El novillero brasileño, vecino de Cantalejo, Igor Pereira. / A.M.
El novillero brasileño, vecino de Cantalejo, Igor Pereira. / A.M.

De Brasil a Cantalejo. De Gurupi (Tocantins) a la provincia de Segovia. Llegó a la ciudad briquera con su familia cuando tenía 10 años y rápido quedó tocado por el mundo taurino. La tauromaquia popular, los encierros y las capeas, fueron la primera toma de contacto que después quedó ratificada con el toreo de Julián López ‘El Juli’. “Me impactó”, asegura Igor Pereira (Gurupi, 1996), hoy novillero con picadores, que tras unos años de parón por las dificultades que entraña esta profesión, sobre todo para los jóvenes, y el frenazo a consecuencia de la pandemia ha vuelto con mayor fuerza. Una evolución que se refleja en su puesta en escena en los tres tercios. “Quiero que el público vea algo espectacular”, subraya en una entrevista para El Adelantado de Segovia después de triunfar en la feria de Cantalejo, con tres orejas. Este sábado, además, actuó en Matalpino (Madrid), con un esguince de tobillo de grado 2. Todo por un sueño. Por eso, demanda más presencia de los novilleros de Segovia en las plazas de la provincia: una apuesta que en el coso briquero el pasado martes tuvo una buena respuesta de público. “La situación está muy complicada y es de agradecer que la gente de tu tierra te apoye: no los voy a fallar”.

– La primera pregunta es la que se hace todo el mundo: ¿Qué hace un brasileño en Cantalejo y cómo decide ser torero? 

– Llegué a Cantalejo cuando tenía unos 10 años y pronto me llevaron a ver recortes y encierros. Luego en una corrida de toros aquí, en Cantalejo, me impactó mucho el toreo de El Juli y ahí dije: quiero ser torero. Yo quería sentir emociones como las que vi que se dieron aquella tarde. A partir de ese momento, la apuesta fue clara. Además, mi hermano -Iuri, hoy periodista- también quería ser torero y fuimos los dos a la escuela.

– Primeros conocimientos de técnica, colocación, disciplina…

– Sí, primero fuimos a la Escuela de Colmenar Viejo. Luego a la de El Espinar con el maestro Sánchez Puerto y ya  en la de Arganda, la de El Juli, comenzó la cosa a ser todavía más seria. Al principio, con 14 años, íbamos como banderilleros de otros compañeros como Pablo Atienza o Joaquín Carrio para colocar los novillos hasta que llegó el debut en público. Fue en Colmenar Viejo, con un ejemplar de la ganadería de Flor de Jara -encaste Santa Coloma- , y no pudo ir mejor: dejé muy buena impresión y la gente salió hablando de mí. Fue un punto clave para mi etapa como novillero sin picadores; pues después llegaron 30 tardes más.

Ígor Pereira, en el patio de cuadrillas de Cantalejo. / A.M.
Ígor Pereira, en el patio de cuadrillas de Cantalejo. / A.M.

– De ahí al salto al escalafón de novillero con caballos. Riaza, 2014: una exigente apuesta (astados de Valdemoro).

– El alcalde, Benjamín Cerezo, confío en mí y le estoy muy agradecido. Fue un año que venía de torear poco, pero había que apostar; sabiendo que los novillos que echan en Riaza siempre son muy bonitos, pero muy fuertes. Al final, corté dos orejas y terminé triunfador; realizando la mejor faena.

– Después llegó un periplo de la mano de Carlos Zúñiga, uno de los empresarios y apoderados más reputados de la escena taurina. Algo vería, ¿no?

– Zúñiga me echó una mano en una época difícil: había pocas novilladas y todo pasaba por ir a Madrid para ver si salía bien y ganar otros contratos. Lo cierto, es que no me veía preparado todavía para ir a Las Ventas, dado que tenía poco bagaje. Al final, fueron cinco novilladas las que toreamos a su lado, un número que me sirvió para evolucionar.

Ígor Pereira, con las banderillas en Cantalejo. / A.M.
Ígor Pereira, con las banderillas en Cantalejo. / A.M.

– Luego llega un parón de 2008 a prácticamente 2022.

– Sí, me vi parado por la falta de oportunidades y después para las consecuencias lógicas de la pandemia. Además, me ofrecían cosas nada acordes con esta profesión; pues un novillero, por lo menos, tiene que ir por los mínimos para poder pagar a su gente.

– Novillos grandes, contratos muy justos de dinero y falta de oportunidades. ¿Segovia debe apostar por sus novilleros?

– Es bonito que apuesten por los toreros de la casa. Es una forma de crear afición. Además, siempre que está anunciado algún segoviano van paisanos y amigos a apoyarles a las plazas y eso se ve reflejado en taquilla. Segovia es muy taurina y, por ejemplo, cuando toreaba Víctor Barrio siempre se movilizaba la gente allá donde actuara. 

– Esta temporada parece que Igor Pereira poco a poco va entrando en los carteles.

– Tuve la suerte de empezar pronto en Villanueva de Perales donde fui triunfador y, gracias a ello, han salido algunas cosas más como Tudela (Navarra) o la de Cantalejo. El 3 de septiembre voy a Navas del Rey (Madrid) y luego tengo algún festival en Francia.

Pase de pecho del novillero brasileño afincado en Cantalejo, Ígor Pereira. / A.M.
Pase de pecho del novillero brasileño afincado en Cantalejo, Ígor Pereira. / A.M.

– Segovia, Madrid, Navarra y Teruel han sido los puntos clave en la carrera de Pereira.

– Así es. He toreado más por el norte donde sueltan astados serios y hay que estar preparados.

Lance capotero de Igor Pereira. / A.M.
Lance capotero de Igor Pereira. / A.M.

– Háblanos del concepto que llevas dentro.

– Buscamos atraer al público y dar todo que tenga dentro: ofrecer algo espectacular. Por ello, apuesto por los tres tercios: variado con el capote, banderillas y muleta. Así se vio en Cantalejo, con una importante evolución. Pero también quiero torear bien; sabiendo lo difícil que es.

– Ahora con los hermanos Pérez Villena, ¿qué objetivo está a la vista?

– Son amigos y están haciendo mucho para que vaya cogiendo sitio. También me ayuda El Adoureño -Yanins Djenibla-, con el que entreno. El objetivo es pisar plazas de relevancia y poder entrar en Madrid para después tomar la alternativa.

– Para terminar, ¿qué le dirías al público para que vaya a verte?

– Que van a ver algo distinto y que no les voy a fallar.