“La más característica y genuina de las instituciones del derecho consuetudinario agrario vigente en la actual provincia de Segovia es, sin duda, el fetosín”, Manuel González Herrero (Historia Jurídica y Social de Segovia, 1974). Esta cita del ilustre historiador segoviano pone de relieve la importancia de esta figura, no siempre bien conocida.

¿Qué es el fetosín?

Se trata de una institución de derecho consuetudinario (amparada en raigambres históricas) específicamente segoviana, que gestiona el reparto de algunas tierras de labranza. Consiste en la parcelación de terrenos en porciones denominadas rachas, suertes o lotes, que se ceden a algunos vecinos siguiendo criterios de acuerdo a ordenanzas tradicionales.

Esta forma de explotación se practicaba en gran parte de la provincia, y de hecho permanece activa, con mayor o menor intensidad, en lugares como Escalona del Prado, Mozoncillo o Bernuy de Porreros.

Características del fetosín

A pesar de algunas diferencias locales, esta forma tradicional de labranza tiene particularidades que se cumplen de modo general, según lo expuesto por la autora Irene Merino.

• Suelen ser terrenos comunales o propiedades vecinales.

• La concesión se otorga por turnos sucesivos, atendiendo al principio de mayor antigüedad censal. El beneficiario del fetosín suele satisfacer un canon anual a los ayuntamientos.

• La titularidad es inherente a la condición de vecino, implicando la condición indispensable de tener residencia fija en el pueblo, con excepciones temporales como el ingreso a filas (en épocas en las que aún existía el servicio militar obligatorio) o fuerzas de causa mayor que obligaran a una ausencia transitoria.

• El titular disfruta del uso y cultivo de las tierras de labrantía. Aunque el derecho de titularidad es personal e inalienable, los predios que lo conforman pueden ser arrendados; solía prohibirse el arrendamiento a forasteros.

• El vecino adjudicatario adquiere, igualmente, determinados deberes. El primero de ellos está ligado a un valor de sostenibilidad: dado que el objetivo pasaba por la optimización de la productividad de las tierras agrícolas, existía el deber de cultivar según la costumbre y el uso del buen labrador, manteniendo la fertilidad del suelo que le era concedido. En segundo lugar se requería el pago del canon anual al ayuntamiento, en la cuantía y/o especies pactadas tradicionalmente. En tercer lugar era necesario pagar igualmente al ayuntamiento los impuestos de carácter territorial que gravasen las fincas de la suerte de fetosín.

Origen histórico

Su génesis parece vinculada al crecimiento demográfico del siglo XVIII, que ocasionó un aumento de la demanda alimenticia, y con ello un incremento de la renta de la tierra y de los precios de los productos agrícolas.

Según Merino, las protestas de quienes se sentían afectados por esta situación fueron llegando, sobre todo a partir de 1752, al Consejo de Castilla. En 1768 (aprovechando unas instrucciones de Carlos III para que en La Mancha se cercasen y repartiesen las tierras de propios –terrenos baldíos de propiedad municipal- con el fin de incrementar la producción de cereal) algunos municipios hallaron una buena ocasión para proporcionar trabajo a mucha mano de obra que por entonces estaba desocupada. De este modo, en algunas poblaciones se iniciaron los repartos de tierras.

En el caso de Escalona del Prado, tal y como señala la periodista segoviana Isabel Jimeno, su génesis se remonta al siglo XV, cuando Alfonso González de la Hoz, dueño de numerosas propiedades, arbitró un sistema a través del cual donaba toda su heredad de tierras mediante una escritura otorgada en 1454. A través de esta figura, él continuaba con la posesión de las tierras, mientras los vecinos disfrutaban de su explotación.

A cambio, los beneficiarios de los fetosines debían pagar un tributo, fijado entonces en doscientas fanegas de pan, mitad de trigo y mitad de cebada, y diez pares de gallinas vivas.

En Bernuy, el origen puede situarse en 1507, cuando fueron constituidos por Don Pedro de Castro Mercado. El Ayuntamiento conserva un documento del año 1567 en que se refleja que “Doña Catalina de Castro, moradora de la localidad de Segovia y esposa de Hernán Ramírez de Sosa, requiere a su marido consentimiento para ceder, dispensar y formalizar por escrito el censo del Fetosín, manifestando su voluntad de que la forma en que se estipule quede para tiempos venideros y futuros herederos y sucesores”.

