El recorrido por las fuentes del Palacio Real de La Granja comenzó en la espectacular de La Selva. /KAMARERO
El recorrido por las fuentes del Palacio Real de La Granja comenzó en la espectacular de La Selva. /KAMARERO

Los juegos de agua de las fuentes monumentales y las esculturas que las animan son los grandes protagonistas de los Jardines Reales de La Granja. En la tarde de este miércoles, con motivo de la festividad de San Luis, patrón de La Granja, han vuelto a ofrecer su extraordinario espectáculo a las cerca de 600 personas que han tenido el privilegio de contemplar y disfrutar de los malabares acuáticos de un sistema hidráulico, intacto aún hoy, que por la simple presión y sin ayuda de bombas eleva los surtidores hasta alturas mayores de cuarenta metros.

Patrimonio Nacional ha recuperado estos tradicionales juegos con un aforo limitado, de acuerdo a las normas sanitarias, con el reparto de 577 pases gratuítos, cuando otros años más de 10.000 personas asisten a este espectáculo. En cuanto las entradas empezaron a distribuirse en los jardines, se agotaron en pocos minutos entre granjeños y visitantes, con ganas de refrescarse en un día caluroso y de contemplar la belleza de esta infraestructura.

A las cinco y media de la tarde se puso en marcha la primera fuente, La Selva, que cuenta con muchos surtidores altos y muy juntos, que hace el efecto de un haz o gavilla. Tanto esa forma vegetal del juego de aguas como las figuras mitológicas de Vertumno y Pomona que ocupan su centro, aluden a los planteles y huertos reales situados al otro lado de la ría.

Siguiendo la terraza del palacio queda a la derecha la magnífica perspectiva de la Carrera de Caballos, segunda fuente que entró en funcionamiento, también espectacular, a la que siguió la del Canastillo. Esta fuente es más sencilla en cuanto a la escultura, pero su juego de aguas es el más ingenioso y variado, especialmente cuando pasa de su primer movimiento al segundo, que impresionó a los espectadores por la magia y la cercanía del agua, que a más de uno le remojó el cuerpo.

La forma estrellada de las Ocho Calles obedece a su función inicial de parque de caza, con una glorieta central y otras cuatro plazuelas secundarias, todas ellas decoradas con fuentes después de 1725. Hoy también han podido ser contempladas.

Tras Las Ranas, el recorrido llegó a la fuente de los Baños de Diana, última fuente realizada y la única que tiene un carácter arquitectónico. Diana descansa de la caza servida por cinco ninfas que se ocupan de lavarla, peinarla y secarla, mientras otras, distribuidas por el estanque, juegan con perros y delfines que arrojan surtidores.

Y el recorrido concluyó en la fuente de La Fama. Montada sobre el caballo de Pegaso, lanza hacia el cielo su potente surtidor a más de cuarenta metros de altura, mientras varios guerreros moros caen vencidos a sus pies y por el peñasco, en cuya base cuatro figuras representan los ríos principales de España.

El espectáculo de esta tarde, junto con el de Baños de Diana del próximo sábado, cierra este año la temporada de las fuentes monumentales del Palacio Real de La Granja de San Ildefonso.

Un capricho de Felipe V

La abundancia de agua fue uno de los mayores atractivos del jardín de La Granja para Felipe V, impulsor del Palacio Real, pues le permitía llenar el jardín de fuentes espectaculares, cada vez más apreciadas desde el Renacimiento italiano (Tívoli, Volví) hasta Luis XIV, cuyos ingenieros llevaron los artificios hidráulicos a extremos de refinamiento solo atajados por la escasez de agua o los inconvenientes de su bombeo, como ocurría en Versalles.

En La Granja, un agua purísima procedente de la montaña, cristalina, muy abundante, era como un diamante en bruto que esperaba a los técnicos franceses que la tallaron a gusto del rey. La construcción del estanque (el Mar) y de otros seis más pequeños, y el tendido de varios kilómetros de cañerías formadas de tubos de hierro son los capítulos mayores del sistema hidráulico, que funciona por la simple presión y sin ayuda de bombas.

Las esculturas constituyen el conjunto decorativo francés de este género más amplio y mejor conservado de los realizados en los años finales de Luis XIV y durante la Regencia. Realizadas en un plazo relativamente breve, y por tanto muy homogéneas, se deben sobre todo a dos artistas: René Frémin y Jean Thierry, que, llamados en 1721, dirigieron un nutrido equipo de ayudantes con nueve oficiales, seis marmolistas, dos modeladores y un cincelador, entre otros.

La calidad de las piezas es característica del sentido decorativo y de la elegancia formal del rococó, aunque Frémin y Thierry se inspiraron frecuentemente en diseños de Carles Le Brun, dentro del gusto fuerte y heroico del siglo de Luis XIV.

Desde que en 1990 se instaló en los Baños de Diana el sistema de reciclaje de agua, esta fuente viene haciéndose correr una hora durante las noches de verano en los fines de semana. Por tanto, hay que procurar contemplar la Carrera de Caballos, el Canastillo y Latona, y para ello es preciso estar dentro del jardín con tiempo y no perderlo en el camino entre las dos últimas.

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