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Una persona en busca de boletus edulis en la Sierra de Guadarrama./ KAMARERO

La caída de las primeras hojas de los árboles marcan el otoño y, con ello, el inicio de la temporada de recogida de setas. Gracias a su riqueza natural, Segovia es un escenario privilegiado para esta actividad. Sin embargo, la campaña comienza esta vez de manera desigual en la provincia, con algunos terrenos más afortunados que otros. En gran medida, las condiciones climatológicas han sido determinantes para estas diferencias. Por el momento, la campaña micológica se ha puesto en marcha solo en “zonas muy específicas”, según indica Saúl Reus, miembro de la Asociación Micológica de la Villa de Riaza. “En algunos terrenos más húmedos y de mayor altitud ya se ven algunas especies, pero todavía están empezando”, determina Ramón Saiz, presidente de la Sociedad Micológica Segoviana.

“Este año se han activado los micelios gracias a las precipitaciones de agosto, aunque todavía está todo muy seco”, advierte Saiz. Por ello, pronostica que para mediados de este mes la aparición de setas se extenderá a la mayor parte de la provincia, siempre que las lluvias que llegaron ayer permanezcan durante varios días. Según testimonia Saiz, este fin de semana se han podido ver setas de cardo (Pleurotus eryngii), níscalos de montaña (Lactarius quieticolor), boletus (Boletus edulis), algunos géneros de Macrolepiota y setas molineras (Clitopilus prunulus), entre los hongos comestibles más destacados.

El inicio de la temporada de setas también viene marcado por el aumento de los curiosos -tanto segovianos como foráneos- que deambulan por los bosques y los pinares. Por ello, los expertos y grandes conocedores del tema hacen hincapié en advertir sobre el peligro de la recogida de setas que pueden ser potencialmente tóxicas y, en los peores casos, mortales.

Una necesaria advertencia

“El mundo de la micología es muy bonito, pero a la hora de comenzar en él hay que tener mucho cuidado, es necesario entender y saber lo que se está cogiendo”, recalca Reus. “Pues no hay ley que te permita saber si un hongo es venenoso o no”, asevera. Por ejemplo, en algunas zonas de la provincia se pueden encontrar ejemplares de Paxillus involutus o Amanita phalloides, los cuales son muy peligrosos y pueden ser confundidos con otros hongos comestibles.

También existe el conocido como ‘falso níscalo’ (Lactarirus torminosus), que “sale en lugares donde hay abedules y se mezcla con el níscalo (Lactarius deliciosus)”. O los champiñones tóxicos (Agaricus xanthoderma). Visualmente, no hay diferencias con el comestible. Todo radica en que el venenoso desprende “un mal olor, como a fenol, tinta china o medicamento cuando lo cortas”, detalla Saiz; mientras que el comestible “tiende a oler bien, con un toque anisado”, añade el presidente.

El experto en micología afirma que “lo de buscar setas ahora se ha puesto de moda”. Un hecho que conlleva a que mucha gente destierre la prudencia y “sea más atrevida” para buscar, recoger y comer setas. Esto se debe a algunos foros y aplicaciones que presuntamente identifican los hongos, pero Saiz avisa de que “es muy difícil reconocer un ejemplar por una simple foto”. De ahí que su principal premisa sea: “Consume solo lo que conozcas perfectamente”. Por ello, aconseja ir acompañados de personas expertas en micología. “Del mismo modo que no te comes cualquier planta que ves en el campo, no lo hagas con los hongos”, relata.

Interés creciente

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Una de las exposiciones micológicas en la Plaza Mayor. / NEREA LLORENTE

Aunque las diferentes asociaciones de la provincia cuenten con una amplia trayectoria, ha sido en los últimos años cuando han proliferado más jornadas abiertas a todos los públicos, como rutas y exposiciones. Cada vez más interesados comparten esta afición y optan a la formación que brindan estas agrupaciones.

Desde la Sociedad Micológica Segoviana manifiestan que “cada día la organización atiende a más y más personas interesadas en la búsqueda y recogida de setas”. De hecho, este fin de semana se ha empezado a impartir un curso de formación micológica y están programadas diversas actividades, como la tradicional exposición de hongos en la Plaza Mayor por el día de San Frutos. Pero también tienen un servicio de atención al público general, conferencias, salidas y rutas micológicas, talleres de cocina e, incluso, concursos de dibujo infantil.

De modo parecido, la Asociación Micológica de la Villa de Riaza ya cuenta con casi 300 socios. “Hay gente tanto autóctona como veraneantes”, reseña Reus. Por el momento, hay programada una exposición, una conferencia, la entrega de un premio y dos salidas guiadas al campo, pero “ya no solo por conocer las setas, sino por disfrutar de nuestros montes y praderas, con aire puro y buenas vistas”.

Respetar el entorno

Ciertamente, la micología es una afición muy emparentada con el respeto y cuidado del entorno. Por ello, responde a unas normas y leyes. “Cuando se va a buscar setas, hay que dejar todo como si no hubiera pasado nadie”, considera Saiz. No solo se refiere a no tirar basura, sino también a no rastrillar, una práctica que, como el presidente recuerda, “está prohibida por ley”. A la hora de coger un hongo, también hay que respetar los tamaños mínimos en relación con el diámetro de sus sombreros -con excepción de las senderillas o senderuelas (Marasmius oreades)-. Así, se permite que se puedan reproducir.

En suma a esto, el presidente menciona que los hongos se deben cortar con un cuchillo de menos de once centímetros de hoja y, a continuación, se deben almacenar en recipientes rígidos o semirrígidos que permitan la aireación de las setas y la caída de sus esporas. Por ejemplo, en las tradicionales cestas de mimbre que ya se han convertido en símbolo de la actividad y un complemento más del otoño.

Las setas, un tesoro culinario