Los fetosines estuvieron presentes en un gran número de municipios segovianos. En algunos de ellos hasta tiempos bastante recientes, si bien aún existen desde el punto de vista burocrático (Cantimpalos, Yanguas de Eresma, Añe, Muñoveros o Muñopedro). En otros permanecen operativos todavía, como señalaremos más extensamente en los casos particulares de Bernuy de Porreros o Mozoncillo.

Fetosines de Bernuy de Porreros

En el reglamento del año 1952 se establecían los requisitos que había de cumplir una persona para poder ser beneficiaria de las suertes. En primer lugar debía redactar un escrito remitido a la alcaldía y pagar una pequeña aportación monetaria (concretamente, tres pesetas). Se requería ser vecino “con casa abierta”. Y era preciso alcanzar la edad de veinticinco años tanto para hombres como para mujeres. Además se demandaba poseer la condición de vecindad, situación que también se obtenía con el matrimonio con un vecino de la localidad. En los casos de funcionarios públicos, profesores, doctores, secretarios de ayuntamiento o herreros, obtenían la vecindad desde el mismo momento en que tomaban posesión de sus cargos, previo pago de una cantidad en concepto de derechos de inscripción. Por último, era necesario cumplir con el servicio militar, pudiendo ser beneficiario del fetosín desde el mismo momento de adherirse a filas.

El investigador Pascual González ha comprobado que en algunos documentos se denomina a los fetosinesde Bernuy como fetosines de viudas, lo que ilustra cómo esta herramienta pudo funcionar como un recurso que favorecía las circunstancias de personas menos protegidas económica o patrimonialmente. Salvando las distancias, parece que en algunos casos pudiera significar algo parecido a una pensión de viudedad en especie.

Este autor señala que, antiguamente existían 59 suertes o cuartos, aunque su número actual es menor. Cada cuarto tenía aproximadamente 14 obradas, divididos en dos hojas. La obrada era una medida agraria tradicional, muy utilizada antaño. Su origen deriva de la superficie que eran capaces de arar un par de animales de labor (bueyes o mulos normalmente) a lo largo de una jornada de aproximadamente 8 horas. Las hojas se refieren a una división de cada suerte en dos partes: una de rastrojo y otra de barbecho. Esto es esencial, porque en esta figura podemos apreciar ya una clara racionalización de la explotación agraria en favor de la sostenibilidad y de la reposición de nutrientes del suelo para el mantenimiento de su fertilidad.

Del estudio de los reglamentos

El concepto de casa abierta ha dado lugar a una reglamentación singular. Se consideraba que el vecino ostentaba esa cualidad cuando pernoctaba al menos cuatro meses consecutivos en la localidad, salvo causa de fuerza mayor. Se detallaba específicamente que “el vecino que tenga que ausentarse por necesidad del pueblo, tendrá obligación de dar cuenta a la Alcaldía del día de su salida y nuevamente del día de su regreso, y si el Ayuntamiento comprueba que ha estado más tiempo fuera que el determinado en el artículo anterior, se le privará de los derechos adquiridos salvo que la ausencia hubiera sido por enfermedad, lo que acreditará con certificados del facultativo que le hubiere prestado la asistencia”.

Una normativa más reciente de los fetosines de Bernuy data del año 2014. Desde luego, refiere como condición la mayoría actual de edad-18 años-, pero también establece que en el caso de un matrimonio o pareja de hecho de dos personas viudas, una de las dos deberá renunciar a su fetosín, para pasar a disfrutar de uno en común. Del mismo modo se actúa en el caso de dos personas solteras que contraigan matrimonio, o se establezcan como pareja de hecho, y sean adjudicatarios previamente por separado.

El concepto de casa abierta se ha actualizado a parámetros contemporáneos. Textualmente, el reglamento indica que “el domicilio principal del usufructuario o del solicitante será en el que se esté empadronado y se pernoctará en él de forma habitual durante todo el año, pudiendo faltar períodos razonables como fines de semana, viajes programados, ausencias por enfermedad o trabajo. Dichos períodos no podrán ser superiores a 30 días consecutivos. Por parte del Ayuntamiento se exigirá, cuando así lo estime oportuno, recibos de consumo de luz, teléfono, o cualquier otro documento, que justifique el uso diario del domicilio principal. Todo vecino que no resida de una manera habitual en el pueblo o se ausente más de los 30 días consecutivos anteriormente citados sin causa justificada perderá todos los derechos adquiridos. Si por necesidad se debiera ausentar por un período superior deberá comunicarlo al Ayuntamiento que será quien decida si la causa es justificada o no”.

