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La planta de tratamiento de purines ubicada en Turégano ha comenzado a funcionar a pleno rendimiento, tras varios meses de adaptación y reforma de sus instalaciones.
Después de haber permanecido cuatro años cerrada, esta instalación, que se presentó como una solución a los problemas de alta concentración de excrementos porcinos en la zona, vuelve a funcionar con normalidad.

El grupo empresarial Ignis, dedicado al desarrollo energético, adquirió esta planta, e invirtió más de cuatro millones de euros en la compra y la adaptación de la maquinaria. El grupo dispone también de algunos parques fotovoltaicos en la provincia.

La anterior empresa propietaria, ‘Guascor S.A.’ puso en marcha la planta con la intención de procesar 100.000 m3 de residuos ganaderos y generar 100 millones de Kilowatios/hora de electricidad. Los actuales propietarios mantienen los mismos parámetros. De hecho son los que figuran en la autorización administrativo. La actual plantilla la integran 16 personas que mantienen la instalación en funcionamiento las 24 horas del día durante 350 días al año.

Según explicó el director de la planta, Joaquin Ozcoidi, ha sido necesario modificar gran parte de la instalación y modificar algunos motores. “Ahora estamos acabando la fase de adaptación, de forma que intentamos acercarnos a la cantidad de purines para la que está autorizada la planta”, explicó.

De este modo se espera que en las próximas semanas, la instalación, situada junto a la carretera que conduce a Muñoveros, pueda alcanzar la velocidad de crucero para la que se ha diseñado.

Con esta planta se procesan los purines generados por gran parte de las explotaciones de porcino de la comarca, que evitan esparcirlos en las fincas agrícolas, y se añade más protección ambiental a una zona declarada como sensible a la contaminación por nitratos.
Aunque desde la empresa no se han facilitado datos sobre el coste económico que tiene para los ganaderos, fuentes del sector señalan que ronda los 4-5 euros el metro cúbico de purín.

La planta de Turégano es una de las que utiliza la cogeneración para la producción de energía eléctrica. Para ello emplea el gas natural que llega en un gasoducto construido hace años. El calor producido se aprovecha para el desecado de los residuos ganaderos, que de esta forma se manejan más fácilmente para su procesado y distribución.
Esta instalación, al igual que otras similares, permanecieron cerradas hasta que el Tribunal Supremo dictó en 2016 una sentencia que declaraba nula la decisión del Ministerio de Industria y Energía de limitar a 15 años las ayudas a estas instalaciones.

En Castilla y León hay cinco plantas que se encuentran en funcionamiento: la de Milagros (Burgos), San Millán de los Caballeros (León), Hornillos de Eresma (Valladolid), Tordómar (Burgos), y la de Turégano. La única planta que buscó una alternativa fue la de Almazán (Soria), donde todavía se realizaban labores de tratamiento de residuos orgánicos. La otra soriana ubicada en Langa y la de Fompedraza, en Valladolid, están a la espera de conocer cómo se ejecuta finalmente la sentencia dictada por el Tribunal Supremo.