“Makers” como Alba de la Torre siguen trabajando incansablemente.
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Comenzaron a principios de marzo ante las preocupantes noticias que llegaban del COVID-19, y se pusieron en marcha para contribuir ante una pandemia que está poniendo al límite los recursos nacionales. El grupo denominado “@_CV19_FAB_CYL” y el resto de asociados para las diferentes zonas, por su nomenclatura en Telegram (canal en el que se organizan), está formado por “makers”, diseñadores, médicos, ingenieros, cartógrafos y otros colectivos más, que se organizan a nivel local, provincial, comunitario, nacional -e incluso a nivel internacional- para crear una súperestructura capaz de poner en marcha una red de logística y organización nunca vista antes. Se está moviendo desde la provincia de Segovia también, coordinados a nivel autonómico, y participan algunos vecinos de Cuéllar y de otras localidades, como Carlos Pascual Acebes, de Olombrada; todos ellos llevan coordinados desde la primera noche del Estado de Alarma para crear lo que ellos mismos consideran “un movimiento fuerte”. Se trata de personas con maquinaria propia: impresoras 3D entre otras, que junto a otros colaboradores, usan esta red para construir de cero los productos finales: viseras con pantallas antisalpicadura, “ya que el resto de diseños están revisándose minuto a minuto para encontrar soluciones que puedan atender a las exigencias de Sanidad referentes a la seguridad y protocolo de otros artículos de ayuda sanitaria, como mascarillas estancas, repuestos para respiradores y otros”. Así lo cuenta Alba de la Torre, hasta ahora coordinadora de Castilla y León. Hace un llamamiento serio: que solo se fabriquen viseras, por los riesgos que puedan generar; el resto de productos cuentan con un protocolo sanitario que aún no está validado para “makers”.

EL MATERIAL NECESARIO

Alba de la Torre explica que los suministros que actualmente necesitan son: láminas de acetato de 0,2 de grosor y tamaño A4 para la construcción de las viseras; filamento para impresora 3D, PLA o PETG, y cinta elástica, preferiblemente de 1 cm de ancho largo por unidad 25 cm.   También hay otras necesidades de logística, y piden que se contacte con el coordinador de zona en Telegram.

El funcionamiento de coordinación que han logrado incluye que desde estos grupos, los diseños puedan pasar a probarse de manera oficial y, después, con las piezas terminadas, se pueda enviar a hospitales de cada zona y a los lugares que lo necesiten. Trabajan coordinados con el Ministerio de Sanidad porque todo lo que fabrican está validado y lleva el control de calidad, algo “vital”, como reconoce esta comunidad.

Explica Alba de la Torre que la comunidad trabaja “en silencio y sin hacer ruido” para poder avanzar más rápido, con la colaboración incluso de las papelerías que están cerradas, que les hacen llegar el material que necesitan. Por suerte, comenta, empresas que se dedican a la gestión de productos con garantía sanitaria “nos han ofrecido su ayuda para gestionar todas las piezas que requieran de este tipo de logística”. A ellos les mueven las ganas de hacer algo útil, sobre todo en estos momentos “en los que tenemos que remar todos a una”. De la Torre asegura que hay mucha gente solidaria con ganas de aprender de otros, de compartir lo que sabe y avanzar “cuanto más, mejor”.

Ahora que parece que desde País Vasco y Asturias se ha logrado completar un respirador autónomo de bajo coste para crear desde impresoras 3D, los “makers” de la provincia tienen un aliciente más para continuar por este camino.

Los “makers” aceptan donación de material en cualquiera de sus puntos, y para ello dejan el canal de Telegram a nivel provincial a disposición de todo aquel que pueda donar todos los suministros posibles.

Sin duda, la cultura “maker” era desconocida para muchos hasta estos momentos de crisis. Una red que estaba algo oculta y que, sin embargo, están adquiriendo una relevancia vital para garantizar la atención médica de todos los pacientes de COVID-19. Su trabajo, rápido y eficaz, ya está salvando vidas.