente llena, y con la presencia de varios de los ediles del Real Sitio, el obispo de la Diócesis, don César Augusto Franco, junto al párroco Emilio Calvo y varios miembros claretianos, entre los que se encontraba el Superior de la Provincia de Santiago, Adolfo Lamata, concelebraron la Eucaristía Solemne, a cuya conclusión, los fieles presentes, tuvieron la posibilidad de venerar esta reliquia antes de ser llevada, en procesión, hasta la urna en la que quedó depositado el relicario que la custodia, en uno de los espacios en los que, Claret, oraba con mayor frecuencia durante su etapa de confesor de la reina Isabel II, en la segunda mitad del siglo XIX.

El milagro de las especies sacramentales consiste en que el santo conservaba en el pecho las especies eucarísticas intactas, sin degradación, ni descomposición después de haber comulgado, siendo ello percibido por el alma.

Según se recoge en distintas publicaciones, esta experiencia mística se prolongaría durante nueve años, hasta su muerte, siendo canonizado en 1950, tras un proceso en el que se tuvieron en cuenta, tanto el milagro referido con anterioridad, como varios casos de curaciones de distintas personas, tras encomendarse y pedir la intercesión del padre Claret.

La vinculación con nuestra capital comenzaría en noviembre de 1861 cuando se funda la primera casa de la congregación fuera de Cataluña (tras las de Vic y Barcelona) recalando, los Misioneros, en la iglesia de San Andrés. Cierto que ya antes, el fundador, acompañante sufrido de la Reina Isabel II en La Granja, había visitado Segovia durante el verano.
Tan sólo unos meses después se aposentarían en el Convento de Alcantarinos junto a la cuesta de San Gabriel.