El actual artículo 12 indica, de modo explícito, que “las suertes de tierras adjudicadas deberán ser cultivadas siguiendo el Código de Buenas Prácticas Agrarias”. Este código responde a las exigencias europeas, recogidas en la Directiva 91/676/CEE, y en el R.D. 26/1996. En él se hace referencia a la protección de las aguas contra la contaminación producida por nitratos procedentes de fuentes agrarias, un problema común en Segovia. Constituye un marco que recoge una serie de normas y prácticas a adoptar en la fertilización orgánica y mineral de los suelos, desarrollando una agricultura compatible con el medio ambiente.

Se detallan aspectos como los periodos y los modos para la adición de fertilizantes químicos, residuos ganaderos (estiércol bovino, ovino, gallinaza) u otros compuestos (compost o lodos de depuradora).

Describe los periodos óptimos de gestión de fertilizantes en función del tipo de cultivo, e incluye recomendaciones en cuanto a que los terrenos a gestionar estén completamente secos, mojados, inundados, helados o nevados.

Así, se establecen los tres balances fundamentales en el mantenimiento de la fertilidad de suelos. Esto es, los inputs de nutrientes (fijación biológica, lluvias, estiércol o fertilizantes), las reservas del suelo (nitrógeno propio de las plantas,mineral y el orgánico) y las pérdidas experimentadas (ya sea por producción o cosechas, volatilización o lixiviación).

El Reglamento señala que “cuando se produzca abandono y/o mal uso de las suertes de tierra y/o huerto por parte del adjudicatario, dará lugar a la pérdida de la suerte de fetosín del usufructuario”.

Fetosines de Mozoncillo

La adjudicación de los fetosines conlleva el disfrute de dos hojas, las cuales se cultivan alternativamente. Un año se cultiva la llamada hoja de Rodelga (en honor a la Virgen del mismo nombre, patrona local) y al siguiente año se hace lo propio con la hoja de Pradillo, dejando la otra en barbecho.

La adjudicación se produce sucesivamente por turnos, siendo el criterio el de mayor antigüedad de residencia en el municipio. A cambio, el adjudicatario paga al Ayuntamiento un canon anual, cuantificado a través de la equivalencia monetaria de especies agrarias tradicionales, del siguiente modo: cada mediasuerte (tal y como aparecen denominadas aquí) equivale a 3 fanegas de trigo (valoradas en 22,68 euros), 2,5 fanegas de cebada (valoradas en 12,47 euros), un reintegro a la contribución (4,21 euros) y una cuota a la Seguridad Social de 6,01 euros. En total, la renta anual ascendía en 2010 a 45,37 euros anuales. El impago del fetosín conllevaría la pérdida del usufructo.

Estos fetosines están formados por el aprovechamiento de las mediasuertes, de 16 obradas cada una entre sus dos hojas, y una superficie aproximada de 3 hectáreas. Se denominan Fetosines del Cuadrón, actualmente divididos en 110 lotes.

Coincidiendo con San Antón, 17 de enero, el Ayuntamiento hace pública la lista de los vecinos que optan a ellos. Es muy significativo el hecho de que muchos de los 25 primeros puestos (desde los años 20 del siglo pasado en los casos más antiguos) estén ocupados por mujeres viudas, lo cual nos enlaza con la acepción “fetosines de viudas” que en algunas investigaciones salió a la luz en lo referente a las suertes de Bernuy de Porreros.

Una figura aún de actualidad

De la importancia que el mantenimiento de los fetosines tiene para los territorios implicados dan fe algunos documentos generados en diferentes plenos municipales, como la moción del Pleno del Ayuntamiento de Mozoncillo, del 30 de septiembre de 2013, de apoyo institucional a esta figura, ante riesgos de desapariciones futuras.

Todas las evidencias recogidas en este texto permiten confirmar la importancia histórica que para la provincia de Segovia han tenido los fetosines, un elemento de gran relevancia no sólo de cara al manejo del territorio, sino también para la cohesión social y el mantenimiento de los suelos.


(*) Antropólogo Social y Cultural. Ingeniero de Montes. Profesor-tutor del Centro Asociado de la UNED en Segovia.

Para saber más:

• González Galindo, Pascual. Los Fetosines de Bernuy de Porreros. Revista de Folklore. 2014.
• Jimeno, Isabel. La Bondad del Interés. El Norte de Castilla. 20 abril 2007.
• Merino Calle, Irene. El Fetosín como Institución Jurídica Tradicional Castellana. Revista Electrónica de Direito. 2017.
• Procurador del Común de Castilla y León. Los Bienes y Aprovechamientos Comunales de Castilla y León. 2011.