Fuegos de artificio

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El “huracán Bisbal” barrió en la noche del martes las primeras estribaciones de la sierra de Guadarrama dejando a cerca de 5.000 fieles seguidores la satisfacción de haber disfrutado de un apabullante espectáculo audiovisual basado íntegramente en el innegable carisma sobre el escenario del cantante almeriense.

Con la habitual sagacidad de la que hacen gala nuestros lectores, habrán comprobado que en las primeras nueve líneas de esta crónica no figura la palabra “música”, ya que si bien es cierto que el concierto se prolongó durante más de dos horas, el planteamiento del espectáculo de Bisbal parecía en muchas ocasiones querer dejarla a un lado en aras de una planificada estrategia de mercadotecnia.

Y es que el patio está para pocas bromas. Los astutos ejecutivos de las compañías de discos han descubierto fórmulas nuevas para explotar el filón y combatir contra la piratería a las que los artistas tampoco son ajenos. Politonos, camisetas, perfumes… con la marca DB ofrecen nuevas fórmulas de identificación del público con el artista en las que la música es más continente que contenido. Precisamente por eso, las canciones de Bisbal se basan en ritmos pegadizos con lugares comunes en las letras que consiguen con facilidad auparse en los primeros lugares de las listas de éxitos comerciales.

La música de Bisbal, como la de un gran número de artistas encuadrados en su mismo área, es un puro fuego de artificio, brillante en su ejecución pero demasiado efímera en su resultado. Pese a ello, hay que reconocer el esfuerzo realizado en el disco que da nombre a su gira, donde coquetea con ritmos y fórmulas anglosajonas y guitarreras para volver de forma inmisericorde al planteamiento más efectista, consciente de su innegable tirón popular.

Bisbal salta, gira con pasión derviche sobre el escenario, se comunica con el público y muestra su capacidad vocal de forma incansable y con un derroche de energía encomiable. El resultado final es similar a disfrutar de un exquisito dulce de bollería industrial, agradable para el paladar y de un escaso aporte alimenticio. A Bisbal se le puede pedir entretenimiento, diversión e incluso emoción en algunos casos recalcitrantes, pero no mucho más. Es lo que hay.